Una partida bautismal atribuida a su nombre señala el 12 de noviembre de 1531, pero fue desestimada como errónea: corresponde a otro “Benito, hijo de Juan Arias molinero”, y fue identificada como equivocada por contradicciones documentales. Estudios posteriores con base en su propio testamento y declaraciones personales oscilan entre años entre 1525 y 1528, pero sin fecha precisa. A pesar de esas variaciones, se considera que: nació en Fregenal de la Sierra (Badajoz), entre 1525 y 1527, siendo 1527 el año más probable.
Benito Arias Montano, figura emblemática del Renacimiento hispano, destacó por la amplitud de sus intereses y actividades. Poeta, anticuario, médico, naturalista, bibliófilo, filólogo políglota y hebraísta, encarnó el ideal humanista de su tiempo.
Su pensamiento se vertebró en torno a una convicción esencial: la Biblia constituye el “libro de los libros”, en el que se encuentran contenidos pasado, presente y futuro.
Esta concepción, heredada de la cosmovisión judía y asumida por el cristianismo, otorgaba a la lengua original de las Escrituras un carácter sagrado, como medio privilegiado de comunicación divina.
El conjunto de su obra e intereses se articula a partir de esta premisa. Entiende el papel del lenguaje como instrumento que nombra y ordena toda la realidad, potestad concedida al ser humano desde el relato del Edén.
La vocación intelectual de Arias Montano se manifestó desde su infancia en Fregenal de la Sierra y se consolidó en Sevilla, donde se formó académicamente. Posteriormente adoptó el apelativo “Hispalensis” en sus obras, publicadas en la prestigiosa imprenta de Cristóbal Plantino.
El entorno familiar parece haberle proporcionado recursos económicos suficientes para sostener su formación y actividades, permitiéndole gozar de una relativa independencia que se mantendría a lo largo de su vida.
Su erudición lo convirtió en figura destacada en el ámbito teológico y bíblico, participando incluso en el Concilio de Trento. Su dominio de lenguas antiguas —latín, hebreo, arameo, caldeo y árabe—, favorecido posiblemente por ascendencia judeoconversa, le abrió las puertas a proyectos de gran envergadura, como la dirección y edición de la Biblia Políglota de Amberes por encargo de Felipe II.
El apoyo real fue determinante para proteger sus investigaciones frente al recelo inquisitorial hacia los conversos. A ello se sumaban sus títulos académicos y su reconocimiento internacional, así como su pertenencia a la Orden de Santiago. Felipe II le encomendó además la organización y dirección de la Biblioteca de El Escorial, tarea que desempeñó hasta poco antes de su muerte.
La formación y red de contactos de Arias Montano se nutrieron de sus estancias en ciudades clave como Amberes y Roma, centros neurálgicos del comercio de libros y de la erudición humanista. Mantiene vínculos con figuras como Erasmo, Plantino, Guillermo Postel y Guy Le Fèvre de la Boderie, colaborador en la Políglota. Sus relaciones abarcaron también un amplio círculo de intelectuales españoles, entre ellos su discípulo Pedro de Valencia y su amigo Fray Luis de León.
A lo largo de su trayectoria, alternó periodos en Sevilla, vinculándose con el puerto de Indias y mostrando interés por el Nuevo Mundo y sus exploradores. Su carrera académica incluyó estudios en Alcalá de Henares y Salamanca, donde obtuvo títulos en Artes, Filosofía y Teología.
En 1562 participó en el Concilio de Trento, consolidando su prestigio como teólogo. En 1568 fue nombrado responsable de la edición de la Biblia Políglota de Amberes, culminada en 1573. Pese a las controversias que esta obra suscitó —incluyendo denuncias ante la Inquisición—, el apoyo de Felipe II resultó decisivo para su exoneración y su posterior nombramiento como bibliotecario real.
Aunque desempeñó con rigor esta función, consideraba que su talento podía aplicarse mejor a otros proyectos. Sin embargo, desarrolló aportes significativos como el programa iconográfico de la biblioteca escurialense, impregnado de simbolismo.
Su producción intelectual es vasta y abarca comentarios bíblicos, estudios lingüísticos, tratados teológicos, obras poéticas y reflexiones sobre filosofía natural. Destacan la Biblia Sacra Hebraice, Chaldaice, Graece et Latine (1569-1573), conocida como Biblia Políglota de Amberes; Communes et Familiares Hebraicae Linguae Idiotismi (1572); De Optimo Imperio, sive in Librum Iosue Commentarium (1583); Elucidationes in Quatuor Evangelia et in Acta Apostolorum (1575); y Commentaria in Isaiae Prophetae Sermones (1599).
Arias Montano abordó además un ambicioso proyecto al que denominó Liber Generationis et Regenerationis Adam, sive de Historia Generis Humani, concebido en tres partes: Anima (1593), Corpus (1601) y una tercera sección titulada Vestes, que no llegó a redactar.
En el ámbito poético, su Poemata in Quattuor Tomos Distincta (1589) recoge composiciones latinas en la tradición horaciana. Asimismo, su Rhetoricorum Libri Quattuor (1569) representa un aporte significativo a la enseñanza de la retórica.
Entre sus obras destaca también De Arcano Sermone, frecuentemente comparada con De los Nombres de Cristo de Fray Luis de León, por su reflexión sobre el lenguaje sagrado.
El Apparatus de la Biblia Regia incluye un conjunto de tratados sobre instituciones judías, arquitectura bíblica y simbolismo del Templo de Salomón, enriquecidos con ilustraciones, mapas y planos que reflejan concepciones cosmológicas vinculadas a proporciones numéricas y armonías universales.
En sus Commentaria in Unum et Triginta Priores Davidis Psalmos (1605), Montano ofrece un enfoque singular a la exégesis, caracterizado por su brevedad, claridad y ausencia de referencias explícitas a autoridades eclesiásticas, centrando su análisis en la coherencia interna de las Escrituras. Su método combina observaciones lingüísticas, referencias a la cultura hebrea y comparaciones intertextuales, mostrando un equilibrio entre erudición y accesibilidad.
La obra de Arias Montano, escrita en su mayoría en latín, refleja la síntesis de humanismo renacentista, teología cristiana y erudición filológica, proyectando su influencia más allá de su tiempo y dejando un legado significativo en la historia intelectual de España.
Su obra De Arcano Sermone ha sido ampliamente estudiada, especialmente en comparación con De Los Nombres de Cristo de Fray Luis de León.
En el Apparatus de su Biblia Regia dedicó diez tratados a las instituciones judías y a las construcciones bíblicas, incorporando ilustraciones, algo que ya había hecho en ediciones previas de sus libros. Lo particular es que estas ilustraciones consisten en mapas y planos de Palestina y del mundo contemporáneo a él. Además, se enfocó en el Templo de Salomón, un tema central en su tiempo y estrechamente relacionado con las cifras de Pitágoras y las escrituras bíblicas —un interés compartido también por el jesuita J. Villalpando, con quien Arias tuvo contacto, aunque sus ideas diferían—. Según creían, el Templo, al igual que el Arca (su versión condensada y móvil, similar al tabernáculo), contenía las medidas, proporciones y armonías del cosmos, simbolizándolo. En el análisis Del Arca del Templo. La Cadena ejemplar de Prototipos Sagrados de B. Arias Montano, Antonio Martínez Ripoll indica que en Nehemías, Arias describe la topografía de la antigua Jerusalén apoyándose en un detallado plano de su territorio y trama urbana, centrado en el diseño del Templo, similar a los planos elaborados por arqueólogos y artistas renacentistas para las obras Mirabilia Romae o Vestigia antiquitatis. En Exemplar examina la historia y disposición de tres construcciones hebreas consideradas divinas, reconstruyendo sus planos arquitectónicos en un conjunto de dibujos titulado Librum de Sacris Fabricis legi B.A.M. compositus est, formado por diez láminas con plantas, elevaciones, secciones, perspectivas y detalles decorativos, más una lámina adicional con el mobiliario cultural. En Aaron comenta sobre la vestimenta sagrada, ilustrando a un sumo sacerdote con sus ornamentos y accesorios ministeriales. En Thubal-Cain, acompañado de una lámina del siclo de plata escurialense, examina el complejo sistema hebreo de pesos, medidas y monedas, base metrológica de las construcciones bíblicas. Sin imágenes, en Ieremiae estudia el lenguaje de las manifestaciones divinas, y en Daniel aborda el cálculo de los tiempos sagrados.
Además, no todo en esta obra es análisis textual y racionalismo histórico. Por el contrario, Arias Montano aprovechó para presentar sus especulaciones teóricas sobre arquitectura. Destaca que el estudio principal lleva como lema la palabra "exemplar", en lugar de un nombre bíblico, indicando su adhesión a la doctrina platónica de las ideas, probablemente influenciada por el sincretismo de Séneca, el ejemplarismo de San Agustín y el neoplatonismo místico de Ficino y Pico della Mirandola, aunque con una orientación aristotélico-escolástica que interpreta el concepto "exemplar" en clave teológica.
Como se mencionó anteriormente, en 1605 se publicó su traducción y comentario de los primeros 31 salmos de David. María Asunción Sánchez Manzano, traductora y crítica de esta obra, señala que este libro, titulado In XXXI Psalmos priores commentaria y publicado póstumamente por Pedro de Valencia, no es un comentario más ni una obra escolástica tradicional. Se distingue porque asume la tradición sin citarla explícitamente; no menciona a comentaristas previos, ni a los Padres de la Iglesia ni a Aristóteles, como era común en su época. Solo recoge citas de las Sagradas Escrituras y de autores clásicos como Horacio, Virgilio, Persio, Juvenal, Lucrecio, Plinio el Viejo y Sófocles. Busca comprender la revelación en su totalidad, creyendo que la verdad se refleja de manera unitaria e indivisible a través de distintos textos.
Parece que el autor creó un comentario breve y accesible para cualquiera que supiera latín. La extensión de cada capítulo varía según el número de versículos de cada salmo, pero mantiene un propósito de concisión. En sus explicaciones intercala ocasionalmente conocimientos de medicina, historia natural y, con menor frecuencia, astronomía; aunque lo predominante es la comparación interlingüística, mostrando cómo cada lengua expresa el sentido, al tiempo que revela el contexto cultural en que fueron escritos los salmos, dada su profunda comprensión de la civilización hebrea antigua.
Un ejemplo de este amplio trabajo es que para los primeros 31 salmos se necesitan dos volúmenes, aunque la edición sea bilingüe. En el comentario al Salmo XV, 7: "Bendeciré al Señor, que me ha concedido la comprensión; aun de noche me han reprendido mis riñones", se explica, además de notar su tono irónico o humorístico, que tiene un doble sentido, teniendo en cuenta que la escuela platónica definía el alma como una combinación numérica sometida a movimiento, que durante el día se ocupa del conocimiento y por la noche regula la nutrición. Por ello, los sentidos permanecen inactivos durante la noche y activos durante el día. Así como la filosofía sagrada sitúa la sede del pensamiento y la decisión en el corazón, la ciencia sagrada señala a los riñones como la fuente de los afectos ligados al cuidado y placer corporal. Por esta razón, en los sacrificios animales, ambas partes deben ser entregadas al fuego del altar para su consumo. Cristo reconoce y agradece que tanto su ánimo pensante como su alma viviente —las partes superiores del ser humano— le han sido concedidas...
La cantidad y variedad del material generado por este hombre es muy amplia y de una riqueza que justifica un análisis minucioso de su obra. Probablemente, si se abordara desde una perspectiva teosófica o esotérica, algo que hasta ahora no se ha explorado suficientemente, se podrían descubrir nuevos matices en su producción literaria.
En ocasiones, su obra parece tener un carácter exclusivamente piadoso, moral o apologético, ámbitos que se limitan al plano religioso sin llegar a ser metafísicos, por lo que nunca se le atribuiría un enfoque cabalístico. Tuvo el arte de tratar temas sin tratarlos directamente, en una época marcada por la Contrarreforma y la vigilancia constante de la Inquisición, que se encargaba de eliminar sin contemplaciones cualquier interpretación no autorizada de la Vulgata de San Jerónimo. Quienes se apartaban de la ortodoxia eran vistos como sospechosos de protestantismo y en el caso de Arias Montano, había además la sombra de su origen como judío converso o marrano, por más que llegara a formar parte de la exclusiva Orden de Santiago. Si hubiera tocado temas considerados sospechosos por la Iglesia, su vida hubiese peligrado aun con el favor de Felipe II protegiéndole.
Esta situación sin duda le forzó a ocultar sus posibles especulaciones cabalísticas y a mostrarse siempre como un cristiano devoto sin apartarse en absoluto de la ortodoxia. Su condición de clérigo y su prestigio como latinista reconocido en Europa le proporcionaron una imagen de sabio que, sumada a otras precauciones, le permitió dedicarse mayormente a la traducción y comentario de los textos bíblicos hebreos al latín.
Al leer sus escritos, lo primero que se percibe es el papel del “doctor”, propio de su formación universitaria, aunque detrás de este formalismo y respetado disfraz para los no iniciados, se revelan inquietudes y conocimientos que superaban ampliamente los estándares de su época.
Arias Montano tuvo que desempeñar el delicado y complicado papel de vivir el Conocimiento en un entorno hostil y siempre amenazante. Estuvo en un constante equilibrio precario, al filo de la navaja, asediado por ambas partes —como también le sucedió a fray Luis de León— que lo veían alternativamente como un traidor, tanto desde el lado judío como desde el cristiano.
Esta situación refleja la condición límite del mediador, figura que rara vez satisface a ninguno de los bandos y cuyo destino puede ser una amarga soledad, especialmente cuando se trata de asuntos religiosos. Arias Montano sostenía que cualquier incompatibilidad entre cristianismo y judaísmo es falsa, ya que consideraba al Antiguo Testamento como una parte esencial de la Teología Cristiana, algo que ilustra de manera paradójica y ejemplar.
En 1570, Arias Montano firmó el prólogo del Index de libros prohibidos por la Iglesia; sin embargo, tras su muerte, sus propias obras fueron incluidas en el Index romano de 1607, lo que obligó a su discípulo Pedro de Valencia a salir en su defensa.
*María del Carmen Calderón Berrocal, Dra. Historia. Ciencias y Técnicas Historiográficas, Correspondiente por Extremadura en Academia Andaluza de la Historia, Cronista Oficial de Cabeza la Vaca. Secretaria Canciller de la Asociación de Cronistas de Extremadura y miembro de la Real Asociación de Cronistas de España