Es emocionante vernos todos tan jóvenes y tan alegres. Esas fotos son el recuerdo del pasado, de un pasado maravilloso e inefable. Aparecen en él el Roque Nublo, el Teide, el Valle de la Orotava, las Cañadas del Teide y el Parador nacional de las cañadas del Teide.
Son tiempos que ya no volverán, pues son patrimonio del pasado, de nuestro pasado; yo puedo contemplar estos vestigios del pasado como fueron las pirámides de Egipto y el Santuario de Petra, porque tengo 83 años, que son ya muchos años.
Cuando contemplo de tarde en tarde las fotografías, me parece algo imposible e impensable, pero están ahí y son testigos de una realidad vibrante que ya ha desaparecido, son testigos del pasado de un pasado inolvidable y por si se olvidara ese pasado ahí están las fotos.
Oigo el murmullo mareante e implacable de la placita de Cristino Martos, abarrotada de consumidores y de clientes aprovechando las últimas horas del verano, pues estamos terminando septiembre y sigue haciendo un calor inusual y de muerte, testigo de lo que ya es el presente, la realidad inescrutable del cambio climático, el fuego que cae de cielo como anuncia el libro del Apocalipsis de San Juan.