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El coronavirus reabre las heridas ancestrales en comunidades nativas de EEUU
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El coronavirus reabre las heridas ancestrales en comunidades nativas de EEUU

  • En estas poblaciones vulnerables, el coronavirus ha agregado una nueva amenaza a una realidad ya compleja y cargada de angustias

viernes 24 de abril de 2020, 23:11h

24ABR20 – LOWER BRULÉ – ESTADOS UNIDOS.- Como muchos Siux que habitan las reservas de nativos en Estados Unidos, Dennis Metcalf ha enfrentado pobreza, duelos y otras penurias, ahora tiene "mucho miedo" de que el coronavirus le quite a otros seres queridos.

Integrante de la tribu Crow Creek, que habita cerca del pequeño pueblo de Chamberlain en Dakota del Sur, comenzó a dibujar desde pequeño para escapar al aburrimiento, reseñó AFP.

"Vengo de una familia muy pobre. No tenía juguetes y muchas veces ni siquiera teníamos electricidad, así que no había televisión ni videojuegos", dijo con tono pausado este joven de 23 años.
Entre sus bocetos se destaca el retrato de una joven con cabello trenzado: su hermana Nicole. La joven murió demasiado pronto, al igual que muchos otros en las reservas de nativos donde las tasas de suicidio son tristemente altas.

En estas poblaciones vulnerables, el coronavirus ha agregado una nueva amenaza a una realidad ya compleja y cargada de angustias.
"Tengo mucho miedo de que los miembros de mi familia puedan verse afectados si el virus se propaga en la reserva. Moriría de preocupación por ellos", confiesa Dennis, inmerso en una negatividad que se refleja en su oscura vestimenta.

Tribu en alerta

Con carteles de advertencia dispuestos sobre las carreteras, funcionarios tribales exhortan a los viajeros a evitar detenerse en la reserva Crow Creek.

Los siux instruyeron un toque de queda y consideran poner en cuarentena a todo su territorio, ocupado por miles de nativos, replicando la medida adoptada en otra comunidades indígenas.
"Las tribus han tenido una acción mucho más preventiva que el estado", advirtió el gran jefe Boyd Gourneau, sin esconder su frustración por la postura de las autoridades de Dakota del Sur que aún no han impuesto ninguna orden de confinamiento a sus residentes.

Sentado frente a un cráneo de búfalo, ubicado en la sala del consejo tribal construido en forma de tienda cónica, afirma que la pandemia actual despertó entre los nativos americanos el doloroso recuerdo de la colonización europea y las enfermedades infecciosas que diezmaron a sus antepasados.
Trisha Burke y sus colegas de la asociación "Native Hope" también son conscientes del daño que la propagación del COVID-19 podría causar en estas comunidades, dentro de las más desfavorecidas de Estados Unidos.

Con tasas de desempleo astronómicas, falta de alimentos, alcoholismo e historiales médicos de espanto, los siux de Dakota conviven con subsidios, "factores de riesgo" y condiciones "dignas del tercer mundo".
¿Cómo lavarse las manos regularmente cuando "algunas casas ni siquiera tienen agua corriente" o electricidad, porque no pueden pagar su costo? ¿Y qué hacer en caso de contagio cuando el acceso a la atención médica es muy limitado?

"La mayoría de las reservas no tienen hospitales, en su lugar cuentan con clínicas con fondos insuficientes y que ya están saturadas", dijo Burke. "El COVID complica aún más las cosas. Es posible que tengan que conducir tres horas para recibir tratamiento".

Humo antiviral

En la comunidad, "la falta de viviendas es problemática. Puede tener hasta 20 o 30 personas bajo el mismo techo, uno encima de otro. Esta es una de las razones por las que todos tienen tanto miedo", aseguró Melissa Johnson que creció con 12 hermanos y es directora de los programas Lower Brule Boys y Girls Club.

Su madre, Antoinette Goodlow, a quien todos llaman "Toni" es una pieza clave de la tribu al ser consejera encargada de facilitar reuniones de alcohólicos anónimos, dar charlas a padres jóvenes y todo tipo de apoyo y contención a la comunidad.
Pese a su disposición, Toni confiesa estar "cansada" de su rol. "También tengo mis propios miedos", admite detrás de sus gafas de sol, frente a las tranquilas aguas del lago Oahe.
Toni, de 63 años, se basa "en el Señor" y en los rituales sagrados que se mantienen por generaciones.

Esta abuela resiliente mantiene su sonrisa, despoblada de dientes superiores, y cada mañana quemando salvia, cedro y hierba dulce purifica su cuerpo y su alma.
"Es algo espiritual, pero también pensamos que mata el virus", confiesa.
Hasta ahora la reserva no ha informado ningún caso positivo de la pandemia.

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