Bibi le devolvió el cumplido al decirle que “has demostrado una y otra vez lo que he dicho muchas veces. Eres el mejor amigo que Israel ha tenido en la Casa Blanca. Tu liderazgo en el extranjero está cambiando el mundo para mejor, poniendo fin a las guerras y promoviendo la paz. Creo que hoy estamos dando un paso crucial, tanto para poner fin a la guerra de Gaza, como para sentar las bases para un avance drástico de la paz en el Próximo Oriente. Apoyo tu plan para poner fin a la guerra, que cumple nuestros objetivos; traer de vuelta a los rehenes, desmantelar las capacidades militares de Hamas y asegurar que Gaza nunca vuelva a ser una amenaza para nosotros” Tuvo que tragarse un sapo cancionero al tener que llamar por teléfono -ante la amistosa presión de Trump- al emir de Qatar, para pedirle disculpas por haber bombardeado su país, aunque sin mala intención, porque solo pretendía cargarse a la cúpula negociadora de Hamas que estaba negociando una propuesta “trumpiana” en su capital de Doha. Tan favorable debe ser el plan para Israel, que Netanyahu se tragó su orgullo luciferino y le presentó sus excusas.
Plan de Paz de Trump
El plan consta de 20 puntos de distinta consistencia, unos mejores que otros. Comienza con la afirmación voluntarista de que “la franja de Gaza será una zona
desradicalizada libre de terror, que no constituya una amenaza para Israel y para sus vecinos”, y enuncia los siguientes compromisos para lograr la la paz y la estabilidad internacional en la región. Los más relevantes son los puntos 3, 4, 5, 7, 9, 12, 13, 15, 16 y 19. Los demás son más bien declaraciones buenistas de escaso contenido concreto.
2.-El Plan se desarrollará en beneficio del pueblo de Gaza, que tanto ha sufrido.
3.-Si las partes están de acuerdo, la guerra terminará de inmediato. Las fuerzas israelitas se retirarán a la línea acordada -¿cuál?- para preparar la entrega de los rehenes. Durante ese tiempo, todas las operaciones militares -incluidas las de artillería y los bombardeos- se suspenderán y se congelarán los frentes de batalla hasta que se reúnan las condiciones para la retirada completa prevista -¿por quién?-.
4.-Dentro de un plazo de 72 horas a partir de la aceptación del acuerdo por Israel, todos los rehenes -vivos o muertos- serán devueltos.
5.-Una vez que los rehenes hayan sido entregados, serán liberados 250 palestinos condenados a cadena perpetua y 1.700 gazatíes detenidos con posterioridad al 7 de octubre de 2023, incluidos todos los niños y mujeres en esa condición.
6.-Una vez devueltos los rehenes, los miembros de Hamas que se comprometan a una coexistencia pacífica y a entregar sus armas serán amnistiados. A los que deseen abandonar Gaza, se les proporcionará salvoconductos que aseguren su llegada a los países de acogida.
7.-Tras la aceptación del Acuerdo, toda la ayuda humanitaria prevista entrará de inmediato en la franja y se rehabilitarán las infraestructuras -agua, electricidad, alcantarillado- los hospitales y las panaderías. También llegará el equipo necesario para retirar los escombros y abrir las carreteras.
8.-La distribución de la ayuda se realizará, sin interferencias de las partes, por la Luna Roja y otras instituciones internacionales no asociadas a las partes. Se abrirá el puesto fronterizo de Rafah.
9.-Gaza será gobernada por un Comité apolítico integrado por tecnócratas palestinos cualificados y expertos internacionales -liderado por Tony Blair-, que gestionará los servicios públicos y municipales ordinarios, bajo la supervisión de un Comité de Paz, presidido por el propio Trump y formado por otros jefes de Estado. Este organismo establecerá el marco institucional y manejará la reconstrucción de Gaza hasta que la Autoridad Nacional Palestina(ANP) haya completado su programa de reformas y pueda recuperar el control de Gaza segura y eficazmente.
10.-Se adoptará un Plan económico para reconstruir Gaza mediante un panel de expertos que hayan contribuido al moderno milagro en ciudades del Medio Oriente.
11.-Se establecerá una zona económica especial con tarifas preferentes.
12.-Nadie será forzado a salir de Gaza y los que deseen hacerlo serán libres de marcharse y de regresar. Se alentará a la población a permanecer en la franja y se le ofrecerá oportunidades para construir una Gaza mejor.
13.-Hamás y otras facciones renunciarán a desempeñar ningún papel en la gobernación de Gaza, directa o indirectamente. Todas las infraestructuras terroristas -incluidos los túneles y las fábricas de armamento- serán destruidas. Se realizará un proceso de desmilitarización bajo la supervisión de monitores independientes. La nueva Gaza construirá una economía próspera y una coexistencia pacífica con sus vecinos.
14.-Los socios regionales garantizarán que Hamas cumplan con sus obligaciones y que la nueva Gaza no sea una amenaza para sus vecinos.
15.-EEUU trabajará con los socios árabes e internacionales para establecer una Fuerza Internacional de Estabilización (FIE) temporal, que se desplegará inmediatamente en el territorio y apoyará a las fuerzas de seguridad palestinas, en consulta con Jordania y Egipto, para asegurar las zonas fronterizas y entrenar a las fuerzas policiales.
16.-Israel no ocupará ni anexionará Gaza. Cuando la FIE controle la franja, las fuerzas militares israelitas se retirarán conforme a un acuerdo mutuo, con el fin de asegurar que Gaza no suponga una amenaza para Israel o para Egipto. Éstas entregarán progresivamente el territorio que ocupa a la FIE, de conformidad con el Acuerdo que haga con el Gobierno transitorio, hasta que se retiren completamente de Gaza, salvo su presencia en un “perímetro de seguridad”, que permanecerá bajo su control hasta que Gaza esté asegurada frente a una resurgente amenaza terrorista ( ¿?).
17.-Si Hamas rechaza o retrasa la aplicación de este Plan, las fuerzas israelitas intervendrán en las zonas transferidas a la FIE.
18.-Se establecerá un proceso de diálogo interreligioso basado en los valores de la tolerancia y de la coexistencia pacífica, para cambiar las mentalidades y las narrativas de palestinos e israelitas, poniendo énfasis en los beneficios derivados de la paz.
19.-Cuando avance el desarrollo de Gaza y los programas de reforma de la ANP se hayan llevado a cabo, se reunirán las condiciones para iniciar una senda creíble para la libre determinación y la estatalidad de Palestina, de conformidad con las aspiraciones de su pueblo (¡!).
20.-EEUU establecerá un diálogo entre Israel y los palestinos para alcanzar un horizonte político de coexistencia pacífica y próspera. Solo ha faltado añadir, que israelitas y palestinos serán buenos y benéficos, como decía la Constitución de 1812.
Cuestión de Gaza
El compromiso clave se encuentra en la afirmación contenida en el punto 3 de que la guerra terminará de inmediato, y se retirarán las fuerzas armadas israelitas a las “líneas acordadas”, hasta que se reúnan las condiciones para su retirada completa. El problema radica en que no se indica cuáles son esas líneas, ni cuáles las condiciones para la retirada completa. El punto 16 requiere un acuerdo entre la FIE y las fuerzas armadas israelitas, que irían entregándole “progresivamente” el territorio ocupado -¿con que grado de progresión?-, al tiempo que prevé un “perímetro de seguridad” bajo control israelita, hasta que Gaza -más bien Israel- esté asegurada de que no resurgirá el peligro terrorista. Se deja en la ambigüedad quién debería decidir si existe dicho peligro. Por el momento, Netanyahu ya ha asegurado que el Ejército israelita seguirá controlando la mayor parte del territorio de Gaza.
El inicio de la tregua está condicionado a que, en el plazo de 72 horas, Hamas entregue todos los rehenes -vivos o muertos- y, acto seguido, Israel liberaría a los presos palestinos. Dirigentes de Hamas ya han señalado que será imposible entregar dentro de ese plazo a todos los rehenes dadas las circunstancias, especialmente porque Israel sigue bombardeando -aunque sea con menor intensidad- la ciudad de Gaza y otros pueblos a pesar de su compromiso de cesar los bombardeos y los ataques terrestres. La Liga Árabe ya ha comentado que quedan muchas cuestiones por aclarar y que algunos de los puntos resultan inaceptables, especialmente la ausencia de un calendario preciso sobre la retirada de las tropas israelitas de Gaza.
El plan prevé la creación de un Gobierno mixto de tecnócratas palestinos y expertos internacionales bajo la batuta de Blair -convertido en un “lobista” que se vende al mejor postor, sea árabe o israelita- y bajo el patronazgo de Trump. Se prevé la exclusión de Hamas -en lo que tirios y troyanos están de acuerdo-, aunque tenga una cierta legitimidad al haber ganado democráticamente las últimas elecciones celebradas en la franja-, pero no existe tal consenso sobre la preterición de la ANP, que -al margen del desprestigio de su actual liderazgo por su corrupción e inoperancia y la necesidad de un “aggiornamento” total- cuenta con la legitimidad que le dio los Acuerdos de Oslo.
Las principales objeciones de la parte árabe al Plan son -además de la imprecisión sobre la retirada del Ejército israelita de Gaza- la excesiva internacionalización del Gobierno transitorio y su menosprecio por la autodeterminación del pueblo palestino. El Plan incluye a este respecto una disposición del todo insatisfactoria. El Gobierno transitorio gestionará los asuntos corrientes de la franja hasta que la ANP complete su programa de reformas y pueda recuperar el Gobierno de Gaza ¿Quién va a determinar si la Autoridad está ya democráticamente madura para poder gobernar la franja? ¿Tendría acaso Israel derecho de veto a tales efectos? Netanyahu ya se ha curado en salud y ha afirmado que, bajo ningún concepto, va a tolerar la existencia de un Estado palestino.
Con innegable sentido del humor, el corresponsal de “El Mundo” en Jerusalén, Sal Emergui, ha calificado el Plan de “boda forzosa”, en la que no hay presencia de la novia -Hamas-, aunque sus padrinos -Qatar y Turquía- hayan prometido que aparecerá. El novio -Netanyahu- llegó al altar del despacho oval de la Casa Blanca bien agarrado de la mano de su padrino -Trump-, tras las críticas de los amigos testigos -Gran Bretaña, Francia y Cia- y las amenazas de dos miembros de la familia del novio -los ministros ultranacionalistas Ben-Gvir y Somotrich- ¿Se llegarán a celebrar las nupcias?
Cuestión de Cisjordania
A todas las partes implicadas se les llena la boca al decir que su objetivo es lograr la estabilidad en Oriente Medio, pero en el Plan no hay ni una sola palabra sobre el futuro de Cisjordania, que -aunque no de forma tan aparatosa- está en una situación tan grave como la de Gaza. Se encuentra dividida de norte a sur por un muro declarado ilegal por el Tribunal Internacional de Justicia, carece de una continuidad territorial por el establecimiento creciente de asentamientos de colonos israelitas radicales, que cometen toda clase de tropelías con la connivencia del Ejército y de la Policía israelitas, y cuenta con un Gobierno con escasas competencias e inoperante.
Según Pablo Suanzes en su artículo “Dominación en blanco y negro”, publicado en “El Mundo”, Trump ha ideado de la mano de Netanyahu un Plan de Paz para los palestinos, pero sin contar con ellos. Podría llevar a un alto el fuego, a una tregua, y a quitarle las armas y el poder a Hamas, pero -más allá de sus infinita de vaguedades y puntos sin definir- difícilmente cuenta con las bases para resolver el problema de fondo, que no es otro que la creación de un Estado palestino. Trump tiene la última palabra y, de momento, ha afirmado que no consentirá la ocupación total ni la anexión de Cisjordania por parte de Israel.
Keith Starmer ha señalado que todas las partes deben hacer ahora realidad la iniciativa del Plan, porque debemos recuperar la esperanza de la solución de los dos Estados: un Israel salvo y asegurado, junto a un Estado palestino, como se viene prometiendo desde hace tiempo, y la formación de un Gobierno que ayude a la consagración de un Estado palestino. No obstante, ¿están EEUU e Israel dispuestos a aceptar la fórmula de los dos Estados, la única que -por difícil que parezca- es susceptible de lograr la paz en Palestina y en Oriente Medio? Netanyahu ya ha dicho una y otra vez que nones. En cuanto a Trump -que en principio es contrario a esa fórmula-, dependerá del pie con que se levante. Tras su descomunal fracaso para terminar la guerra de Ucrania, que había presumido de lograr en cuatro días, no puede permitirse el lujo de fracasar en la conclusión de la guerra de Gaza, porque el Premio Nobel de la Paz lo está llamando como las sirenas a Ulises.
Para llegar a la creación de un Estado palestino no basta con la liberación de Gaza, sino que es preciso liberar también a Cisjordania de la “okupación” israelita -que ha sido condenado por el TIJ en varias opiniones consultivas-, para que la dos partes de Palestina se vuelven a reunir y constituyan el germen de un Estado regido por una APN renovada. Esta es la posición que ha mantenido el rey Felipe VI en su viaje a Egipto y en su discurso ante la Asamblea General de la ONU: la creación de un Estado palestino formado por Cisjordania, Gaza y Jerusalén-Este, que viva en paz y armonía con el vecino Estado de un Israel, con fronteras aseguradas y reconocido por todos los Estados árabes e islámicos.
Reacción al Plan de Paz de Trump
Las ansias de paz en Palestina y en Oriente Medio son tan intensas que la Comunidad internacional ha acogido el Plan de Trump con satisfacción y esperanza, salvo el Gobierno de Irán -que mantenido un silencio, que resulta positivo, dada su proverbial animosidad hacia Israel- y por dos Estados, cuyos Gobiernos están divididos en su seno: Israel y…España. En el primero, los miembros ultranacionalistas se niegan a cesar la guerra con Hamas y propugnan que se persiga hasta la total liquidación de la banda terrorista, amenazando con abandonar el Gobierno si Netanyahu acepta el Plan. Ben-Gvir ha afirmado que “bajo ninguna circunstancia podía aceptar un escenario en el que la organización terrorista que trajo la mayor calamidad sobre el Estado de Israel sea revivida. En ningún caso seremos socio de eso”.
El segundo objetor, el Gobierno de coalición entre el PSOE y Sumar, se ha mostrado dividido. Sánchez ha declarado que España daba la bienvenida a la propuesta de paz para Gaza impulsada por EEUU, porque había que poner punto final a tanto sufrimiento y era hora de que cesara la violencia, se produjera la inmediata liberación de todos los rehenes y se diera acceso a la ayuda humanitaria para la población gazatí. El presidente insistió en que la solución de dos Estados conviviendo juntos en paz y seguridad era la única posible. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, manifestó que cualquier plan que trajera la paz a Gaza sería apoyado por España. “Si este Plan puede terminar con la hambruna inducida por Israel, permite la entrada de ayuda humanitaria y termina con los aberrantes desplazamientos forzosos de población, ya habrá merecido la pena”. España siempre va a explorar cualquier oportunidad para una paz genuina en Gaza o y apoyar cualquier iniciativa que sirva para terminar con la masacre de inocentes y la liberación de todos los rehenes.
Los cinco miembros del Gobierno pertenecientes a Sumar, sin embargo, se han separado de la mayoría gubernamental y publicado un comunicado conjunto en el que afirmaron que no se trataba de un Plan de Paz, sino de un intento de consolidar el “statu quo” de ocupación y violencia, que negaba el derecho fundamental de los palestinos a decidir su futuro, lo que convertía a Gaza en un protectorado dirigido por Washington. “El Gobierno no puede aceptar un Plan que excluya a los palestinos, ni una paz que busca consolidar la impunidad de Israel”. La vicepresidenta Yolanda Díaz ha declarado que se trataba de una farsa y reiterado el eslogan de que “Palestina será libre desde el río -Jordán- hasta el mar”, lo que implicaría la desaparición de Israel.
Trump ha dado un ultimátum a Hamas para que acepte su Plan y le ha advertido que su rechazo significaría el apoyo de EEUU a Israel para que hiciera lo que tuviera que hacer, y sería un final muy triste. El presidente ha mostrado su optimismo al afirmar que su Plan había tenido muy buena recepción. “Todos los países del mundo están a favor. Bibi está a favor. Hamas ha hecho grandes esfuerzos y quieren hacerlo. Ahora tenemos que cerrarlo”. Las noticias que le llegan son esperanzadoras. “Va a haber paz en Oriente Próximo por primera vez en 3.000 años”.
El papá León XIV ha hecho un llamamiento a las partes responsables para que se comprometan en el camino a un alto al fuego y a la liberación de los rehenes a fin de alcanzar una paz justa y duradera. La UE ha respaldado el Plan con condiciones explícitas, pues ve en él una oportunidad -quizás la última- para detener la violencia, liberar a los rehenes y permitir la entrada de ayuda humanitaria, pero es también una fuente de incertidumbre sobre el futuro político de Palestina. Von der Leyen lo ha considerado como “una base viable para detener el derramamiento de sangre y abrir la puerta a una paz duradera”, y el Parlamento Europeo ha insistido en que la ANP debe tener un papel central en cualquier transición política futura. La Comisión ha reclamado la creación de un organismo de verificación bajo mandato de la ONU. Josep Borrell ha afirmado que no hay una solución perfecta, pero sí un imperativo moral y político para detener la guerra. El futuro Gobierno de Gaza no puede definirse sin los palestinos, ni contra ellos. El Plan constituye al menos un punto de partida. Para Gustavo Arístegui, ha abierto una ventana real, pero estrecha. Según González Barcos en “The Diplomat”, algunos diplomáticos europeos temen que la desmilitarización de Hamas sin una alternativa política sólida conduzca a un vacío de poder que Israel podría aprovechar para prolongar una ocupación parcial de la franja. El respaldo europeo al Plan no es un gesto de entusiasmo, sino una apuesta pragmática ante una realidad desesperada.
A primera vista, el atractivo del plan es evidente ¿quién se va a oponer a una propuesta que pretende detener la masacre y resolver el conflicto israelo-palestino? Hamas se ha visto atrapado en una trampa saducea y se encuentra entre la espada y la pared. Aceptar la propuesta significaría una rendición incondicional y supondría su eliminación; rechazarla implicaría la acusación de obstaculizar la paz y daría Israel carta blanca para continuar con la destrucción de Gaza. Tiene es la impresión de que no se trata de un Plan de Paz, sino de un mecanismo para gestionar el conflicto y preservar la libertad de acción de Israel, cuya impunidad queda consagrada, lo que le permite conseguir mediante la negociación lo que no ha logrado con la guerra. Por eso ha adoptado una actitud cauta y aceptado en principio la mayoría de sus puntos -alto el fuego, intercambio de cautivos, acceso a la ayuda humanitaria, retirada de las tropas israelitas y renuncia a participar en el futuro Gobierno de Gaza-, pero -como han observado Samuele Abrami y Moussa Bourekba, en su excelente artículo “¿La paz mediante la fuerza? Las implicaciones del Plan de Trump para Palestina y la política global”, publicado en el boletín de CIDOB sobre la guerra de Gaza- pospuso el debate más amplio sobre el futuro político de Gaza y la cuestión palestina. No ha aceptado ni rechazado la propuesta en su totalidad, y ha solicitado y conseguido participar en una negociación de la que hasta ahora se había excluidos a los palestinos.
Ha estimado que el futuro de Palestina debería debatirse en una segunda fase en la que deberían participar todas las facciones políticas. El Plan solo menciona la posible creación de un Estado palestino en su penúltimo punto, con referencias vagas a “una vía creíble hacia la autodeterminación”. No trata a los palestinos como sujetos de su propio futuro, sino como objetos gestionados por potencias extranjeras. Los Gobiernos que han reconocido al Estado palestino apoyan un Plan que refuerza la división entre Gaza y Cisjordania, y entierra la perspectiva de lograr la soberanía política de Palestina, lo que demuestra que dichos reconocimientos tienen un carácter meramente simbólico.
Los países árabes han aceptado el plan, porque son conscientes de que solo Trump puede influir sobre Netanyahu para que ponga fin a la guerra, a lo que se suma su rechazo a Hamas y a la influencia de su protector Irán en la región. Comparto en buena medida los razonamientos del artículo de CIDOB y considero positivo el Plan -por turbias que sean sus intenciones pro israelitas-, porque ofrece quizás una oportunidad única para que Israel detenga su masacre. Como reza el refrán español, “del lobo, un pelo”. Si la propuesta de Trump permite interrumpir la hecatombe, aunque no sea de manera definitiva, facilitar el suministro de la ayuda humanitaria y evitar los traslados forzosos de la población, bienvenido sea. Siguiendo con los refranes, “Dios escribe derecho con reglones torcidos”. ¿Es posible la paz en Palestina? No soy optimista sobre la posibilidad de resolver el inextricable y longevo conflicto israelo-palestino, cuya única solución viable sería la fórmula de los dos Estados, pero no parece que ni Isael ni su mentor EEUU estén por la labor. En cualquier caso -como ha señalado Borrell-, nunca se podrá resolver el conflicto, si no se cuenta con la población palestina.
Madrid, 7 de octubre de 2025
*José Antonio Yturriaga, Embajador de España, profesor de derecho diplomático de la UCM y miembro de la Academia Andaluza de la Historia.
(Enviado por José Antonio Sierra)