www.euromundoglobal.com

La Cueva del Lobo”

El retrete: Todos sabemos como se usa por muy pocos podrían explicar su funcionamiento- (crédito foto: pixabay.com – imagen de referencia)
Ampliar
El retrete: Todos sabemos como se usa por muy pocos podrían explicar su funcionamiento- (crédito foto: pixabay.com – imagen de referencia)

Cuando el retrete pone a prueba el intelecto

Por Ignacio Vasallo
martes 23 de diciembre de 2025, 03:04h
Actualizado el: 05 de enero de 2026, 13:08h

22DIC25 – MADRID.- En un experimento en universidades estadounidenses se pidió a varios estudiantes que explicaran el funcionamiento de un retrete. Las respuestas fueron vagas e imprecisas. ¿Qué es un sifón? ¿Como se controla la presión? La mayoría no lo sabía.

Lo mismo ocurrió con la cremallera. ¿Qué hace que los dientes se enganchen entre si ¿Aunque usamos cremalleras desde niños, muy pocos pueden describir su mecanismo sin recurrir al dibujo intuitivo y la imaginación?

La conclusión de los investigadores fue clara: la mayoría desconoce el funcionamiento de los utensilios cotidianos. No es desinterés. Es simplemente parte de nuestra estructura cognitiva .

Los expertos llaman a este fenómeno ignorancia funcional. Es decir, una ignorancia práctica, que permite usar cosas sin entender sus principios. Aunque pueda parecer preocupante, esta ignorancia es —en muchos casos— necesaria para el desarrollo social y tecnológico. Cada innovación abre nuevos campos de desconocimiento. El progreso genera, inevitablemente, ignorancia.

Los usuarios de los primeros automóviles ignoraban lo que hacían sus motores. Ya en el año 1919, Max Wewer señalaba que la gente desconocía cómo funcionaba el tranvía a pesar de usarlo diariamente. Los internautas en los 90 no entendían y la mayoría sigue sin entender, los protocolos que permiten el funcionamiento de internet. Y hoy, millones de personas en todo el mundo usan la inteligencia artificial sin tener la menor idea de lo que es un LLM, o modelo de lenguaje a gran escala.

No saber cómo funciona un retrete no afecta la convivencia democrática. Pero cuando ese mismo patrón de ignorancia funcional se traslada al ámbito político y social, el resultado puede ser desastroso.

En una encuesta realizada en Europa tras la invasión rusa de Ucrania, en 2014 ,se pidió a los ciudadanos que se mostraban más partidarios de una intervención militar para expulsar a las tropas rusas, que situaran a Ucrania en el mapa. La mayoría no supo hacerlo. Algunos incluso colocaron el país a miles de kilómetros de su posición real.

Cuando esta ignorancia se une a creencias arraigadas —pero erróneas— el peligro se multiplica. Un ejemplo es la desconfianza hacia las vacunas. A pesar de décadas de evidencia científica, una parte de la población sigue convencida de que “las vacunas tienen efectos negativos en la salud “.

Este tipo de creencias no solo son resistentes a la información sino también a la lógica y a la experiencia y pueden tener efectos devastadores .

Un estudio publicado en la revista Nature Human Behaviour en 2021 concluyó que las personas menos informadas son, a menudo, las más seguras en sus opiniones políticas. El fenómeno tiene que ver con el sesgo de confirmación: buscamos información que refuerce lo que ya creemos y evitamos la que lo contradice.

Este patrón ha sido clave en el ascenso de líderes populistas como Donald Trump, cuya base de apoyo se construyó sobre afirmaciones emocionales, simples y falsas, amplificadas por las redes sociales . En Europa, hemos visto cómo esta lógica se ha replicado en partidos que basan su discurso en el miedo, la identidad y el rechazo al conocimiento .

La pérdida de influencia de los medios tradicionales ha contribuido a esta desconexión entre conocimiento y realidad. Las redes sociales favorecen los mensajes cortos, simplificados, emocionales. La complejidad queda fuera del algoritmo. Y los partidos históricos, que antes educaban políticamente a sus militantes, han perdido buena parte de su capacidad formativa.

Vivimos con una paradoja : tenemos más acceso a información que nunca, pero también mayor ignorancia sobre lo esencial. La solución no pasa por exigir que todos sean expertos. Eso sería elitista, injusto y poco práctico. Tampoco se trata de ridiculizar al que no sabe.

Lo que necesitamos es una cultura de humildad intelectual. Saber que no sabemos, según el modelo socrático. La curiosidad es mucho más poderosa que la arrogancia. Si reconocemos nuestros límites, podemos entender mejor el mundo —y mejorar nuestras decisiones.

Un inodoro puede funcionar sin que sepamos como lo hace. Pero una democracia no. Las decisiones políticas exigen información y contexto. No podemos seguir creyendo que basta con tener algún conocimiento sobre el asunto en cuestión. No basta. Y cada vez que confundimos familiaridad con conocimiento, estamos un paso más cerca de equivocarnos.

Así que la próxima vez que subamos una cremallera o tiremos de la cadena, tenemos que recordar que incluso los gestos más simples pueden esconder mecanismos complejos. En política tenemos más acceso a la información, pero menos humildad intelectual, con la consecuencia de que decisiones importantes se toman con la misma ligereza con la que tiramos de la cadena.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios
Portada | Hemeroteca | Índice temático | Sitemap News | Búsquedas | [ RSS - XML ] | Política de privacidad y cookies | Aviso Legal
EURO MUNDO GLOBAL
C/ Piedras Vivas, 1 Bajo, 28692.Villafranca del Castillo, Madrid - España :: Tlf. 91 815 46 69 Contacto
EMGCibeles.net, Soluciones Web, Gestor de Contenidos, Especializados en medios de comunicación.EditMaker 7.8