Son datos ciertos pero incompletos y, en algunos casos, mal interpretados. Conviene hacer algunos apuntes para entender qué dicen realmente las cifras y, sobre todo, qué no dicen.
Primer apunte: los 100 millones importan sobre todo a los titulares de los medios
Solo los periodistas y las autoridades turísticas ansían que España llegue a la barrera simbólica de los 100 millones de turistas. Para los profesionales del sector es una cifra secundaria.
Aunque en 2026 se alcance esa cifra, España no desbancará a Francia en el liderazgo mundial. Y cuando lo haga, si es que lo hace algún día, tampoco ocupará el primer puesto en lo que de verdad importa a escala global: los ingresos turísticos. Ese liderazgo corresponde a Estados Unidos, muy por delante del resto de países.
El debate sobre quién recibe más turistas es un debate menor. Lo relevante no es cuántas personas cruzan una frontera, sino qué impacto económico generan y cómo se distribuye ese impacto.
Segundo apunte: España ya lidera en las cifras que importan
Desde hace décadas, España ha superado a Francia y al resto de los países europeos en los indicadores clave del turismo. En ingresos turísticos y en actividad turística total.
Si se mide el turismo-todo el turismo- como lo hace Exceltur en sus informes de coyuntura por su aportación global a la economía, España se sitúa en cabeza en Europa.
La cifra realmente relevante es la aportación del turismo al PIB y al mercado de trabajo. En ambos casos, el turismo representa más del 13% . Ninguna otra gran economía europea se acerca a esos niveles .
Ese es el dato que debería centrar el análisis. Todo lo demás son aproximaciones parciales.
Tercer apunte: el problema no es cuántos vienen, sino cuántos hay
No importa tanto cuántos turistas extranjeros visitan España a lo largo del año, sino cuántos turistas —extranjeros y nacionales— hay cada día en cada destino .
La presión real se mide en ocupación diaria, no en acumulados anuales. Los problemas de convivencia, de movilidad, de residuos o de servicios públicos no dependen del pasaporte del visitante, sino del número de personas que comparten el espacio en un momento concreto. A los alcaldes no les importa si la basura es nacional o extranjera. Les importa cuánta basura hay que recoger.
Aquí aparece una aportación olvidada en muchos análisis: el turismo nacional que representa aproximadamente un tercio de la actividad turística total.
Cuarto apunte: cuidado con el gasto turístico
En estos días se ha repetido que los turistas “se han dejado en España” una determinada cantidad de millones de euros. Pero conviene matizar qué cifra se está utilizando.
Lo que se publica habitualmente es el gasto total estimado a partir de la encuesta del INE. Esa cifra incluye partidas que no se gastan en el destino. Aproximadamente un 30% corresponde a transporte y a otros gastos realizados en el país de origen.
Si se quiere medir el impacto real del turismo extranjero en la economía local, esa cantidad debería descontarse. La cifra que importa es la de lo que ingresamos por ese turismo , que mide el Banco de España en su balanza de pagos
Además, cuando se afirma que el gasto ha crecido casi el doble que el número de turistas, se olvida la inflación.
Si se toma como ejemplo el mes de noviembre, se comprueba que el incremento del gasto se corresponde prácticamente con el aumento del número de turistas una vez descontada la inflación. El supuesto “turista que gasta mucho más” es, en buena medida, un efecto estadístico. El crecimiento moderado, similar al del resto de la economía es una buena señal de madurez y equilibrio.
Cien millones de turistas pueden ser muchos o pocos. Todo depende de cuánto tiempo se quedan, cómo se distribuyen a lo largo del año, en qué lugares se concentran y con cuántos turistas nacionales comparten el espacio.
El debate no debería centrarse en alcanzar una cifra simbólica, sino en gestionar mejor los flujos, medir bien el impacto real y utilizar indicadores que reflejen la realidad económica y social del turismo.
Porque el problema del turismo en España no es cuántos y de dónde vienen, sino cómo, cuándo y dónde están.