Cualquier noticia debe responder a cinco preguntas básicas: quién (Who), qué (What), dónde (Where), cuándo (When) y por qué (Why). Diarios de referencia mundial como The New York Times o Financial Times mantienen este esquema como un sello de garantía, especialmente en sus exclusivas. Identificar estos datos permite al lector distinguir la información real de la simple especulación y la información de la opinión.
Recientemente, un importante periódico español ha dedicado la portada de su edición impresa a una exclusiva de alto impacto: el supuesto asesoramiento secreto de Paco Salazar a la campaña de Pilar Alegría en Aragón. La noticia ha irrumpido precisamente en el último día de campaña. El Partido Socialista ha calificado la noticia de bulo de forma inmediata.
Más allá de la veracidad del contenido, que el tiempo confirmará o desmentirá, la pieza presenta carencias técnicas evidentes. Al analizar el texto bajo el prisma de las cinco W, se observa que faltan elementos esenciales. La noticia omite el dónde y el cuándo se produjeron esos contactos y con quién se realizaron las gestiones mencionadas.
La ausencia de estos datos básicos sugiere una falta de contraste previo a la publicación. Esta situación se agrava al observar la proximidad ideológica del medio con el partido que sustenta al Gobierno aragonés. Tal coincidencia levanta sospechas legítimas sobre si estamos ante una información periodística o ante una operación de propaganda política en el cierre de las urnas.
El sistema judicial actual ofrece pocas garantías en estos casos. Si la justicia desestima las demandas de los afectados, suele hacerlo amparándose en la libertad de expresión, incluso si los datos carecen de rigor. Si finalmente hay una condena, la sentencia llega mucho después de conocerse los resultados electorales. Además, las indemnizaciones económicas suelen ser mínimas, resultandos fáciles de compensar mediante el flujo de publicidad institucional.
Esta forma de proceder tiene un efecto negativo sobre la profesión. El periodismo pierde su función social cuando se convierte en una herramienta de agitación. Si la noticia sobre Salazar y Alegría es cierta, el medio responsable tiene el deber de aclarar los datos que faltan para cumplir con el estándar de Thomas Wilson. De lo contrario, solo queda el ruido y la erosión de la confianza ciudadana en los medios de comunicación en general y no solo en el periódico señalado.