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Opinión: “Un Emigrante en Alemania...”

En busca del paraíso: historias de vida y emigración

  • «Es triste ser emigrante y no poder volver»
  • “Deseo y anhelo continuamente irme a mi casa y ver lucir el día de mi vuelta”. (Ulises en La Odisea

sábado 09 de mayo de 2020, 14:19h

Por José Mateos Mariscal – desde Wuppertal - Alemania
09MAY20.- Cuando emigras se sabe que se va, pero no se vuelve; se pierde a la familia. Es triste, ser emigrante y no poder volver. Nosotros los más inquietos y los que menos conformes estábamos con tolerar el amargo presente en España desahucio tras desahucio, Precariedad, paro de larga duración que nos atenazaba.

A pesar de nuestro bajo nivel de instrucción convencional, muchos acababamos por defendernos con las lenguas de su lugar de destino y también aprendíamos las técnicas de manejo de máquinas más o menos complejas. Nos adapmos a medios sociales más bien hostiles y en ciertos casos
claramente racistas y xenófobos.

Desde que tuve uso de razón me interesó siempre la Emigración. Yo veía que en España no había porvenir, que estaba uno trabajando para nada y pensaba en un sitio donde se viviera mejor. También hubiera podido irme a Barcelona o a Bilbao, pero aunque parezca raro, nunca me dio por ahí , decidí Alemania.
Las dos grandes preocupaciones iniciales que tenía como emigrante son el trabajo y la vivienda, o la vivienda y el trabajo, y también lo serán en este caso. Para defenderme aprender algo de alemán a través del método Alemán y con un tono crítico y teñido de un humor negro envidiable comienza a ser uno consciente de que el camino emprendido no es precisamente de rosas

En la despedida nuestra mejor amiga lloraba, mi mujer también, y mi hijita que tenía doce años me decía:

- "Papá vámonos de Zamora" . "Los indigentes viven mejor que nosotros"

Mi hijo en aquel entonces tenia ocho años, vendimos nuestro coche por mil doscientos euros; todo el capital que llevaba para irme a un país extranjero. Pero el mayor capital que llevaba era el optimismo, mi fe en mi mismo, y mi confianza en Dios. Mi vida se desarrolla lo mismo que la de los animales: comer, dormir y trabajar, diversiones no hay. Acostumbrado a los guisos de mi tierra. la comida alemana nunca me ha gustado

Nos damos cuenta de lo que vale nuestra terriña y de la barbaridad que hicimos al salir de ella, pero por no pasar vergüenza, sufrimos y aguantamos, si no tan pronto llegamos a ésta nos volveríamos la mayoría

Por mi parte, en la emigración he ido cambiando mucho, llegué acostumbrado a la vida de España, a la tertulia con los amigos y a paseos con mi mujer y mis hijos por la calle Santa Clara de Zamora. Aquí, en cambio, debido a que la sociedad alemana no te “admite”, me veo obligado a hacerme mucho más hogareño. Comienzo a leer libros y ensayos con ordenador, cosa que no formaba parte de mis hábitos en mi Zamora natal.

Los emigrantes muchas veces mostramos una imagen de triunfadores, a la que nos une un trabajo seguro en Europa: lo importante es exhibir ante nuestros paisanos los signos externos de nuestra nueva posición social . A lo que el emigrante nunca hace referencia, es a lo mal que lo pasamos y lo estamos pasando. a las marginaciones que sufrimos, a la dureza del trabajo que realizamos.

Nuestra capacidad de adaptación a un medio hostil o al menos poco comprensivo, resulta admirable. Medio en el que tenemos que enfrentarnos además, con prejuicios culturales y racismo que obstaculizaban el alquiler de viviendas, o el trato con los nativos que simplemente, nos relegan a la condición de ciudadanos de última clase.

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