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En brazos de un ángel

En brazos de un ángel

Por Primavera silva Monge – desde Santiago de Chile

martes 04 de octubre de 2016, 01:28h

04OCT-16.- Hace como dos años, iba en mi bicicleta por una ciclovía de dos direcciones. Justo en el cruce, una gran camioneta al frente y yo por acá, esperábamos la pasada de un bus. El chofer del bus nos hizo señas para que pasáramos y lo hicimos. Al cruzarnos, la camioneta cuyo motor tenía más caballos de fuerza que mi bici, pasó muy rápido y me dejó como desnuda tras la desaparición de un biombo, frente a frente con la muerte.

En brazos de un ángel

El chofer del otro bus, que sin comprender la parada de su colega, salió acelerado detrás de él y se encontró con esta mujercilla sobre una escuálida bicicleta. Cuando vi al bus con velocidad a menos de un metro sobre mi humanidad toda, sólo atiné a pensar: "upsss, así es la cosa" y me entregué al destino. No había nada que hacer. No sentí miedo ni nada que me atormentara. Era como un fin de juego y nada más. Ni siquiera tuve un atisbo de frustración o pensamiento negativo.

Fue como investigar lo que sienten las personas antes de morir en un accidente: Todo se hizo muuuuyyyy leeeeennnnnnntoooooo y silencioso. Luego, volví en mí, con los sonidos del ambiente, con mi bici a un lado y sin ni un sólo rasguño... Un poco de vergüenza sentí ante los ojos de la gente que me miraba y me retiré del lugar casi con la cabeza gacha. Al otro día, como firma a mi relato, me amaneció un ojo morado sin tener zona de dolor alguna.

Fue una extraña experiencia, que me hizo andar preguntando a diario y durante mucho tiempo, si acaso aún estaba viva. Pedía con mucha discreción, ciertas claves para reconocer que aún estaba en este mundo y encarnada en mi mismo pellejo. Pasé meses manteniéndome en la duda, hasta que comencé a notar los placeres del cuerpo (no sean bien pensados) como el viento cálido en la cara al dirigirme al trabajo, la tibieza de la ducha en mi piel, los besos y abrazos de mi marido, los aromas, el verde de los prados, el sabor de la comida... de más comida y muuuucha comida.... ahí recién descubrí que aún estaba viva y pecando. Mis sentidos estaban funcionando a toda máquina. No me quedé siendo una persona distinta ni nada de eso que cuenta la gente. Quizás sea porque ya me he salvado varias veces de morir, así que mi vida ya no experimenta grandes cambios tras cada reseteado.

Ahora bien, investigando acerca del caso, me he topado con un video chino, que de manera muy similar refleja mi propia experiencia y así me he atrevido a compartir esta linda vivencia personal. Por otra parte, si el video chino es de verdad como creo yo o de mentira como aseguran algunos es lo de menos. Aún no han tenido la dicha de experimentar esta maravilla de estar en los brazos de un ángel.

El impacto ha sido tan increíblemente fuerte, que si un genio de la lámpara me otorgara la realización de un deseo, creo que tras constatar que no se puede erradicar la maldad del mundo y si acaso se tratara de la concesión de un deseo superficial y llamativo tipo farándula, egoístamente elegiría poder ver el video de esa parte de mi vida de cuando ocurrió este hecho.

04 de octubre de 2016 - Primavera Silva Monge – desde Santiago de Chile

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