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Opinión: “Mi Pequeño Manhattan...”

Una pizca de alegría

miércoles 18 de marzo de 2020, 23:54h

18MAR20 – MADRID.- Mi querido párroco que sigue con fruición mis comentarios y reflexiones que vierto en la prensa me pide “un poco de alegría” en la seguridad que - según él- me da la fe.

Lo primero que le envío desde aquí es un fuerte abrazo mientras enjugo una lágrima esquiva, pues no merezco los comentarios de mi párroco yo que soy un pobre hombre y un pecador.

Pero ya que se pone así voy a deciros lectores que nos vamos a salvar y lo vamos a hacer por ese coro de monjas y monjes contemplativos perdidos por esos conventos y monasterios de trapas que no dejan de rezar por nosotros, esas “potencias espirituales” que no dejan que este planeta azul se pierda en el recuerdo de la nada.

Los que desde el silencio solo piden perdón, la palaba clave, por todos nosotros, hombres y mujeres actuales tan orgullosos y poseídos de nosotros mismos. Por esas feministas y por estos machistas que por no ser nada, sino barro, polvo del polvo, llamados a ser polvo en cuanto se despistan.

Las hijas de Teresa y de San Juan de la Cruz rezan y rezan por nosotros y no hacen otra cosa, llevan siglos implorando el perdón del Padre que titubea, como todo buen padre, al ver como un pobre escritor, por ejemplo, –hombre de poca fe– ha perdido el humor y solo cuenta cosas tristes, tristes pensamientos tristes, y esto no es un juego de palabas.

Solo, Francisco, párroco querido aguantas mis neuras depresivas como las tenían Juan Ramón Jiménez, mi amigo Gironella, el gran Miguel Delibes, que tantas veces mereció el nobel, o Virginia Wolf.

La clave es el perdón, esa palaba cabalística difícil de conceder pero más aún de solicitar, dado nuestro orgullo desmedido, individualismo acérrimo y proverbial narcisismo.

Bien, la pizca de sal que le faltan a mis guisos literarios tantas veces más tristes que la tana, entra dentro de la línea de la iconografía patria, de la escultura, de la pintura, que ya es decir, impropia de una persona que lo ha recibido todo o casi todo, incluyendo la fe, “fuente de alegría”.

He de comentaros, lectores y lectoras que para salir de este atolladero es preciso volver los ojos al pasado, a cierto pasado, a la vida familiar, al sano esparcimiento, a la fe de la infancia, a la asistencia al culto, a reconocer que literariamente la palabra o el sustantivo hombre significaba ambas cosas, ambos géneros, de idénticas categorías, inteligencias y dignidad, lo otro es desfigurar y dañar la realidad tal como fue hecha fue hecha, y no olvidemos que la Tierra, Gaia, el planeta, nuestra casa en el espacio tiene sus exigencias y sus costumbres, y si es cierto que somos la corona de lo creado, del mundo de lo visible, no otorguemos ese apelativo, ese título a quienes precisamente nos quieren destruir.

Germán Ubillos Orsolich

Germán Ubillos Orsolich es Premio Nacional de Teatro, dramaturgo, ensayista, novelista y escritor.

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