Iba yo a misa entonces por las mañanas y oficiaba la misa José Antonio Ramiro, sacerdote que acabó casándome y que era muy apuesto, alto, esbelto y simpático, con cierto parecido al actor Gregory Peck, tenía muchas fervientes seguidoras, mujeres entradas en años que le idolatraban. Pedro, el sacristán hacía los preparativos litúrgicos, le daba la salida, a la vez que al terminar el sacrificio de la misa recogía las vasijas, paños y otros ornamentos, etc.
Pedro se casó y tuvo un hijo pequeño y gracioso que al final ayudaba en todo.
Esta noche del mes de enero del año 2026 Pedro se ha jubilado, y yo no he podido ir porque hacia un frio endiablado en Madrid, con un viento tremendo, por la televisión han dado la temperatura en el Puerto de Navacerrada y era de – 13º, o sea, trece bajo cero.
Después de su jubilación litúrgica daban un piscolabis. Yo lo he sentido muchísimo, pero ya tengo 82 años cumplidos y me cuido mucho – “hijo cuídate, decía mi madre” - . Sé que en algún momento perdido, el sacristán quizá se habrá acordado de mí.
A veces yo leía desde el ambón y ante el público repleto la epístola o algún texto sagrado. Ahora, como dicen las “homilías privadas” del Papa Benedicto XVI, tan admirado por Carolo y por mí, “El Señor nos lleva de la mano”.
Deseo que mi hija haga llegar a Pedro mi fervorosa e intensa admiración, pues para mi será siempre sin duda “Pedro, el sacristán”, el más famoso y apuesto.
Le deseo la mayor felicidad del mundo.