Se recupera ahora aquella faceta con la obra El Borbón rojo —coproducida junto a Estival Producciones— que se ha visto en el Teatro Fernando de Rojas del 25 al 27 de junio. Se trata de la tercera entrega de la tetralogía Todo por la Corona, escrita por Ignacio Amestoy, uno de los grandes nombres de la dramaturgia española. La obra revisita la historia reciente de la monarquía española desde una mirada crítica y contemporánea y pone el foco en don Juan de Borbón: hijo de rey, padre de rey y, sin embargo, nunca rey.
Quien habría sido Juan III atraviesa su vida desde un presente suspendido, entrenándose —literal y simbólicamente— para un trono que nunca llegó. En ese tránsito le acompaña Francesillo de Zúñiga, bufón y cronista del siglo XVI, que actúa como confidente, entrenador y contrapunto, en un diálogo que mezcla lo trágico y lo irónico.
La obra recorre, con un tono ágil y a veces burlesco, los episodios clave de la biografía del Conde de Barcelona: su intento de restaurar la monarquía, sus tensiones con Franco, su relación con Juan Carlos y sus continuos desplazamientos ideológicos. Todo ello en un espacio escénico que evoca el Panteón de los Reyes de El Escorial, donde el pasado se activa como memoria viva.
Dirigida por Ainhoa Amestoy e interpretada por Ernesto Arias y Borja Cortés, la pieza combina teatro documental, humor y reflexión histórica para plantear una pregunta de fondo: qué lugar ocupa esta figura en la construcción de nuestra historia reciente.
NOTA CRÍTICA.- Humor, ironía, burla y algunos acentos de ópera bufa se dan cita en esta obra de teatro “El Borbón rojo”, del dramaturgo Ignacio Amestoy. Con un ritmo trepidante, impuesto con acierto al texto por Ainhoa Amestoy, la obra cuenta la historia larga de una vida, desde su sepultura en el panteón real de El Escorial, en un jocundo diálogo anacrónico con Zúñiga un bufón de Carlos V.
No sale tan mal parado don Juan de Borbón, pese a las risas que provoca la obra, en algún momento hasta parece una hagiografía del personaje, si lo contrastamos con su hijo Don Juan Carlos, a quien se llama de continuo, y no de modo elogioso, como “el Pretendiente”. Ciertamente el padre sale mucho mejor parado, quizás por ser el protagonista.
Y dicho esto, reconociendo la complejidad de una vida como la del Conde de Barcelona, una echa de menos la cita de su relación con el hermano sordomudo don Jaime de Borbón y Battenberg (1908-1975). Tras perder la audición en la infancia por una complicación médica, quedó sordo y desarrolló mudez. Fue presionado por su padre, Alfonso XIII, para renunciar a sus derechos sucesorios al trono español en 1933, en favor de Don Juan. Una situación dramática, que nos se produjo con el tartamudo Jorge VI de Inglaterra, cuyo nombre real era Alberto (apodado familiarmente "Berty".
Sí cita en cambio de modo ambiguo el disparo de una pistola (infantil, pero con balines, regalo de un noble español a Juanito y Alfonsito, hijos menores del Don Juan).
Se habla de los Borbón como reyes lujuriosos, pero no se atribuye este adjetivo a Don Juan, quien fue igualmente infiel y llegó a plantear en un momento dado abandonar a su mujer, Doña Mª de las Mercedes, para estar junto a su prolongada amante, en su caso, una aristócrata griega, si bien no lo. hizo por temor a perder el reino de España, aunque ya lo veía lejos. Doña Marí a de la Mercedeslo pasó muy mal psicológicamente. Aquella relación fue una verdadera tortura para ella.
Don Juan no estuvo presente en el nacimiento de su primer hijo, una mujer, Doña Pilar de Borbón (¡Dios, qué buena reina hubiera sido, si no se exigiera varón!), porque estaba de caza o con su amante (no están de acuerdo los biógrafos).
En fin, digamos también que Don Juan fue cauto o calculador al no ceder pronto su legitimidad como Juan III, a la espera de ver como se desarrollaban los acontecimientos con su hijo D. Jan Carlos. La astucia de los Borbones, como la de la clase política acendrada es un hecho.
En suma, una obra de teatro muy bien llevada a cabo, con una visión algo sesgada, no precisamente muy “monárquica”, que se presta a objeciones ante la opción que plasmó el gran Ignacio Amestoy, al que admiro de veras.
(Los avatares interesantes de la vida de los Borbones -como todas las vidas que encierran novelas- serían igualmente interesantes en las figura de Don Jaime de Borbón (mudo y dificil para el teatro) o de la Infanta María Teresa – hermana de Alfonso XIII, trabajadora en la Corte y dos veces Princesa de Asturias, a la que el cicatero Gobierno de Canalejas, no permitió un entierro ni funeral de Estado, como pedía el rey. De esto bien lo sabemos las Damas de la Corte de Honor de Santa María la Real de la Almudena, institución que ella fundó).