La composición, de 50 metros de ancho y 40 de altura, reinterpreta el lenguaje arquitectónico hispanomarroquí del pabellón de 1929 y lo enlaza con el universo literario del 27 mediante una cuidada simbología en la que destacan la luz, la cerámica, las estrellas y el albero como elementos de identidad sevillana.
Con esta portada . Sevilla convierte la entrada al Real en un gran símbolo de su memoria histórica y cultural, proyectando hacia el futuro el legado de una ciudad donde patrimonio, literatura y tradición festiva vuelven a encontrarse bajo un mismo cielo.