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VIVENCIAS

Boomerang literario.

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:21h

Pareciera ser que el deseo de cada escritor, fuera que sus trabajos sean elegidos, entendidos y recordados por quienes los leen. Pero hay veces que ese íntimo deseo es sobrepasado y la reacción de los lectores puede ser sorprendente.

Me sucedió algo de aquello.

Hace nueve años, me ví aquejado de un cáncer, lo que motivó evidentemente algunos cambios en mis pensamientos y percepciones. Superada con fortuna la emergencia vital, quise testimoniar lo que sentía como médico enfrentado a aquella extrema situación y decidí escribir un libro -“De paciente crítico… a crítico paciente”- destinado a ser leído ojalá tanto por los pacientes que se encontraran en una situación similar (llevándoles un mensaje de esperanza), como por los médicos de las generaciones jóvenes (transmitiéndoles ciertos conceptos de una Ética Médica cada vez más olvidados en los llamados tiempos modernos).

Hasta ahí, todo bien.

 

El libro en cuestión me tomó diez días escribirlo, (los mismos días que estuve hospitalizado y lo cual fue una verdadera catarsis que me impedía por las noches pensar en mi enfermedad, pues me dormía con el cerebro ocupado en el desarrollo del capítulo por escribir al día siguiente). Luego dos meses haciéndole las consabidas correcciones y finalmente en total un año para que por fin la autoedición estuviera publicada.

Mi afán de lucro perseguía sólo recuperar lo invertido en los 1.000 ejemplares y de ahí en más, creo haber regalado el %70 de ellos.

 

Situaciones curiosas me ocurrieron posteriormente.

- En ciertas oportunidades he visto a más de algún pasajero del Metro leyéndolo, ocasiones en que he decidido cambiarme de carro al sentirme reflejado en la foto de mi biografía en la contratapa.

- También más de alguien que lo leyó, propició mi regreso a aquellas eternas aulas académicas que me formaron como ciudadano de la vida, en mi querido Instituto Nacional; para que acudiera a dar una charla a aquellos alumnos que estaban por egresar del colegio y que sentían las motivaciones de dedicarse a profesiones relacionadas con la salud y la atención de personas enfermas (médicos, dentistas, kinesiólogos, etc.)

-Pero lo que me aconteció ayer, fue en realidad sorprendente, emocionante e inolvidable. Eran aproximadamente las 20:30 horas y recién había terminado de atender a mis pequeños pacientes (soy médico pediatra), cuando de pronto me comunican que una persona que en estos últimos días ya ha venido tres veces en mi búsqueda, desea hablar conmigo; pero que me espera en la calle para no dejar sola su bicicleta. Había insistido en que no lo conocía, por lo cual de bien poco me sirvió escuchar su nombre.

Con las debidas precauciones que las inseguridades de los tiempos que estamos viviendo nos hacen tomar, salí con incertidumbre ante el requerimiento de tan insistente visitante nocturno. Con un evidente nerviosismo me dijo su nombre, yo estreché su mano con la certeza de no conocerlo. Acto seguido, dijo: “En primer lugar me alegro de encontrarlo aún vivo”, (temí por mi seguridad, pensé en un sicario arrepentido), y luego agregó: “Yo me gano la vida recolectando y reciclando muebles y otras cosas, tengo 54 años y a eso me dedico. Lo he andado buscando desde hace algún tiempo porque quiero que sepa que tengo algo suyo que algún día llegó a mis manos”. Y abriendo un bolso en la semi oscuridad extrajo con cuidado algo diciendo: “Es este libro que usted escribió… me aprendí de memoria varias frases de él, porque ahí usted dijo muchas verdades y cosas como paciente y no como médico, y eso me gustó, porque son palabras que yo también he pensado muchas veces”. Yo no lograba salir de mi asombro, cuando expresó: “Y vengo porque no quiero ser sorprendido y pasar por lo que usted pasó… para que me diga ¿cómo son los síntomas del cáncer y qué hago si algún día me diagnosticaran algo así?” Me es difícil describir lo que sentí y resumir nuestra emotiva posterior conversación. Sólo puedo puntualizar que quince minutos después reingresaba a mi oficina, con el rostro impactado, con la percepción que a alguien por intermedio de mi libro había ayudado, y con la sensación del deber cumplido…

Después de nueve años, las vivencias de ese libro habían vuelto a mí.

Había sido un verdadero “Boomerang literario”.

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