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Opinión: “Mi Pequeño Manhattan…”

De cómo un autor selección un tema

miércoles 16 de enero de 2019, 01:19h

15ENE19 – MADRID.- El tema del misterio de la creación pura en el área de las letras y para ser más concisos de la literatura, lo toca magistralmente ese espíritu superculto y refinado que fue Stefan Zweig en un par de conferencias que dio en Brasil ya próximo a quitarse la vida junto con su joven esposa, y en huida permanente y culposa de Hitler, al que sentía como si fuese con la “muerte en los talones”.

Describe Zweig – al que por cierto adapté en su día para Televisión Española su novela “Una Carta”, en una Serie de cinco capítulos de media hora – ese momento o momentos de la creación pura, como nadie sabrá hacerlo. Pero yo quisiera referirme al momento anterior, esto es a como el artista concibe en sus huesos o quizá en sus intestinos, no en su alma, que quiere y sobre qué desea analizar y hablar.

Esa elección queridos lectores a mi modo de ver es muy lenta, es como la maduración de una fruta conservada tiempo y tiempo en lo más profundo de las bodegas de un viejo carguero. Puede estar el artista trabajando en otros temas o resolviendo problemas familiares o de su propia alma, incluso de la salud de su cuerpo.

Y así ese tema permanecer oculto en lenta ebullición cataléptica hasta que en un momento dado, en una tregua, en un pequeño impass asoma la cabeza. En ese momento el artista, que está dormido, despierto o semidespierto, llega a saber, a conocer que es esa la cosa o la persona de la que va a hablar o mejor especular.

Así apareció ante mí un buen día la idea de escribir sobre el sufrido y laborioso gremio de los comerciantes y fijé en mi retina cerebral para ello un espacio escénico de una tiendecita de provincias y para ser más exactos de una mercería: “Novedades Timo”. En un ambiente galdosiano. Era teatro.

Más adelante cuando hablaron que habrían hibernado el cuerpo del presidente Kennedy aquel funesto día del execrable magnicidio en Dallas, e incluso, por qué no, también el de Walt Disney, dichas murmuraciones dieron origen a mi elección sobre el tema, y surgió acto seguido “Largo Retorno” el libro y después el filme.

Y más adelante junto al lecho que sería de muerte de mi hermana querida, una doctora joven, hermosa e inteligente, seductora y compleja, que me iba pasando información acerca de los entresijos de un hospital donde la vida jugaba a las cartas con la muerte día y noche y ella era con frecuencia el árbitro doliente, claro, hasta que un buen día, o una noche la Parca con guadaña nos llevaría a todos.

De esa fuerza telúrica, de esa llama, esa mujer total vestida de blanco con el fonendo al cuello, pasaba para mí a ser Juana de Arco, o el Arcángel San Gabriel, e incluso Superwoman. Es entonces que saltaría la doctora a los folios y con ella toda la historia alucinada y alucinante al ordenador de mi mente, y de ahí a las imágenes de “Más allá del purgatorio”, el libro, y decenas de esbozos y artículos de prensa o el otro libro, “El cuerpo humano” escrito entre los dos.

Y así, para terminar con todo, después del cuerpo, de la muerte, de la suspensión criónica, del amor eterno y congelado (“Largo Retorno”). ¿Qué me quedaba entonces objeto de elección?, ¿qué es lo que realmente de importancia quedaba?.

Y es que de pronto aparece como un iceberg gigante saliendo del océano, de las aguas, como un Nautilus, un Titanic, o un monstruo de siete colas, algo primero invisible pero maravilloso y terrible a un tiempo, el medio, el fluido en el que vivimos sin saberlo, nos movemos y existimos, al que quedamos en llamar: “El Tiempo”.

Sí, pero no el atmosférico, sino el galáctico, el cósmico, el planetario. El mineral, el vegetal, el animal y el humano. Eso es, el tiempo de vida que nos concede el Destino a cada uno de nosotros o de ustedes, lectores que me leéis. Un ente, un ser inanimado, pero a la vez terrible e implacable que nos proporciona la dicha inefable de vivir.

Es así como larvado en la profunda y húmeda bodega del carguero que es el alma, aparece ante la vista del artista “El Tiempo”, para ser cincelado y explicado como jamás lo haya sido hasta aquellos momentos.

Y es así, más o menos, como el artista, sea pintor, compositor, escultor o poeta, se decanta por la elección del tema, asunto este bien distinto del también misterioso por cuanto es invisible proceso de desarrollo del mismo.

Germán Ubillos Orsolich

Germán Ubillos Orsolich es Premio Nacional de Teatro, dramaturgo, ensayista, novelista y escritor.

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