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Opinión: “Mi Pequeño Manhattan…”

España como problema (y II)

Por Germán Ubillos Orsolich (*)

jueves 22 de septiembre de 2016, 19:59h
España como problema (y II)

22SEP16 – MADRID.- Cuando pensamos en España los padres de familia, y tenemos una hija o un hijo en Francia con una Beca Erasmus, pongamos como ejemplo dotada con 250 euros al mes, y debe estar entre cuatro y ocho meses en ese país, y tenemos que soltar tres o cuatro veces más de dinero para que la hija o el hijo aprendan francés y lo más importante “estén a la moda”; pensamos que en nuestra época si íbamos a París era de turismo y a lo más una semana, y si osábamos ir meses era para trabajar allí y ganar el sustento.

Y es entonces, como una bola de nieve que rodara por una ladera nevada y se fuese llevando piedrecitas, palitos, piedras más grandes, ramas de pinos y al final pinos enteros arrancados de cuajo, modestas construcciones, personas, rocas, y hasta edificios completos, cuando nos damos cuenta lo mal educados que hemos sido instruidos acerca de la verdad.

Y como una pesadilla, así entre sueños, recordamos que la primera faena fue cambiarnos un buen día las pesetas por los euros, creyendo más o menos que un euro era un duro, cuando un euro eran aproximadamente 166 pesetas, y si un café te costaba un euro y medio, el año anterior al cambio te hubiera costado eso un desayuno completo de un café con churros y zumo de naranja. Esta estafa manifiesta hizo perder la cabeza a buena parte de los españoles pues llegaron - por el tamaño y la forma plateada de la moneda - a confundir el euro con la moneda de cinco pesetas. El primer año no se notó mucho, el segundo fue un empobrecimiento general y el tercero fue el negocio para las tiendas, los bares y los comercios pero la ruina para los ciudadanos.

Al poco tiempo el quebranto era general y tuvieron que bajar los precios los comercios grandes y las pequeñas tiendas.

Ya una vez estabilizados, con unos salarios medios de unos 1.500 euros por empleado, parecía que la gente podía vivir mucho más ajustados y sin las alegrías del pasado, pero aún podían.

El tercer y definitivo palo ha ocurrido cuando los empresarios desaprensivos, aprovechando la crisis económica global machacaron el sueldo de los obreros y digo de los obreros por no decir del 80% de los españoles, tirando ese salario medio de los 1.500 euros a los 900; 800 o 600 y aún menos, al día de hoy.

Ese es el problema base: fulminar el tren de vida y la alegría de los españoles. Abusando del paro existente y chantajeando a buena parte del pueblo alegando que si no aceptaban ese salario basura había una cola de seis o siete personas que sí lo aceptarían y de buena gana.

Es comprensible por lo tanto, desde esa realidad, que el Partido Socialista y su líder actual se nieguen a pactar un acuerdo con el Partido Popular para continuar con semejante panorama. Panorama insoportable a mi modo de ver, pues hay que tener presente que si España no ha estallado hace mucho tiempo en mil pedazos ha sido por la existencia de los pensionistas, de los abuelos que han hecho de colchón amortiguador de miles de familias jóvenes que han tenido que abandonar sus viviendas al no poder pagar las enormes hipotecas (otra gran estafa). Y ese problema no se ha resuelto, sino todo lo contrario.

Otro gran problema, claro, es el institucional, el bloqueo político de una situación sin aparente salida que obliga a un Gobierno en funciones “in illo tempore”, a estar hasta que Dios lo quiera. Pues unas terceras elecciones darían por resultado o una enorme abstención - este modesto autor, no iría a votar -, o unos resultados muy semejantes que no darían la mayoría necesaria a nadie.

Como vemos España como problema, sí, en España puede aparecer de una forma cíclica y fatal una entrada en crisis general y un colapso que conduce a la penuria, a la precariedad y a la miseria, por culpa de unas clases dirigentes que han dejado de querer a la nación, de interesarse por ella y por sus habitantes, para quererse y solazarse solamente a sí mismos. Esto es: No les interesa España ni los españoles, y esto es lo esencial en una democracia nacida bajo los mejores auspicios y que sin embargo vamos comprobando con preocupación creciente como se va deteriorando y pudriendo por dentro, contaminándolo todo y arruinando el país desde su base.

Cataluña, País Vasco y problemas anejos, son los buitres o mejor dicho los gusanos que cercan el cuerpo cadavérico de un país agonizante, a la espera de darse el gran banquete, el gran festín. Una nación que tan solo hace pocas décadas florecía con la fuerza, la pujanza y la belleza de su situación privilegiada, húmeda y templada, dentro de Europa y del planeta Tierra.

(*) Germán Ubillos Orsolich es Premio Nacional de Teatro, dramaturgo, ensayista, novelista y escritor.

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