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Opinión: “Mi Pequeño Manhattan...”

Aquellos tiempos felices. Las papelerías

Por Germán Ubillos Orsolich
jueves 30 de diciembre de 2021, 04:25h

29DIC21 – MADRID.- En Navidad, a primeros de curso, antes del verano, entrar en alguna de aquellas papelerías era como entrar en un santuario, las regentaban señoras mayores de manos sarmentosas apoyadas sobre mostradores de encina bruñida. Entrábamos a comprar cuadernos de canutillo o lápices de colores o boíigrafos, bic, y ellas nos atendían solicitas y cabales.

Nunca olvidaré “Salazar”, la enorme, profunda y umbría, que olía intensamente a papel y a gomas de borrar. Vendían los libros de texto que nos pedían en el colegio, y plumillas, tinteros de tinta china y hasta plumas con depósito para regalar y plumilla de plata o de oro; sobre salían las plumas “Parker”, que no en todas pero en “Salazar” de la calle Luchana y en “Pergamo” de General Oráa del barrio de Salamanca, las tenían. No olvidaré una pequeña de libros y objetos un poco a presión de la calle Alberto Aguilera cerca de casa de mis padres, también olía a papel intensamente y a libros y a gomas de borrar Milán y arábigas,, eran dos señoras también, dos dependientas o quizá dueñas, que se apretujaban al otra lado del mostrador junto a la estrecha esquina, pues la de Alberto Aguilera era tan pequeña que el espacio entre el mostrador y el fondo para ellas era de la misma anchura que el que quedaba para nosotros los clientes.

En esas papelerías, tan abundantes en la capital, vendían el “Bloque Mirga”, calendario de mesa con el santoral y la fecha en negro que adquiríamos a finales del año, a veces sobre los Santos Inocentes o incluso después, apresuradamente. Desatornillábamos el polvoriento y negro mostradorcito inclinado e introducíamos el nuevo block - calendario, pues estaba “normalizado” como se dice ahora y encajaba a la perfección en el negro esqueleto y sus orificios tan singulares, por eso, los niños, pedíamos el bloque Mirga, porque sabíamos que encajaba en toda su perfección.

Las papelerías, - que no librerías -, llenaron de encanto y de magia una larga época, una magia un poco a lo Harry Potter, años y décadas de nuestra infancia. Quien curse con más de cincuenta o sesenta años jamás las olvidarán. Después llegó un tiempo en que los grandes almacenes, El Corte Inglés, Galerías Preciados, Sepu, Cortefiel, etc, fueron desplazándolas de sus funciones y no digamos la informática, la realidad virtual y las compras por email, con ese progreso técnico las viejas papelerías, santuarios místicos con olor a papel y polvo, han acabado por desaparecer.

El mundo es más rápido, eficaz y exacto, pero ha perdido el encanto, la poesía y el ensueño que antes tenía, porque las papelerías, las antiguas papelerías han terminado por desaparecer, aquellos tiempos felices que rememoramos y parecemos soñar los octogenarios, prestos también a marcharse al más allá en busca quizá de aquel aroma que jamás podremos olvidar.

Germán Ubillos Orsolich

Germán Ubillos Orsolich es Premio Nacional de Teatro, dramaturgo, ensayista, novelista y escritor.

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