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Opinión: ¡“Cuidado Con Los Humanos”…!

Educar el deseo o pena de muerte

Por Marta Miguel García

jueves 10 de enero de 2019, 01:58h

10ENE19 – ZARAGOZA.- Antes de que terminara 2018, la muerte de una profesora zamorana invadió de dolor la mayoría de la opinión pública. La causa de la muerte de Laura Luelmo no fue la locura o una enfermedad mental. La causa ha sido una enfermedad crónica llamada machismo, la cual implica, entre otras cosas, una cultura de la violación con la que convivimos todas, sufriéndola, a diario.

Se ha educado a los hombres como si existiera para ellos el derecho a mantener relaciones sexuales. Y subrayo el término “derecho” porque es muy grave que esta idea exista en el imaginario colectivo, como si fuera equiparable al derecho a una vivienda. Ellos han de poder mantener relaciones sexuales cuándo, dónde, cómo y con quién quieran. Lo demuestran sus pensamientos, sus actitudes, sus hechos e incluso cómo increpan a mujeres que no quieren acostarse con ellos y un largo etcétera.

El desencadenante de que Laura hoy esté muerta fue desear violarla. Y esta causa nos parece, como sociedad, de lo más normal. Si no nos pareciera normal gran parte de la ciudadanía no estaría desviando la atención hacia medidas punitivas sino hacia las causas que provocan crímenes de este tipo. No nos asombramos de que un hombre se crea con pleno derecho a utilizar la fuerza física para mantener sexo con una mujer. Si nos asombráramos, intentaríamos paliar este delito. Pero no lo hacemos. Centenares de personas pidieron y siguen pidiendo en los días sucesivos al crimen, la cadena perpetua, prisión permanente revisable o incluso pena de muerte. Una vez más no se pone el foco en la causa, ni en proteger a las potenciales víctimas que somos la mitad de la población. Se pone el foco en la venganza y en resarcir la rabia en primera persona. A ninguna mujer asesinada les va a devolver la vida implantar la pena de muerte. Pero muchas vidas que hoy sí respiran pueden ser salvadas si de veras se comienza a educar en igualdad, en feminismo. Si de verdad empezamos a penetrar esa roca maciza denominada cultura de la violación que está a cientos de metros de profundidad en nuestra sociedad.

La autopsia reveló que Bernardo Montoya agredió sexualmente a Laura antes de morir. Él mismo terminó por confesarlo. Sin embargo, salvo compañeras y aliados feministas, nadie se cuestiona cómo estamos educando el deseo masculino. Él, ese hombre, deseó sexo con Laura y premeditadamente puso todos los medios a su alcance para lograrlo. Aún así, la sociedad sigue dividida en dos: un bloque pide prisión permanente revisable, pena de muerte, cadena perpetua, el otro bloque pide más educación, más igualdad. El primero pone el foco en el fin del crimen, el segundo centra sus fuerzas en anticiparse a ese crimen. ¿Pena de muerte o feminismo? Si hacemos una radiografía social de los dos bloques mencionados podemos observar que los que hoy claman penas más duras son los que de forma habitual dejan al feminismo de lado, los que le tienen alergia e incluso en petite comité un poco de asco. Basta recordar a miembros del Partido Popular sin querer sumarse el pasado 8 de marzo a la huelga convocada, mofándose incluso y hablando de “huelgas a la japonesa”, basta recordar sus recortes en partidas destinadas a mermar la violencia de género, basta recordar a Vox hablando de “ideología de género”, de denuncias falsas y queriendo recortar dinero destinado a paliar la lacra del machismo. De la misoginia de estos discursos aparecen entre matorrales cadáveres como el de Laura Luelmo. Y así, con letanías plenas de odio como las de engendros como Santiago Abascal, parte de la sociedad eleva la voz:

“Pena de muerte” pronuncia Juan mientras mira en su chat de amigos de whatsapp como un hombre le da un “pollazo” (siento la expresión, es la jerga de estos grupos) a una mujer en la cara, ante emoticonos de risas de sus amigos. “Pena de muerte” defiende Pedro mientras aparca el coche en un descampado aledaño a un puticlub donde la mayoría de mujeres explotadas dentro son víctimas de trata. “Pena de muerte” dice Alberto mientras comenta cómo a la compañera nueva de la oficina le estiraría del pelo haciéndole esto o aquello. Las risas de sus contertulios amenizan su pormenorizada descripción. “Pena de muerte” dice Pablo, mientras en facebook llama guarra a una mujer por subir una foto sin depilarse, como si los cuerpos de las mujeres y las decisiones sobre ellos le perteneciesen a él y a sus congéneres. “Pena de muerte” opina Rafa mientras sonríe cuando la profesora de su hijo de 11 años le alerta del consumo de pornografía a través del móvil. “Son cosas de críos piensa”. Aunque la pornografía mainstream se base en vejar y humillar a la mujer, en tratarla como a un objeto. “Pena de muerte” dice Iván mientras le paga cinco euros a la mujer agachada entre sus piernas en la casa de campo. “Pena de muerte” dice el que inaugura un burdel con muñecas sexuales que incitan a la violación .

“Pena de muerte” dice Fran mientras busca en un canal porno la violación a la chica de San Fermín en 2016. “Pena de muerte” mientras España es el país cuya primera búsqueda en los principales canales de pornografía tiene que ver con violaciones. “Pena de muerte” dice Jaime mientras difunde vídeos de la última chica con la que mantuvo relaciones sexuales sin su consentimiento. Porque si triunfa uno, triunfan todos. “Pena de muerte” balbucea Ricardo mientras defiende que los anuncios publicitarios no son sexistas y que no se cosifica a la mujer. Que eso no tiene nada que ver con lo que le ha sucedido a Laura Luelmo. Mientras tanto, si recopilamos los anuncios más sexistas de este siglo nos encontramos con esto.

Por poner algunos ejemplos: Ford (2013) luce a un Berlusconi sonriente que tiene a varias chicas maniatadas y amordazadas en el maletero de su coche. Jimmy Choo para anunciar unos zapatos, muestra a una chica inconsciente en un maletero y a su lado un hombre con una pala cavando en el desierto. Dolce y Gabanna (2007) para anunciar ropa simula una violación cuatro contra una. Reitero el “contra”, porque algo que diferencia el sexo deseado de las violaciones es esa preposición: con o contra. Aunque éstos últimos no son muy originales, Calvin Klein hace lo mismo para vender unos vaqueros: someter a una chica entre tres hombres. Tres contra una nuevamente. Y para finalizar esta pequeña muestra, mi preferido, Duncan Quinn, anunciando corbatas, un hombre utiliza una corbata para arrastrar a una chica del cuello sobre el capó de su coche.

¿Qué pensaríamos si en todos los anuncios anteriores las víctimas fueran bebés y niños? ¿Lo veríamos igual de normal? Tal vez esta sociedad está tan podrida y tan enferma, que en el maltrato a la mujer ya ni sabe discernir. Todo son bromas, todo hace gracia. Siempre hay un chiste de odio machista que encuentra la carcajada enfrente.

Pena de muerte pronuncian los que son bizcos, los que padecen ceguera cultural e intelectual, los que todavía no han visto cómo normalizamos a diario, todos los días en cualquier lugar del mundo actos cotidianos en los que los cuerpos de las mujeres son propiedad de los hombres. Para su uso y consumo. Quizás es hora de comenzar a educar el deseo masculino, de que su deseo no sea nuestra destrucción, de que su deseo no sea nuestro final, de que su deseo no sea nuestra muerte.

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