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Migración de la tierra de fuego hasta a la ciudad del humo

Por Elena Alston – Fuente: http://www.theprisma.co.uk/es

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:21h
Migración de la tierra de fuego hasta a la ciudad del humo

La comunidad colombiana en Londres…. El corazón late de demasiado fuerte, uno no debe ni respirar. Si lo hace ellos escucharán y lo matarán. Los paramilitares están registrando su casa, buscando a su familia.  ¿A dónde irá?

Migración de la tierra de fuego hasta a la ciudad del humo
Migración de la tierra de fuego hasta a la ciudad del humo

Los migrantes colombianos, a menudo familias inocentes o periodistas que buscan la verdad, se enfrentan un interminable reino del terror cuando se trata de la búsqueda de una vida más segura.

De la persecución a la discriminación, los migrantes colombianos pueden encontrarse atrapados en un juego vicioso donde las apuestas suben constantemente en manos de exigentes sistemas de asilo y conflictos armados que amenazan sus vidas.

Desde familias que buscan escapar a demandas de pagos poco ortodoxas  hechas por despiadadas paramilitares o rebeldes, hasta periodistas perseguidos por las repercusiones historias publicadas sobre corrupción en el gobierno, Londres ha sido un destino popular para estos refugiados desde hace más de 50 años.

Sin embargo, la ciudad del humo no es tan comprensiva o acogedora cuando se refiere a derechos humanos.

La migración en masa comenzó en 1975 cuando el Reino Unido incorporó un esquema de permiso trabajo con el fin de abastecer la demanda de empleados domésticos, esto permitió que alrededor de 6000 colombianos se establecieran en Londres.

Durante los años ochenta, nació la segunda generación de colombianos y con ellos otra ola de migración, principalmente parientes y amigos del primer grupo, se disemino a través de la capital.

Los libros de historia de Colombia siempre se han manchado con sangre, sin embargo los años que siguieron fueron testigos de una brutal pelea de poder entre los conservadores y los liberales. Eran entre los mismos nombres de los que replican una clásica disputa entre izquierda yderecha.

A medida  que el conflicto entre las fuerzas armadas revolucionarias (las guerrillas), los carteles de las drogas y los grupos de paramilitares se extendía a  través de los años noventa, las solicitudes de asilo político se dispararon, lo que hizo que la comunidad colombiana en Londres  aumentara.

Colombia se ha visto sumergida en este violento e ineludible conflicto por más de 65 años, etiquetado por los políticos como guerra civil y por los ciudadanos como “la violencia”.

A pesar de ser incierto, un acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC ha sido noticia desde comienzos del año pasado, impulsado por el creciente agotamiento del desacuerdo entre ambos lados

El término “acuerdo de paz” ya es visto como en Colombia como un evento logrado a pesar de que el fin oficial de la violencia aún no se ha alcanzado.

Esta etiqueta política justifica la prohibición de los asilos y genera una cultura de desconfianza en el ministerio del interior, el cual deja a los migrantes perseguidos y amenazados la única opción de buscar asilo en el Reino Unido ilegalmente.

La mayoría de los abusos en manos de las guerrillas y de los paramilitares son verdaderos, es por esto que los migrantes no pueden arriesgarse a esperar el lento e inconsistente sistema de asilo del Reino Unido, en el cual una solicitud puede demorar hasta ocho años.

Por consiguiente, la información sobre la población colombiana es escasa, no obstante cifras no oficiales señalan que entre 90000 y 150000 colombianos viven en el Reino Unido, de los cuales 50000 viven en Londres, la mayoría en áreas como  Seven Sisters, Elephant , Castle o Brixton.

Lara, una refugiada colombiana de 24 años que viven en Seven Sisters, cuenta como ella y su familia fueron amenazados y chantajeados por grupos vioentos al margen de la ley, obligándolos a buscar asilo político en el Reino Unido.

“Entonces tenía 9 años y mi padre, que tenía varios negocios, fue contactado por la guerrilla, exigiendo pagos ilegales por su trabajo, dijeron que si  no pagaba, entonces su familia pagaría las consecuencias “.

Luego de recibir varias llamadas amenazadoras y cartas de extorsión, la familia de Lara huyo a Inglaterra en donde padecieron en proceso de asilo tres veces hasta que fueron finalmente aceptados, a pesar de haber presentado todos los documentos requeridos. “Fue un proceso muy difícil y costoso, nuestra evidencia era autentica y sin embargo tuvimos que pagar intérpretes, abogados e incluso los tribunales. El proceso tardo 4 años y durante ese tiempo a mis padres no se les permitió trabajar”.

Lara dice que a pesar de que Londres es más segura que Colombia, y puede caminar por las calles sin tener que anticipar con miedo el paradero de las guerrillas, cuando llego a Inglaterra encontró hostilidad en la escuela a manos de maestros que la discriminaban por su dificultad para comunicarse en inglés.

“incluso otros estudiantes colombianos que hablaban ingles se negaron a ayudarme”. Cuando le pregunte sobre las condiciones de trabajo y explotación sus mejillas se enrojecieron de indignación y exclamo: “Quería ayudar a mis padres así que me dieron el único trabajo que le dan a los latinoamericanos, Limpiar. Otros como yo que no hablaban inglés o que no tenían documentación eran forzados a hacer los trabajos más degradantes. Limpiábamos baños, sótanos húmedos, a veces ni nos pagaban, pero estábamos muy asustados de que nos deportaran como para reclamar nuestros derechos”.

Desde el régimen de gobierno de 1970, la antigua creencia que los latinoamericanos solo pueden trabajar de personal de limpieza se ha transformado en una ideología estereotipada, de la cual uno no puede escapar.

Las calificaciones son raramente reconocidas, forzando a los migrantes a tomar trabajos que no requieren calificaciones y de baja remuneración, sin importar sus profesiones previas en Colombia.

Este racismo implícito puede no estar al mismo nivel que la guerra física que actualmente prevalece en Colombia, pero indudablemente está presente de manera psicológica.

Ser excluido de la sociedad en Londres crea discordia entre las comunidades y dificulta la integración.

El Servicio de los Derechos de las Mujeres Latinoamericanas (Latin-American Women’s Rights Service o LAWRS) hace poco lanzó una campaña para promover a Latinoamérica como una de las minorías étnicas del Reino Unido ya que como muchos colombianos afirmaron, sentirse invisibles e ignorados por la sociedad.

El temor de volver a Colombia es bien  real pero completamente ignorado por las oficiales de migración durante sus operativos sorpresa, por no hablar de nuevos  anuncios  realizados por furgonetas  que transmiten mensajes  que advierten a los migrantes que vuelvan a sus países o serán arrestados, desestimando los derechos humanos en todos tipo de  niveles. Sin embargo, entre tanta oscuridad existe una resquicio de esperanza.

El Consejo de Refugiados, con sede en Londres, es una organización de beneficencia que cree que a menudo a los asilados y refugiados políticos se los malinterpreta en los medios de comunicación y también hace campaña por un sistema de asilos más justo y humano.

A pesar de que Gran Bretaña es rápida para negar alegaciones de comportamiento racista, considera que los latinoamericanos no son buenos, pues asocia sus capacidades con las limitaciones de un país que llaman del “tercer mundo”.

Estas víctimas no son criminales por escapar de un país donde hay un conflicto interno; ni tampoco por estudiar una carrera en un país denominado del “tercer mundo”, la cual debería tener el mismo valor en el exterior. La migración ya no significa mejores oportunidades de trabajo y calidad de vida, simplemente sobrepasa la igualdad de los derechos, erradicando los derechos humanos.

(Traducido por Pablo Bisbal – Email: [email protected])

 

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