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El cuerpo si lo cuidas, te puede durar toda la vida...(XXV)

Reparar los estragos del verano...

Reparar los estragos del verano...

Por Freddy Hammer

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:21h

Pese a que el verano es una época para disfrutar del buen tiempo y aprovechar al máximo sus ventajas para reacondicionar nuestro cuerpo tanto interior como exteriormente, en ocasiones el abuso en las horas de exposición al sol, la comida y la bebida, terminan por ocasionar algunos destrozos en nuestro organismo que es necesario reparar o, cuando menos neutralizar, para no tener consecuencias posteriores.

Tomar el sol en exceso puede acarrear daños irreversibles a la piel del rostro...
Tomar el sol en exceso puede acarrear daños irreversibles a la piel del rostro...

Los rigores y excesos del verano...

Dentro de los fallos más comunes que se comenten en el verano está en primer lugar, el exceso de horas de sol a que la mayoría de nosotros nos hemos expuesto por diversas razones y casi todas ellas producto de los tópicos existentes alrededor de lo que deben ser las vacaciones en la playa, campo o montaña. Como ejemplo de lo anterior está el creer todavía, que el bronceado violento tipo Julio Iglesias, está in, o que el volver de las vacaciones con un tono bronce retinto en la piel, nos dará una mayor categoría o es un símbolo de status, entre quienes nos vean ya que un bronceado intenso dirá a gritos, que hemos pasado todas nuestras vacaciones en la playa, lejos de la jungla de cemento que es la capital.

Sin embargo, el prestigio social de llevar en la piel del cuerpo la marca del lugar de nuestras vacaciones, pasará en el inmediato plazo, una factura cuyo elevado coste nos llevará a lamentar en los años venideros, el haber tomado sol tan intensa e imprudentemente.

El sol es fuente de vida y salud, pero como todo, en exceso, es exactamente al revés. Los expertos en dermatología y belleza viene afirmando desde hace años, que el sol es altamente perjudicial para la piel y que provoca un acelerado envejecimiento de las capas más superficiales de nuestro cuerpo, con especial atención a las zonas más delicadas como son, el rostro, los brazos, manos, hombros, torso y espalda.

En opinión de los dermatólogos, crece año a año, de manera imparable, el número de persona afectadas por cánceres de piel provocados por la inclemente exposición al sol que se hace en la estación veraniega. La mayoría de la gente, -afirman estos expertos-, no toma ninguna precaución y puede permanecer horas y horas, inmóvil bajo el sol, para conseguir efectos rápidos en el bronceado. El sol, tomado así de esta manera, lo que hace es quemar de manera irreversible, las capas más finas y superficiales de la piel del rostro, envejeciéndola de manera también irremediable. La velocidad con que el sol actúa sobre la piel del rostro está determinada en una relación de 5 a 1. Esto quiere decir que una hora de exposición al sol, acorta en cinco horas, la juventud del rostro y estos estragos, invisibles en el primer momento, aparecerán en las semanas iniciales del invierno cuando, por efectos de los cambios de temperatura, la piel del rostro exija elasticidad para adaptarse (contraerse) a las nuevas circunstancias, con el objeto de defenderse de los rigores del invierno. Del mismo modo como el frío intenso machaca la piel del rostro, así también, el sol intenso la agrede implacablemente.

Curiosamente, ante el frío intenso de manera instintiva, tratamos de protegernos el rostro y las partes más sensibles del cuerpo (cuello, manos, brazos) y sin embargo, ante un sol intenso, hacemos exactamente lo contrario en circunstancias que en términos de deterioro de la piel, los efectos son similares si bien en opinión de los expertos, los estragos del sol son irreversibles y los del frío intenso son neutralizables con sólo abrigar la parte expuesta a esta inclemencia.

Una buena manera de intentar paliar los estragos del sol veraniego en nuestra piel, especialmente la del rostro, cuello, manos y brazos es un alimentación sana, rica en verduras, frutas y legumbres además de beber gran cantidad de agua al día y aplicarse abundante crema hidratante, especialmente en la noche antes de dormir. Esto hará que la piel castigada, recupere algo de la humedad perdida por la exposición al sol.

Los dermatólogos vienen advirtiendo desde hace mucho tiempo que los estragos que causa el sol de manera normal, se han visto acrecentados en los últimos años por el llamado agujero de ozono que cómo se sabe, potencia de gran manera los rayos ultravioleta que son los más nocivos para la piel.

Hay que tener presente que los perjuicios que ocasiona el exceso de sol, especialmente en la piel del rostro son irrecuperables y que si en el próximo verano decide hacer lo mismo, -esto es achicharrarse sin contemplaciones-, estará favoreciendo únicamente, un más rápido envejecimiento de su piel y las temidas patas de gallo (alrededor de los ojos) y el código de barras (las arrugas encima del labio superior) no tardarán en aparecer para quedarse ya, de manera definitiva en su rostro. ¿Cree que vale la pena?... si lo piensa con detenimiento verá que no, que la satisfacción de decirle a cuantos le vean, que su bronceado es la prueba inequívoca de sus días en la playa, no compensa de modo alguno los años y arrugas que esas vacaciones agregarán a su cara, que es en definitiva, su carta de presentación, donde quiera que vaya... Así que ya lo sabe. Si este verano se pasó de rosca con el sol, intente recuperarse con una alimentación sana, muchas frutas, verduras, agua en abundancia y el uso regular de una crema hidratante de buena calidad. Será hasta la próxima…

 

 

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