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Opinión: “Mi Pequeño Manhattan….”

Reflexiones pasada la Navidad

Por Germán Ubillos Orsolich
martes 11 de enero de 2022, 02:03h

10ENE22 – MADRID.- Me cuesta digerir la Navidad, cada vez más, el espíritu de lo agrado se lo va tragando el ateísmo reinante y el materialismo voraz, pero todavía me quedan agallas para afirmarles que Jesús, aquel chico del pueblo de Nazaret, sigue y seguirá siendo por muchos años uno de los hitos más importantes de la historia.

Unos dicen que era el hijo de un carpintero (¡qué historia!), otros que de una mujer sencilla y hermosa llamada María; los más que fue un héroe, un visionario y un santo que acabó clavado en una cruz; y hasta los hay que afirman la locura de que era el Hijo de Dios mismo, Dios hecho carne mortal con el objetivo de perdonar nuestras limitaciones y conducirnos a un lugar espiritual, maravilloso e invisible llamado el paraíso, donde él reina, donde es el rey del “Mundo de lo Invisible”.

Toda esta amalgama de cosas, de datos y de historias se multiplican con la aparición en la historia de un tal Martín Lutero que asustado ante la inmoralidad reinante en Roma, con papas con amantes, hijos espurios, prostíbulos mezclados con los clérigos más santos, sin contar los papas poseedores de tierras, ganados y soldados, decidió apartarse de ellos y declarar un movimiento que afirma con rotundidad que lo importante es la fe, no los pecados: “Cree mucho y peca más”.

Realmente este pensamiento liberador y genial nos quitaba la angustia insoportable de los pecados inevitables que, si no te confesabas con unos clérigos tan pecadores o más que tú, podías terminar con tus huesos en el infierno.

Lutero, Calvino, Zuinglio, fueron clérigos - pensadores que metieron en cintura a los papas y liberaron a los fieles de los diezmos y primicias, así como de las bulas papales que Roma imponía a los sufridos y culpabilizados fieles, por no decir súbditos.

Además por fin mi hija podría ser sacerdotisa sin sufrir limitaciones ni otras tristezas y vejaciones.

¿Sigue Roma empecinada en imponer esos tributos, esas cargas y otras semejantes?. Pues claro que sí, lo que pasa es que ya nadie les hace ni puto caso, y perdonen la palabreja que Camilo José Cela la utilizaba con prontitud y enorme placer.

Bien. Nikos Kazantzakis, escritor griego muy conocido en el Asia Menor hasta el punto que el aeropuerto de Atenas lleve su nombre, escribió la narración titulada “La última tentación de Cristo”. Se refería a la tentación terrible que pudo tener en el Calvario, de liberarse a la cruz, una vez superadas las que el diablo sometió en el desierto al santo de los santos.

Por cierto, no he visto en la tele cosa más sobrecogedora, tremebunda y escandalosa que la Pascua militar, en la iglesia catedralicia que posee el ejército cercana a la calle Mayor y al Consejo de Estado de la capital de España.

Visto en su grandeza y majestad por un pobre hombre como yo, impedido, minusválido y viejo, esos espectáculos de poder, de fuerza, de lujo y magnificencia deberían de estar prohibidos. Comprendo el auge del socialismo, del actual presidente de Gobierno y de todas sus ministras y ministros.

Lo que queda de estas reflexiones es que si hay un Dios, es un Dios misericordioso (todos los teólogos y filósofos se han devanado los sesos en averiguar su naturaleza con resultados bien inútiles), porque en la Pascua Militar, con presencia de los representantes de los tres ejércitos de Tierra, Mar y Aire, se celebra la Justicia de un Dios justiciero, la de Jehová del Antiguo Testamento, el Dios de las batallas que hace justicia y corta las cabezas de sus enemigos pecadores, para arrojarlas así a la Gehena.

No, para recuperar el sentido de lo sagrado y la posibilidad de nuestra salvación en esta vida de sufrimientos sin cuento, que es la vida presente, sino presentándose como Señor del Universo cubierto entre pañales, tiritando de frio en un angosto pesebre destinado a las bestias, bajo un cielo estrellado rodeado de pastores, de tres reyes o magos venidos del lejano oriente con el fin de adorarle (oro, incienso y mirra), allí en Judea, donde raramente llega a nevar por estas fechas finales del año litúrgico, el único verdadero a la hora de contabilizar los siglos, las horas y los milenios.

Germán Ubillos Orsolich

Germán Ubillos Orsolich es Premio Nacional de Teatro, dramaturgo, ensayista, novelista y escritor.

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