En Manrique, Arquitectura y Naturaleza van de la mano. Supo ver como nadie la belleza del atormentado paisaje de la isla lanzaroteña, forjado por terribles cataclismos naturales, y amoldar la mano del hombre a su orografía. Lanzarote tiene el sello de este artista y su huella se puede apreciar por toda la isla. Para conocer a fondo su vida y obra, hay dos hitos fundamentales: su Casa del Volcán, en la localidad de Tahiche, donde se encuentra la Fundación que lleva su nombre y recoge su legado, y la Casa del Palmeral, en Haría, último hogar suyo hasta que se encontró con la muerte en un trágico accidente de tráfico, en 1992.
Otro lugar imprescindible que ver en Lanzarote relacionado con la figura de César Manrique son Los Jameos del Agua, que al igual que la cercana Cueva de los Verdes – ésta es una formación natural, sin la intervención humana-, surgió tras la erupción del Volcán de la Corona. Jameo es una palabra de origen guanche que hace referencia al agujero que se crea después de que el techo de un tubo volcánico se hunde. Estos Jameos se dice que es la máxima expresión del ideario del artista, es decir, “la creación artística en armonía con el Medio y la Naturaleza”. Las galerías subterráneas que se formaron fueron el refugio de los guanches, el pueblo originario de las islas Canarias, que se presume arribaron al archipiélago procedentes de las cercanas costas africanas.
Otras obras de Manrique en Lanzarote son el Jardín de los Cactus; el Monumento al Campesino, como reconocimiento al duro trabajo en otro tiempo de los campesinos, que supo sacar a una tierra a menudo ingrata sus frutos, o el Mirador del Río, con las esplendidas vistas de la cercana isla de la Graciosa, bien comunicada por ferry y que bien merece una visita.
Y aprovechando que estamos en el norte de Lanzarote, podemos disfrutar del Valle de las Mil Palmeras y su capital, Haría, una tierra fértil, gracias al índice de mayor pluviosidad de toda la isla, y que contrasta con el resto del paisaje lunar dominado por las tierras volcánicas.
Un paisaje fruto de la terrible erupción del Volcán del Timanfaya, que duró casi seis años, desde 1730 al 1736, y que configuró el singular paisaje que hoy caracteriza a Lanzarote. En el centro de la isla, se encuentra el Parque Natural homónimo, que se puede visitar gracias a un eficiente servicio de guaguas, que se internan por la atormentada orografía del terreno.
Los más valientes pueden completar la visita, que incluye demostraciones de lo que la fuerza volcánica, prácticamente a ras de tierra, aún puede hacer, haciendo un recorrido a lomos de camello. El Centro de Interpretación ofrece exhaustivas explicaciones sobre el Parque; así como de su exigua flora y fauna.
En el centro de la isla se encuentra la antigua capital, Villa de Teguise, hoy una pequeña localidad de blancas casas encaladas, callejuelas… que invitan a pasear tranquilamente y disfrutar de su belleza, a la que contribuyen también sus monumentos, entre los que destacan la iglesia parroquial de Santa María, el Convento de San Francisco, el Palacio de los Spínolas, o la Fortaleza de Guanapay, que desde un alto vigilaba la seguridad de la población frente a ataques de piratas berberiscos, muy frecuentes.
Capital de Lanzarote
Precisamente la inseguridad provocada por dichos ataques impulsó la decisión de trasladar la capital a lo que entonces era una humilde aldea de pescadores, Arrecife, que ostenta actualmente esa distinción. Fue erigida en el siglo XV, tras la conquista de la isla, siendo originalmente el puerto de salida de la producción isleña, aunque de escasa entidad comercial. Será a partir del siglo XVII cuando empiece a despuntar su economía.
Entre sus monumentos, sobresalen el Castillo de San José, mandado construir por el Rey Carlos III en el siglo XVIII y que alberga actualmente el Museo Internacional de Arte Contemporáneo; el Castillo de San Gabriel, construido en 1574 sobre un islote y unido a la ciudad por el Puente de Las Bolas -hoy sede del Museo de Historia de la ciudad-; la Charca de San Ginés, pequeña laguna por la que la capital merece el nombre de la “Venecia del Atlántico”, y la Iglesia parroquial de San Ginés, patrón de la localidad y que en su origen fue ermita erigida en la época de los conquistadores castellanos.
Otras poblaciones interesantes son Tías, al norte de la Isla, con su bonita Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, y la Casa Museo del escritor portugués y Premio Nobel José Saramago, que vivió aquí sus últimos años, y en el extremo meridional, Yaíza, nombre de claras reminiscencias guanches, y punto de partida para escalas que ningún viajero puede perderse: la Laguna Verde, junto a la localidad de El Golfo – antiguo cráter cuyas aguas de color verde están separadas del mar por una estrecha franja de tierra-; Los Hervideros, también en la misma costa, donde el mar se revuelve con furia en el interior de los acantilados lanzando olas gigantes entre sus hendiduras, o las Salinas del Janibio. Las salinas fueron en otros tiempos importante fuente de riqueza, de hecho, la costa lanzaroteña está jalonada de molinos dedicados a esta industria.
De camino a Yaíza desde el Parque de Timanfaya, en el interior de la isla, es imprescindible visitar La Gería, sobre todo para los amantes del vino. Sorprende ver cómo el hombre es capaz, incluso en los medios naturales menos propicios, sacar a la tierra su fruto, en este caso el de la vid. Y es que desde antiguo, el campesino lanzaroteño se dedicó al cultivo de la uva en pequeños huecos horadados en mitad de la tierra volcánica, que le aporta un sabor único a los vinos de malvasía propios de estas latitudes. La Bodega homónima presume de ser la más antigua de la isla y ofrece al visitante degustaciones de sus caldos.
A la cultura vitivinícola se suma la gastronomía típica canaria, que incluye las papas arrugadas con mojo, la ropa vieja, el sancocho canario, el conejo en salmorejo, o el potaje de berros.
Lanzarote tiene también magníficas playas. Entre las más afamadas están la de Famara, al norte, y las de Flamingo o la Punta del Papagayo, en el extremo meridional. Precisamente aquí se encuentra Playa Blanca, que junto con Puerto Calero y su Marina; Puerto del Carmen, o Costa Teguise constituyen los destinos preferidos para quienes sólo buscan relax. De Playa Blanca parte el ferry para quienes opten por hacer una escapada a Fuerteventura, que se puede ver desde el mismo puerto.
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*Jesús Caraballo (Jesús González Fernández), licenciado en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU, fue Jefe de Prensa de Ferias en IFEMA MADRID (incluida algunas tan prestigiosas como FITUR) durante los últimos 37 años, después de estrenarse en la profesión en medios como las agencias de noticias EUROPA PRESS (TV y Noticias) y OTR PRESS, y en la sección de Internacional de la revista Tiempo. A lo largo de su trayectoria profesional, ha colaborado y aún lo sigue haciendo, en numerosos medios turísticos, gastronómicos, de arte, política e internacionales como Radio Sefarad.