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Opinión:”Es Mi Sentir...”

La represión de la dictadura de Pinochet fue sangrienta e implacable
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La represión de la dictadura de Pinochet fue sangrienta e implacable

Condolencias

  • Por Geral Aci

viernes 10 de septiembre de 2021, 01:57h

10SEP21 – MADRID.- Cada año, cada mes y cada vez que escucho un avión surcar el cielo, me lleno de recuerdos e imágenes dantescas, que por mucho que se cuenten, se escriban y se publiquen es difícil hacerse a la idea de que esos recuerdos fueron una brutal realidad. Me refiero al mes de septiembre y al día 11. No puedo precisar una hora porque fue una tragedia que duró un largo tiempo, que podría decir décadas y que cuando ocurrió ya estaba planeada desde hacía muchos años.

No soy creyente de ninguna secta religiosa, me considero una persona culta. Pero si creo en coincidencias o casualidades, y en este mes y en este día tan doloroso para nosotros, ocurrió una desgracia en la ciudad de Nueva York en los Estados Unidos de Norte América. Ocasionó miles de muertos, desaparecidos y heridos, además de cuantiosos destrozos materiales. Al comienzo se escucharon miles de explicaciones, razones y también posibles culpables, todo el mundo tenía la razón, incluso uno de los tres chiflados que formó parte de los responsables del genocidio en Irak dijo que la culpable era ETA. También los periódicos de todo el mundo que en su mayoría son amarillentos, falsos y mentirosos, hablaron de ataque a la “democracia más respetuosa del mundo” “a la cuna de la libertad” y bautizaron a las víctimas como “pobre gente” sin entrar a nombrar a los verdaderos culpables. Yo creo que todo el mundo conoce a los culpables, pero no dicen la verdad porque se podría comparar con una historia ocurrida en mi pueblo. La gente estaba atemorizada, porque un perro con síntomas de padecer la rabia asustaba a todos, hasta que un día colgaron al perro de un árbol, podría ser un final feliz, pero aparecieron los piadosos creyentes de siempre hablando de un “pobre perrito” sin querer comprender que matando al perro se terminó la rabia.

Hoy quiero enviar a través de éste periódico, mis condolencias a los familiares, amigos y conocidos de las víctimas de la tragedia en la desaparición de las Torres Gemelas, ocurrida un día como hoy 11 de septiembre, repito, en la ciudad de Nueva York. También, aprovechando la ocasión y el espíritu solidario del periódico, quería preguntar a esos familiares, amigos y conocidos de las víctimas, a los periódicos del mundo, a las instituciones religiosas, a alguna de las miles de ong (algunas oscuras) que existen en planeta si alguno de ellos envió o enviará condolencias en el día de hoy por los 30.000 asesinados en Chile, los 20.000 torturados, las 15.000 mujeres mal tratadas y violadas, a los cerca de 70.000 huérfanos y a los 100.000 exiliados, que originaron los militares, y sus secuaces en el mundo sin ninguna justificación. El motivo solo uno que se hace notar con letras mayúsculas, la ignorancia de los militares de esa época. No aceptaron, aconsejados y pagados por las multinacionales norteamericanas, y por el criminal de turno llamado Richard Nixon que a su vez contó con la complicidad con un sanguinario demonio de

nombre Henry Kissinguer galardonado por la academia sueca nada más y nada menos con un premio Nobel de la “paz” desde entonces esta academia perdió credibilidad y respeto.

Hubo diferencia entre una tragedia y un genocidio. En las Torres Gemelas a ninguna mujer le abrieron las piernas a la fuerza y le introdujeron una rata viva por la vagina, nadie le quemó los pezones con un cigarrillo, nadie orinó sobre su rostro, nadie formó parte de una fila de hombres que esperaban para violarla. En Chile si.

A los hombres detenidos por pensar diferente, les introducían un tuvo de hierro por el culo y después vertían agua hirviendo, les ponían cables eléctricos en los testículos, perros policiales adiestrados los violaban, les arrancaban la dentadura y las uñas con un alicate y les quemaban las pestañas, eso no ocurrió con los hombres en las Torres Gemelas. En Chile si.

En las Torres Gemelas nadie robó nada, nadie destrozó muebles en hogares modestos buscando lo que fuera de valor, nadie buscó en los bolsillos de los cadáveres de hombres y mujeres buscando dinero, arrancando relojes y joyas, nadie cercenó las manos de un cuerpo inerte para poder sacar un anillo o una sortija. En las Torres Gemelas nadie se comportó como hiena hambrienta, como buitre después de una batalla. En Chile si.

Las autoridades norteamericanas, financiaron este genocidio, instruyeron a los torturadores, como ya lo habían hecho en Viet-Nam, en Guatemala, en Panamá, en Afganistán, en Japón y Corea. Contaron como siempre con la complicidad del Vaticano y las sectas religiosas de Chile, no todas, solo con el ala derechista y corrupta formada por pederastas y vagos que inventaban e inventan milagros para vivir sin trabajar. También contaron con el dinero de las multinacionales, con la traición de gobiernos “amigos” de América Latina, especialmente con los serviles lacayos del gobierno brasileño de esos años.

Aun pasados los años muchos deambulamos por Europa y otros continentes, la gente nos respeta, la ley es igual para todos, vivimos en libertad y podemos pensar y opinar sin que nos torturen. Pero lo triste, es que ésta no es nuestra tierra, no están los barrios de la infancia, los amigos, el olor de nuestras comidas, o el acento tan nuestro. Aun tenemos en los ojos lagrimas que en su día no pudimos derramar ante la muerte de un ser querido porque no era “recomendable” volver a la tierra que nos vio nacer. Muchos tenemos en la memoria cadáveres en las calles, y con un caminar rápido no podíamos mirar ni cubrir con un periódico, porque entonces éramos comunista, y la sentencia era el rugir de los fusiles y la sangre escapando del pecho.

Qué puede hacer un pueblo cuando el día 10 de septiembre del año 1973 los parques están llenos de niños, en el aire flota la fiesta de la independencia, se tararea el baile nacional, y los guisos nuestros perfuman las calles, pero al día siguiente y durante meses y años, nos encontramos con miles de huérfanos, de amigos y vecinos desaparecidos, con hermanas, novias y amigas violadas y asesinadas. Con prohibición de salir a caminar por nuestras calles, de ayudar a los niños abandonados en viviendas donde ya no estaban los padres.

He visto con asco y odio el anuncio de una cadena de televisión que antes admiraba, donde anuncian un “extraordinario” programa en recuerdo de las Torres Gemelas, dicen a bombo y platillo “el acontecimiento que cambió el mundo” hipócritas y corruptos, creo que la financiación del programa se paga en dolares.

Pero no es tarde, si alguien emparentado con alguna víctima de las Torres Gemelas quiere enviar condolencias, aun puede hacerlo, así por lo menos podemos solidarizarnos y agradecer a una familia de ese país con autoridades terroríficas, criminales y prepotentes que salieron huyendo cobardemente de Viet-Nam y ahora de Afganistán.

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