Los primeros dirigentes de las nuevas repúblicas fueron, en su mayoría, criollos, descendientes de españoles nacidos en América. Simón Bolívar y José de San Martin son los ejemplos más conocidos. Aquellas élites compartían apellidos, formación y códigos culturales con la antigua metrópoli. La ruptura fue política, no identitaria. Durante décadas, la idea de un espacio común hispano siguió viva.
Ese mundo empezó a cambiar a comienzos del siglo XX. Una nueva ola de inmigración llegó a América . Italianos, españoles, alemanes, croatas, judíos del este de Europa y también inmigrantes del mundo árabe —especialmente libaneses y palestinos— se instalaron en países que ofrecían oportunidades . Con el paso del tiempo sus descendientes escalaron posiciones económicas, sociales y, finalmente, políticas.
Un siglo después, hijos y nietos de aquellos inmigrantes ocupan hoy muchas presidencias hispanoamericanas. Algunos presidentes solo de segunda generación.
Luis Abinader, presidente de la República Dominicana, procede de una familia de origen libanés, como el recién elegido Nasry Asfura en Honduras, mientras que Nayib Bukele, presidente de El Salvador, es hijo de inmigrantes palestinos . José Raul Mulino de Panama es de origen italiano, como tambien lo son Javier Milei, de Argentina, Yamandú Orsi de Uruguay y Gustavo Petro de Colombia
En Chile, Gabriel Boric es de origen croata y el recientemente elegido José Antonio Kast es hijo de inmigrantes alemanes llegados en los años cincuenta desde Baviera.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum es de origen judío askenazí, con antepasados procedentes de Lituania y Bulgaria. En Peru, José Jeri es mestizo, como lo son Ortega en Nicaragua y Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela.
Solo Bolivia, Ecuador, Paraguay, Guatemala, Costa Rica y Cuba, —tienen hoy presidentes de origen español.
Hay otros datos que invitan a la reflexión. Solo dos mujeres gobiernan actualmente en países latinoamericanos: México y Venezuela. No hay ningún presidente indígena, pese a que millones de ciudadanos lo son. Desde la independencia, el número de mujeres e indígenas que han alcanzado la jefatura del Estado ha sido mínimo, una anomalía persistente en democracias que se definen como representativas.
Lo más llamativo es la velocidad del cambio. En apenas cien años, dirigentes de origen europeo o mediterráneo reciente han ganado elecciones en países de esa región. Estos políticos ya no mantienen lazos familiares, emocionales ni simbólicos con España. No conservan parientes ni referencias personales, como todavía ocurría en el siglo XX con figuras como Fidel Castro. Sin esos lazos ya no miran hacia España sino hacia los Estados Unidos que cada día ejerce mayor influencia en su” patio trasero”, algo que Trump está orgulloso de exhibir con su doctrina Donroe, más agresiva, aún que la original del presidente James Monroe, que ,bajo la presentación de que America debía ser para los americanos, ocultaba la realidad de que era para los americanos de Estados Unidos, como nos ha demostrado la historia.
Hoy, los principales vínculos entre España y la América Hispana son la lengua y los relacionados con los residentes americanos en España, nacionalizados o en proceso de hacerlo. Lazos poderosos, pero que, en el segundo caso, afectan a una mínima parte de la población de aquellos paises. Casi 4 millones de hispanoamericanos viven y trabajan en España, aunque relacionándose primordialmente con sus connacionales .Más de la mitad tiene pasaporte español. Esta cifra crecerá notablemente por el aumento de nacionalizaciones de los descendientes de exiliados republicanos, por la ley de memoria democrática del año 2022. Casi dos millones y medio de personas han iniciado los trámites de solicitud.
Su influencia política en sus paises de origen es escasa , con una sola excepción , pero creciente en España , sobre todo en alguna comunidad autónoma como Madrid donde residen muchos de ellos, entre los que hay que destacar a los venezolanos que si ejercen su influencia en la política local. Las tornas han cambiado ;si antes era España la que ejercía influencia en America ahora es al revés
Tambien nos unía la religión común, pero la fe evangélica se está extendiendo rápidamente entre la población mestiza que es la predominante entre los que viven aquí .
Si esta tendencia continúa, la “Madre Patria” quedará definitivamente como una categoría histórica. Útil para entender el pasado, pero cada vez menos válida para explicar el presente . España seguirá siendo un socio, un inversor , un lugar de acogida y un referente cultural, pero ya no un punto de referencia emocional. La historia común permanece; la política, claramente, ha seguido otro camino.