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Opinión

La canícula

Por Germán Ubillos Orsolich (*)

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:21h
La canícula

Creo que ahora somos muy blandos, nos quejamos continuamente del calor, todos los días nos ponen por televisión los mapas del tiempo, mi amigo Jacob Petrus se ocupa de ello en Telemadrid, antes era Manolo Medina y por poco tiempo lo fue también mi querido amigo Manuel Toharia.

En los tiempos actuales se preocupan mucho por las olas de calor, la Dirección General de Protección Civil y el Ministerio de Medio Ambienten advierten de los grandes peligros del llamado “golpe de calor” que puede llegar a matar a las personas sobre todo si trabajan o hacen deporte a las horas de mayor insolación.

Antaño, en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado que me gusta tanto evocar, nadie hablaba del calor pero entonces sí que el calor era de fuego, era algo bestial y nadie se quejaba, en Écija, la llamada “sartén de Andalucía” los pájaros caían asfixiados de los árboles, caían fritos casi como los daban en los bares de entonces con las cervezas, eran manjares exquisitos los pobres gorriones fritos, creo que éramos más bestias pero mucho más sanos y eso es lo que les encantaba de España a Hemingway, a Gerarld Brenan, a Gary Cooper y a Charlton Heston y a Ava Gadner que iban siempre al bar de Perico Chicote, la España profunda y maravillosa de los pajaritos fritos, del botijo, de las barras de hielo que traían troceadas para meter en las neveras, de los toros, del vino tinto y del señorío austero y ejemplar de aquellos españoles casi todos muertos como lo están también aquellas estrellas.

Pues bien el calor era tremendo, en nuestro ático de la calle de Hilarión Eslava mi madre miraba desesperada de vez en cuando al cielo para ver si caía alguna gota, no como en invierno que cuando llovía torrencialmente teníamos muchas goteras y mi padre pasaba al piso de al lado donde sonaba un piano y decía que el vecino con gabardina, sombrero y paraguas tocaba también el piano no se sabe si con alegría o con desesperación entre cubos a medio llenar de agua de las goteras que iban cayendo. Yo recuerdo aquella época como una época de contrastes pero siempre teñida de una alegría especial,  del sabor de una ilusión que ya no he vuelto a conocer y menos en los tiempos actuales, claro que yo entonces era un niño, un niño enfermo pero sin dolor alguno y en una infancia que ha quedado en ser algo así como la infancia mágica, sí, mágica porque mágica era aquella época de los años cuarenta a los ojos de un niño.

Había restricciones de agua y de luz, mi abuela María se quedó en el ascensor colgada entre el cuarto y el quinto piso, la tuvieron que sacar entre el portero y dos vecinos a través de una larga escalera de mano.  Francisco Franco construía pantanos sin parar, pantanos que al final sirvieron para aliviar la sed endémica de un pueblo sediento, para regar los arbolitos y las lechugas, para dar luz y para construir el Plan Badajoz, con el que se fue enriqueciendo Extremadura .

Sí, el sol era salvaje y me imagino que alguna gente caería fulminada, albañiles, obreros y gentes del campo, a lo mejor tampoco era así, pero desde luego nadie hablaba del calor, nadie se quejaba, era natural, el sol de España que después haría rica a Marbella, Estepona, Torremolinos, Puerto Banús o Benidorm y por el que comenzaron décadas más tarde a llegar los suecos y las inefables suecas por las que se pirraban los españoles, morenos, bajitos y con el pelo de caracolillo, ¿quién no se había ligado entonces a alguna sueca aprovechando el sol canicular de la España de Pepe Blanco, Carmen Morel y Antonio Molina porque aún no habían llegado Manolo Escobar ni Raphael?.

Bien ahora nos avisan de las olas de calor, nos atemorizan con el cambio climático y ponen el grito en el cielo si la temperatura llega a los cuarenta grados, precisamente la España de los años cuarenta con muy pocos árboles y menos agua aún sobrepasaría en mucho esos cuarenta grados temperatura en la que por la noche no se puede dormir, ¿o no es verdad?.

 (*) German Ubillos Orsolich

Nació en Madrid y es Premio Nacional de Teatro. Premio Guipúzcoa de Teatro, Premio Provincia de Valladolid de Teatro, Premio Julio Camba de Periodismo, Premio “Correo Español – Pueblo Vasco” de Periodismo, Premio Ciudad de Zamora de Periodismo, Finalista Premio Nadal de Novela, Guionista de Televisión Española Espacios Dramáticos.

Es autor de varias novelas entre ellas: “Largo Retorno” (Con filme de Pedro Lazaga y música de Antón García Abril) “Proyecto Amenazante”, “Cambio Climático”. “Cambio Climático – Los Supervivientes”, “Cambio Climático – El Retorno” (Trilogía),(Ed. Entrelíneas Editores), El viajero de sí mismo”, “Malín”, “La Peste Negra – Vida más allá de las estrellas”, “La calle de los Amores” (biografía), “El hielo de la Luna”, “Los desiertos de Marte”, “La calle de los amores “(Memorias).- Ed. Belgeuse, “ Más allá del Purgatorio (Novela), Ed Belgeuse , “La Infancia Mágica “ (Biografía).- Ed. Belgeuse Es autor teatral y algunas de sus obras son: “La Tienda” (Ed. Escélicer)- Premio Nacional de Teatro, “El llanto de Ulises” (Ed. Escélicer)- Premio Guipúzcoa, “El Cometa Azul”, “Gente de Quirófano” (Ed. La Avispa) Premio Provincia de Valladolid, “Los globos de Abril” (Ed. Escélicer)

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