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Opinión: “Mi Pequeño Manhattan...”

Los zapatos de Ángel

Por Germán Ubillos Orsolich
martes 29 de noviembre de 2022, 23:24h

29NOV22 – MADRID.- Mi mujer hace poco ha dejado en el hall de mi casa, junto a la puerta, unos zapatos negros que eran de Ángel, mi cuñado. Son zapatos de calidad, tipo mocasines y en muy buen estado de uso; pueden imaginar ustedes lectores el efecto que me han hecho.

Ángel murió hace ya bastantes años viajando en su automóvil de Riaza a Villacorta, de noche y en invierno. Ángel era maravilloso; un ser encantador; el más amable, servicial y completo de los tres yernos de mi suegra.

Estaba en su plenitud personal y profesional cuando tuvo el accidente de tan nefasto recuerdo. La noticia nos la dieron de noche y por teléfono, menos mal que yo estaba en la cama, porque si llego a estar de pie habría caído redondo al suelo de la impresión.

Ángel fue inhumado en un nicho en el cementerio de Riaza, tras una misa “in corpore in sepulto” en la iglesia parroquial de dicha población. Días antes le había llevado yo en mi propio coche, un Renault cinco, hasta Madrid. Me iba contando lo enamorado que estaba de su mujer – hermana de la mía –, por sus ojos verdes y preciosos.

El efecto de lo ocurrido aquella noche aciaga fue y será siempre inolvidable. Conduje, al amanecer de aquel siguiente día, a mi suegra, sentada delante a mi lado, y a mi mujer, detrás, en el Renault hasta Riaza.

Han pasado muchos años, su hija era entonces apenas una niña, una joven adolescente, y ahora es madre ya de una niña y de un niño. Se emparejó con José, el nieto más querido de los Jorros, acaudalados farmacéuticos que poseían una mansión con enorme jardín y rodeada de una verja de piedra a modo de muralla. Su casa era un misterio, nunca la visité y no por falta de ganas.

Yo fui muy amigo de sus tíos, los tíos de José, que tenían una vasta cultura y una biblioteca de cientos de volúmenes, en su mansión. Sabían de todo, y de teatro no digamos.

No hace falta que os diga queridos lectores lo que reflexioné a partir de aquel día, y lo hice sencillamente porque mi principal ocupación a lo largo de mi ya dilatada existencia ha sido la de reflexionar; sí, más incluso que la de escribir.

Más allá de lo que llamamos la muerte, la vida continúa solo que transformada. Se trata de viajar con todo al Más Allá, como dice la gente desde que tengo uso de razón, la gente vulgar, el vulgo como diría Ortega. Es otra dimensión.

Siempre ha creído en la otra vida, en otro mundo, el que se denomina más allá de esta vida. Yo la definiría como “El Mundo de lo Invisible”, sencillamente porque no acertamos a verlo con los ojos del cuerpo, pero lo intuimos con los ojos de alma; porque el alma, nuestra alma o hálito es también invisible y es inmortal, como la denominan Lope de Vega, Cervantes, Quevedo y Calderón.

El “Mundo de lo Invisible” está habitado por los ángeles, por los santos, por Dios en su trinidad, y también por todos nuestros ancestros, que han marchado hacia él un poco antes que nosotros.

El “Mundo de lo Invisible”, es el definitivo porque nunca muere; es poderosísimo, inmenso y muy cercano, no está en el cielo azul ni tonterías, tampoco en algún lejano paraje; se trata como digo de otra dimensión, y ha sido el creador del mundo de lo visible el que lo habita y en que ahora están todos ellos; mis queridos lectores.

Cuando Ángel se ausentó yo me estremecí y me entristecí muy hondamente por él, por su destino; sin embargo mi esposa que es muy lista se lamentaba por las personas que dejaba tras de sí, especialmente por su mujer y por su hija.

Siempre me ha chocado el talento de mi esposa, de sangre segoviana, de Villacorta y el Muyo.

Y bien, Ángel después de tantos años que habrán pasado, ya sé que no ha muerto, está en el paraíso, en el “Mundo de lo Invisible”, con todas sus virtudes y su talento y su bondad.

¿Qué ocurre por lo tanto?. Entre otras cosas nos protege, nos sugiere a nosotros, a su mujer y a su hija; pues los que se han marchado han de tener bastante paciencia. Esto teológicamente lo explica muy bien la “teoría del ánima separata”.

Por eso al ver sus zapatos negros, lustrosos, tipo mocasín, ahí, al lado de la puerta en el hall de mi casa, se me parte el alma y me acuerdo intensamente de él, tal y como si le estuviera viendo.

Germán Ubillos Orsolich

Germán Ubillos Orsolich es Premio Nacional de Teatro, dramaturgo, ensayista, novelista y escritor.

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