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Opinión: “Es Mi Sentir...”

Triste derrota
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Triste derrota

Por Geral Aci

martes 13 de octubre de 2020, 19:56h

13OCT20 – MADRID.- He sido derrotado, vencido y podría decir humillado. Mi retrato es el siguiente, soy una persona de pocos recursos económicos, no digo de escasos porque mucha gente podría enviar todo tipo de ayuda al periódico y peligraría mi columna. Me gusta escribir mis vivencias y contar mi forma de pensar, respetando a todos aquellos que piensen en forma distinta, pero ahora me han obligado a actuar en contra de mi forma de pensar.

Vivo de una pensión. Cuando la solicité, argumentando mi edad y mi desfavorecida existencia, me la aprobaron en muy poco tiempo, me pidieron un número de cuenta de algún banco para domiciliar esta pensión. Y lo hice en una institución bancaria que antes tenía otro nombre, pero un día salió a la luz que los directivos de la misma se la robaron, o digamos se robaron el dinero de miles de clientes, entonces muy bien aconsejados le cambiaron nombre, para “limpiar” la idea que tenemos muchos sobre los bancos o que la gente se olvidara de la fechoría cometida y de quién la había cometido. Yo recordé un caso curioso; un señor que tenía una empresa y pagaba salarios de hambre, no pagaba las horas extras y era “simpático” con algunas obreras, la gente le conocía como “el perro Martín”, una persona totalmente desprestigiada, y odiada.

Entonces a instancia de la familia se cambió de nombre, para que la gente se olvidara de sus abusos, se puso Ramón, desde entonces la gente le conoce como “el perro Ramón” es decir, un ladrón puede comprar jueces, periodistas, canales de televisión y ser miembro de un partido político, pero nunca dejará de ser un ladrón. Cuento esto porque al descubrirse que la habían robado, además de cambiarle el nombre, decidieron con la colaboración del ladrón, poner una denuncia y lo denunciaron, lógicamente que los jueces ya sabían la “movida” y también los abogados, le dijeron; Estarás un tiempito en la cárcel, pero te atenderán mejor que en tu casa y saldrás libre, el ladrón aceptó, pero pidió revisar las cuentas y se las presentaron; -Rodrigo, robaste 500 millones de euros, le restamos; 10 para el abogado, 10 para el que dirige el penal y que te permitirá la visita de amigas íntimas, 10 para los periodistas amarillentos, 10 para los programas basura de la tele, 20 para los jueces, total 60 millones, “nos” quedan 440, como somos 10 los consejeros nos tocan a cada uno 44 millones y el ladrón lo dio por aprobado. Así funciona el sistema.

Bueno, lo que les contaba, me llegó una carta del banco con nuevo nombre, y me sentí contento, que un banco me escribiera era para sentirme importante, es más, abrí la carta con mucho cuidado, no quería romper el sobre, como no tengo nada, esa carta me pareció un buen legado para ponerlo en mi testamento. Me senté en la cama, ya que no tengo sofás y las sillas son viejas y duras, leer esa carta merecía lo mejor. En la misiva me comunicaban que debía usar la tarjeta por lo menos una vez al mes, si no la usaba me multarían, es decir me robarían algo de mi humilde pensión. La verdad no comprendí el mensaje. Pensé usar la carta de papel higiénico, pero tenía mucho gramaje y más que limpiarme, me haría daño. Me fui rápido al banco nuevo, ex banco robado, para hacer las averiguaciones.

Había una larga fila, y como hay que mantener una distancia, el último de la fila que daba la vuelta a la manzana, estaba junto al que estaba primero, era algo cómico, pero nadie reía. Fueron dos horas y media, el tiempo que perdí para poder entrar, le dije al que me dio un líquido para las manos; ¡más de dos horas! -Comprenda señor, la situación actual, no podemos hacer nada, estamos colapsados.- Le respondí, si atendieran por la tarde, por lo menos a los que tenemos más de 65 años, todo se solucionaría.- Si dijo, pero eso lo deciden los de arriba y no creo que quieran contratar a más gente.- Seguro que ganan muy poco, le agregué.

Con voz de cliente un poco indignado, le dije al hombre que me atendió; -Por favor me puede decir que significa esta carta. El hombre me miró sobre las gafas caídas que embellecían su rostro e imaginé que pensaba, ¡Jo! Me tocan los clientes mas menesterosos.- Señor; esta carta le dice que tiene que usar su tarjeta por lo menos una vez al mes, si no lo hace le roba...... perdón le descontaremos 6 euros cada mes. Cuando pidió perdón por haberse equivocado yo pensé; éste seguro que hace muchos años que trabaja aquí, ya se ha familiarizado con los términos que usan los jefes. Repliqué; ¡yo no tengo tarjeta! Preguntó; ¿no tiene tarjeta? Entonces sacó unos papeles, me hizo firmar, me pidió que pensara un número secreto, como si yo fuera James Bond, yo lo pensé y lo escribí, me sonrió, quizás pensando.- Otro que cae.- dijo, en estos días le llegará a su casa.-

Al salir de la sucursal bancaria, un señor se acercó y me dijo; yo pasé por lo mismo, y cuando protesté me dijeron que me cambiara a otro banco, pero ¡cómo hacerlo! si todos hacen lo mismo y cuando consulté si podía retirar mi dinero de la pensión por otro conducto me

recordé que hace años en todo el mundo, quizás ahora solo en América y tal vez África, el terrateniente cuando sabía que una muchacha cumplía 15 años se la pedía al campesino para que “trabajara” en su mansión, si el campesino se negaba perdía trabajo, casa y un lugar donde criar los hijos, tenía que aceptar, porque las autoridades miraban a otro lado, igual que ahora.

Volví tranquilo a mi humilde piso, pensando que me había quitado un problema de encima. Correos tarda, pero funciona bien, seguro que pasará un mes, pensé. Pero no, pasaron escasos ¡dos días! y llegó la misteriosa tarjeta del banco. Entonces nació en mi otra curiosidad, cuando necesité atención médica me citaron por correo después de tres meses para avisarme que dentro de 10 meses a una hora determinada sería atendido, salvo que robara bancos, entonces me podría atender con la sanidad privada y tardan pocas horas en hacerlo. Una amiga lleva cuatro años esperando le avisen sobre su solicitud de nacionalidad y ahora se escudan en que, -con esto de la pandemia, estamos a tope, ya le llamaremos.

Un amigo despedido injustamente del trabajo lleva un año esperando se celebre el juicio. Mientras acude a todos los sitios donde le dan arroz, aceite y fideos, es que él, no ha robado ningún banco. Pero cuando se trata de robarte lo que sea, todo funciona muy rápido, sin preocuparse de los virus. Miré la tarjeta y no le encontré sentido, pero la dejé encima de la mesa.

Como mi saldo siempre es minúsculo, sé de memoria cuantos euritos me quedan, pero al actualizar mi libreta, me faltaban doce euros, lo pregunté al cajero y me dijo; ha sido multado por no usar la tarjeta. Como quien dice; si no hace lo que le “recomendamos”, domicilie su pensión en otro banco, y como son todos iguales, tuve que callar. Creo que por vender marihuana no multan, es un delito menor.

Yo jamas pensé usar una tarjeta, por dos razones, primero porque creo que los bancos, puedo estar equivocado, son usureros y ladrones. Nunca un partido político les ha impedido robar, según dicen, los bancos financian las campañas publicitarios de los partidos, más claro, echarle agua. Siempre pagué mi escaso consumo con dinero. Yo no podía ser parte de un sistema corrupto, abusador, que roba impunemente a la clase trabajadora. Yo jamas sería parte de lo que criticaba.

Recuerdo cuando hacía fila para pagar en el supermercado, escuchaba a la esclavizada cajera dirigiéndose a un cliente; ¿con tarje o metálico? Algunas personas levantaban la voz; ¡con tarjeta! Como queriendo llamar la atención de que usar tarjeta es pertenecer a un escalón alto entre los consumidores, pero también me daba cuenta que compraban menos que lo yo tenía que pagar. Y me reía; pobre gente, si supieran cuanto les roban, al obligarlos a consumir. Con la tarjeta en la mano, pregunté a la cajera; ¿señorita, los ladrones me obligan a usar la tarjeta y no sé cómo se usa, porque es la primera vez, me puede ayudar? La chica miró la fila, miró la tarjeta y me miró a mi y me dijo algo así como ; ¿Es débito, crédito? No supe que responder. Mientras los de la fila me miraban algunos con lástima, otros rogando a los virus que me llevaran, porque les quitaba tiempo. La chica me dijo, haga la compra, yo le ayudo. Compré algunas cosas que no necesitaba, porque pensé como llevar una barra de pan y pagar los 37 céntimos con la tarjeta? Cuando estuve frente a ella, sumó el gasto y me dijo; ¿sabe el pin? ¿Qué? Pregunté. -El número secreto, la clave suya para entrar en la cuenta, y comprendí, se lo quise dar pero me dijo, ¡no! Eso es secreto, marque aquí los números y me pasó la maquinita. Al fin ya sabía como se usaba.

Regresé a mi casa, muy triste, me habían derrotado, me habían humillado. Había hecho algo por primera vez en mi vida, habiendo jurado siempre que nunca lo haría. Yo era cómplice de los ladrones, yo que toda mi vida critiqué algo abusivo e injusto, ahora me valí de ellos para comprar mi barra de pan y para evitar que me roben seis euros cada mes.

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