Tal es el tamaño que, en lugar de servirse la tapa apoyada sobre la base de la propia tortilla, se hace sobre el ancho debido a la altura de la misma. Aunque puede encargarse completa por un precio de 50 euros, lo normal, por razones evidentes, es pedir un pincho de tortilla (sin cebolla). Tal es el tamaño que, en lugar de servirse la tapa apoyada sobre la base de la propia tortilla, se hace sobre el ancho debido a la altura de la misma.
Bar Santos viene elaborando esta especialidad desde hace medio siglo. Debido a lasa reducidas dimensiones del establecimiento es habitual que esté lleno y el público haga colas para adquirir su ración, que la mayoría degusta en el exterior, apoyada junto a la Mezquita. Nosotros tuvimos la oportunidad de comprobar la demanda de esta singular tapa en nuestra última visita a Córdoba, con ocasión de la celebración del VIII Congreso Internacional de Calidad y Sostenibilidad Turística.
Sí, y allí, en aquel lugar “de los de toda la vida” como se define a sí mismo el Bar Santos, de pocas mesas en el interior, las colas de gente deseando comerse un pincho de tortilla se suceden.
Detrás de este bar se encuentra una bonita historia familiar. Francisco Santos y su esposa, Carmen Serrano, abrieron el local allá por 1966. Ella fue la autora de la primera gran tortilla. Con el paso de los años, los hijos se hicieron cargo del negocio, que en ningún momento perdió la esencia de proximidad y sencillez que destilaba medio siglo atrás. Y hoy es un auténtico icono de la gastronomía cordobesa. Entre las claves de su éxito, tal y como se desliza desde la cuenta oficial del bar en Instagram, se encuentra “usar una buena materia prima, ingredientes frescos y de calidad”, detalles que definen como “el único secreto de un buen resultado”.
El actual propietario Jesús Maldonado, llama “tío” al creador del establecimiento, Francisco Santos, por su relación con él, mientras recuerda que su esposa, Carmen Serrano, que se encontraba entonces en la planta superior del edificio del bar, elaboró una clásica tortilla de patatas que el hostelero se bajó a la barra para comérsela mientras trabajaba.
Un hecho que marcó un antes y un después en la historia de la taberna cordobesa, ya que un turista extranjero que se encontraba en allí pidió un trozo para probarla, ya que nunca había visto nada igual. Ello propició que otros clientes también demandaran un trozo. Fue tal éxito de aquellas tapas, que llegó un momento en el que tuvieron que dejar de obsequiar con las porciones de tortillas y ofrecerlas a la venta en su pequeña carta para probarla.
Fue tal éxito, que hoy es el plato estrella del bar y una de las tortillas más famosas de Andalucía ya que forma parte del top 10 de tortillas TasteAtlas y llegó a ganar el premio a la mejor tortilla de España en 1.999.
La mayoría de los clientes, ante las limitadas dimensiones del local, apuestan para tapear en el “poyete” de la Mezquita Catedral.