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Con Laureano, a bordo del Laurus
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Con Laureano, a bordo del Laurus

Por Segundo López Soria – Miembro de FEPET

11AGO17.- Las siete de la tarde en el puerto de Tragove, en Cambados, puede suceder un día cualquiera. Pero no es lo mismo, si ocurre en El Carmen, el 18 de Julio cuando procesiona la Virgen Mariñeira. Imponente, aguardaba amarrado, el bateeiro Laurus aquella luminosa tarde de verano. Permanecía atracado en el muelle, próximo al edificio de La Lonja esperando impaciente la llegada de la Madre de los Hombres de la Mar.

La imagen, conducida en carroza desde la iglesia parroquial, presidía la misa, antes de volar en andas, conducida por una gigantesca alfombra salina multicolor que habían diseñado horas antes mujeres pescadoras cambadenses. Aguardaban la llegada de la Virgen, miles de devotos del Valle del Salnés, que aliñados de domingo, se apiñaban en los muelles de Tragove, y en la mismísima explanada de La Lonja, al igual que lo hacían, fondeadas, multitud de embarcaciones atestadas de invitados. Como todos los años por esas fechas, gentío y barcos, abarrotaban los muelles y las aguas de la Ría de Arousa. Esperaban la señal del Laurus, la nave capitana, que pilotada por su patrón Laureano Oubiña Pérez, tendría el honor de embarcar, de nuevo (ya lo hizo cuatro años antes), a la Reina de los Mares. El navío hermoseaba de popa a proa a la espera de su más ilustre pasajera, que finalmente embarcaría flanqueada por San Antonio y Santa Mariña (la Santa, patrona de marineros y mariscadores de Cambados, que debido a una inoportuna lluvia no procesionó en su día. Laureano, renovando su promesa ya cumplida, contemplaba emocionado la entronización de La Señora en un improvisado altar. Se inició la singladura con dos centenares de devotos - quizá unos cuantos más -, completando el pasaje más diverso imaginado. Confundidos con autoridades locales y un grupo de cofrades, navegábamos apiñados en el bateeiro Laurus, los amigos de la familia, con monjitas, músicos y danzantes. El barco guía, iniciaba el cortejo, abriéndose paso con polifonía de silbos de sirenas. Una multitud de barcos de Cambados atiborrados de paisanos y allegados, se unían a la escolta de la Virgen del Carmen. Acomodado, próximo a la aleta de estribor del barco del patrón, pude ver otra miríada de barcos, que fondeados mar adentro aguardaban el paso de la comitiva. Al transitar las zonas de bateas, la procesión al completo saludó con estruendo a los bivalvos que las habitan. Más tarde, llegados a un lugar que bien conocen las gentes de la mar, a la vista del Faro de Lobeira, un homenaje de desafinada música de viento acompañó los ramos y coronas de flores, que como cada año, vistieron de color el fondo de su Ría. La Ría de Arousa. La más grande y marisquera… La que abraza a Cambados.

LAUREANO OUBIÑA PÉREZ

En Cambados Laureano es toda una institución. Ha posicionado al municipio pontevedrés en la cima de la comercialización de mariscos. Laureano es referente de prestigio en la gastronomía de calidad. No en vano, tiene como clientes, desde hace años, a la mayor parte del firmamento de estrellas Michelin nacional, a prestigiosos restaurantes del país, y exporta su marisco a los más insólitos lugares del planeta. Los invitados a la boda de nuestro joven monarca, pudieron deleitarse con los frutos de mar de este hombre inteligente, afable y humilde, que ha creado un emporio desde abajo. Trabajó muy duro en tiempos difíciles. Siendo un infante, ayudó a sus mayores en las tareas que desde siempre hicieron las gentes de Cambados: el marisqueo en su Ría. Años más tarde, con la experiencia adquirida, un Oubiña emprendedor, obtuvo los derechos para instalar sus propias bateas como criadero de mejillones y ostras. Más tarde, completó el círculo empresarial construyendo una gigantesca cetárea, que es la sede de su sociedad: Mariscos Laureano. El vivero fue un complemento imprescindible para la autonomía de su negocio como distribuidor de marisco premium. La instalación es técnicamente impecable, con asepsia certificada; las gigantescas piscinas de su imponente cetárea, se nutren de agua de mar kilómetros adentro de la Ría de Arousa, que una vez depurada, fluye incesante por las piscinas de las diferentes especies de marisco (con vuelta de retorno completamente saneada, a otro sector del mar muy distante del lugar de procedencia). La integridad del proceso descrito, garantiza la óptima cría y depuración de los bivalvos procedentes de las bateas de Laureano, al igual que los que adquiere a otros pescadores de marisco gallego. Laureano, se interesa preferentemente (fue cocinero antes que fraile), en la pesca de aquellos colegas que marisquean y colocan sus nasas en las mejores zonas de las Rías Gallegas. Ostras, mejillones, berberechos, almejas, zamburiñas, vieiras, navajas, nécoras, santiaguiños, centollas, bueyes de mar, bogavantes (tamaño king-size), habitan Mariscos Laureano, la cetárea más impresionante que haya visitado. El hijo de Laureano, Fernando Oubiña Somoza, es un todoterreno en el negocio familiar, de casta le viene. Y aunque no es ajeno a la responsabilidad que comportan bateas y cetárea, Fernando se ocupa fundamentalmente de la gerencia y dirección de Bodegas Laureatus. La bodega es un antiguo proyecto del paterfamilias, que buscaba complementar los formidables vinos de la variedad albariño del Val do Salnés con su famoso marisco. Fernando quiso bautizar con el nombre latino del padre, Laureatus, tanto a bodega como a sus vinos blancos.

Su porfolio lo componen cuatro referencias de alvariño D.O. Rias Baixas: Reveleste (el último llegado a la familia), Laureatus, Laureatus Lías, y Laureatus Dolium, un blanco que madura en barrica francesa. Las doce hectáreas de viñedo emparrado de alvariño, origen de los Laureatus, están situados en las zonas de Meis y Cambados, y se conocen con los eufónicos nombres de O Couto, Saramagoso, Talide, y Redondelo. Unos y otros son viñedos en propiedad, y se laboran bajo el sistema de agricultura ecológica. Su orientación Sur-Suroeste garantiza una adecuada insolación, y una optima maduración de la uva. Los alvariño Laureatus se elaboran en una bonita bodega, de nueva planta, dotada de tecnología puntera. Está rodeada de viñedo que es una de las cualidades que definen los vinos calificados con el distintivo de Vinos de Pago. Consumidores y critica especializada han fijado su atención en las elaboraciones de esta bodega de Rías Baixas, que pese a su juventud, ya le avalan excelentes puntuaciones en las guías de vinos de referencia, ratificadas con la obtención de galardones en Concursos nacionales y foráneos. Fernando Oubiña, alma mater de Laureatus, mantiene su compromiso con la excelencia haciendo elaboraciones muy cortas, solo y exclusivamente, con las uvas procedentes de sus viñedos.

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