La investigación sitúa a las hechiceras como sujetos activos dentro de un espacio urbano diverso y dinámico, modelado por la intensa movilidad poblacional que supone el intercambio con Indias. Estas prácticas funcionaron como estrategias simbólicas para negociar con fuerzas del más allá afectos, placer y estabilidad económica en un contexto social restrictivo por boyante que pareciera que era el comercio con Indias. Intentaban conseguir lo que la suerte no les había proporcionado ni tampoco el esfuerzo personal recurriendo a fuerzas oscuras, lejos de la ortodoxia. Los testimonios inquisitoriales permiten la reconstrucción de aspectos de la vida cotidiana, revelando las tensiones entre la norma moral y la práctica social.
Movimiento poblacional
El siglo XVII supuso una transformación demográfica notable a causa del flujo constante de gente a través del puerto de Sevilla, al que llegaban procedentes de toda la Península, sobre todo Extremadura. La ciudad de Sevilla y las portuarias de Indias, se convirtieron en un nodo multicultural en el que convivían europeos, africanos, indígenas y mestizos, la simbiosis cultural se da más en Indias, en España el estatus de negros e indios sería sobre todo como esclavos y servicio, alrededor del tráfico esclavista construyeron algunos todo un imperio económico.
El entorno favoreció el entrecruzamiento de identidades y prácticas culturales, situando a las mujeres ante una triple subordinación: por género y por posición social o étnica, por estatus cultural.
El modelo femenino imperante y promovido desde la metrópoli asignaba a la mujer la gestión del hogar, garantizar la legitimidad y cuidado de los hijos y servir al marido. Pero, la vida real en Indias abría la posibilidad de establecer relaciones afectivas informales y extramatrimoniales, generando conflictos con el orden moral defendido por la Iglesia.
La hechicería emergió como práctica que daba a las mujeres un medio para intervenir en sus relaciones personales y asegurar recursos emocionales o materiales.
Hechicería como estrategia
Estrategia tanto cultural como social pues los documentos inquisitoriales revelan la amplia difusión de las prácticas heréticas y nigromantes entre mujeres de diversos estratos sociales. Tanto descendientes de familias nobles o aristócratas como gitanas y esclavas de origen africano, recurrían a conjuros diversos para resolver necesidades afectivas o económicas y esta transversalidad indica que la hechicería no era un fenómeno marginal, sino más bien una práctica integrada en la vida rural y urbana.
Aunque la Inquisición consideraban la magia un pacto con el demonio y perseguía estas prácticas, su evidente persistencia del valor simbólico y funcional de estas mujeres. Los conjuros eran recursos culturalmente validados, a pesar de su sanción legal y eclesial.
Prácticas y significados de los conjuros
La documentación nos informa de fórmulas verbales, objetos y rituales orientados a atraer, retener o recuperar la atención de un amante o cónyuge, para conseguir dinero o cualquier otro deseo. Estas acciones respondían a contextos de abandono, soledad o competencia afectiva y hablaban de incultura puesto que los conjuros venían de prácticas cabalísticas judías que las llamadas brujas conocían solo de oídas, las malinterpretaron y mezclaron “la velocidad con el tocino”, pasando de una incipiente ciencia a mezclar elementos heterodoxos que cada cual componía a su aire, aunque muchos conjuros son comunes en muy diversas zonas de la geografía española e hispanoamericana e incluso europea, precisamente por ese sincretismo del que hablábamos antes.
La sexualidad y el amor se circunscribían al ámbito matrimonial, los conjuros actuaban como herramientas alternativas de negociación o contratación. Estos actos simbólicos ofrecían un margen de actuacióna frente a las normas sociales establecidas, contra la ortodoxia y también contra las desigualdades sociales y de poder.
Hechicería como mediación cultural
Las hechiceras combinaban saberes de origen europeo, indígena y africano, en España e Indias, desempeñando un papel como mediadoras culturale, adaptando y transmitiendo conocimientos que circulaban entre distintos grupos y estamentos sociales.
Su rol ambivalente refleja su relevancia social. Eran rechazadas por la Iglesia y la Inquisición, pero eran buscadas y requeridas por quienes creían necesitar sus servicios, incluso existen casos de algún considerado brujo sacerdote. Estas prácticas sostenían toda una red activa de intercambios simbólicos, culturales y económicos.
Hechicería amorosa y movilidad social
La hechicería o la brujería buscaban producir efectos concretos y más o menos inmediatos. La viudez representaba un riesgo de descenso social, heredaban los hijos y la mujer generalmente quedaba en la indigencia si es que no tenía patrimonio propio. La pérdida del marido significaba restricciones sexuales y económicas, razón por la cual la brujería se vio como una ventana abierta a un horizonte nuevo. También gitanas, mulatas o mestizas conseguían, a veces, mejorar su situación mediante relaciones con hombres de una posición más holgada. También se usaban los conjuros para intentar dar estabilidad a las relaciones.
Simbología y significados
Los elementos utilizados en los conjuros respondían a una lógica simbólica: cabellos, prendas, alimentos, la supuesta magia se basaba en la transferencia de propiedades entre objeto y sujeto.
El sincretismo religioso era evidente pues las oraciones cristianas se mezclaban con otros elementos, imágenes de santos o agua bendita, elementos judíos o elementos más oscuros, como el recurso a uso de ropa o miembros de cadáveres que se integraban en los rituales.
Estas acciones no eran solo actos supersticiosos, también encarnaban una forma de expresión que articulaba necesidades emocionales, espirituales y materiales, sobre todo materiales, son muchas las mujeres que declaran ante los tribunales inquisitoriales haber hecho conjuros o haber pronunciado palabras engañando a sus clientes por necesidad, no porque creyesen en la efectividad de lo que hacían.
Hechicería como forma de actuación femenina
En una estructura social hecha por y para el hombre, patriarcal, limitante de la autonomía femenina, la hechicería funcionó como un recurso de actuación en el mundo. Ofrecía a las mujeres márgenes de maniobra en un orden legal que les restringía el acceso al poder formal incluso si se trataba de sus propios bienes. El conocimiento mágico confería poder simbólico, pero la intención, la energía, la fe, estaba puesta en la negociación de afectos, fidelidad o recursos económicos o materiales.
Mujeres de distinta condición social, nobles, aristócratas, pueblo llano, criollas, esclavas, recurrieron a estas prácticas para influir en su entorno afectivo y económico.
Persecución
La persecución de la hechicería no fue solo religiosa, sino también política. Para el poder, los rituales representaban una amenaza al orden establecido, descolocaban las jerarquías, ya fuesen afectivas, económicas y/o sexuales. La represión no eliminó estas prácticas, sino que las hizo más resistentes y sincréticas, las mantuvo en el silencio, ocultas, aunque ciertamente disminuyeron de forma considerable, pero de que persistieron tenemos muestras abundantes contemporáneamente.
La documentación demuestra que estas prácticas sobreviven como resistencia cultural.
El estudio de la hechicería permite comprender cómo las mujeres construyeron formas alternativas de actuación en un contexto restrictivo, al margen de la legalidad, de la moralidad.
La documentación del Santo Oficio revela la complejidad de las redes femeninas al márgen del poder, de la legalidad, la bruja puede actuar sola pero generalmente tiene una red en la que ha aprendido, tiene apoyo e incluso ella misma ha enseñado, red que se descubre cuando declaran en los interrogatorios inquisitoriales, sosteniéndose así un orden social informal, resistente, resiliente, más allá de la superstición, fue la brujería una herramienta de acción individual y colectiva en una sociedad profundamente jerarquizada, la sociedad estamental, pero también se dará cuando la civilización pasa a la sociedad de clases e incluso llega a nuestros días.
Fuentes primarias
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Archivo Histórico Nacional (AHN), Sección Inquisición. Madrid, España.
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Archivo General de Indias (AGI), Sección Contratación. Sevilla, España.
* María del Carmen Calderón Berrocal - Dra. Historia, Academia Andaluza de la Historia, correspondiente por Extremadura, Cronista Oficial de Cabeza la Vaca, Secretaria Canciller de ACROEX y miembro de RAECO