Estas leyes, queridos lectores obedecen a mi observación minuciosa, porque la cultura (primera ley) no la dan las carreras universitarias, ni tampoco las técnicas. La cultura la da, “viajar y leer”.
La segunda de las leyes bien pudiera ser: “Cuanto más te muevas antes te mueres”. Si quieres vivir muchos años no seas patriarcal, no trates a mucha gente, a demasiados amigos, no corras por la vida con la lengua fuera sin saber a dónde vas.
La tercera ley se refiere al mundo de la pareja, a la relación hombre - mujer y por ende al matrimonio.
Cuanto más os parezcáis más lejos llegaréis, en el matrimonio o en la vida de pareja. Semejantes en la lengua, en la cultura, incluso en la distancia física que os separaba cuando os conocisteis.
Esta tercera ley viene configurada por una artículo memorable que publiqué hará la friolera de sesenta años y que venía a titularse “Acerca del concepto de la vida”. Y que en resumen vendría a decir que es inexcusable que ambos miembros de la pareja, incluso tratándose de homosexuales tanto como de heterosexuales, tengan “El mismo concepto de la vida y las mismas pretensiones de vida”.
El concepto de la vida es la forma en la que tendemos a juzgar el entorno, aquello que nuestros padres o progenitores nos enseñaron nada más nacer. Ese concepto debería de ser lo más parecido posible, o a poder ser idéntico.
La segunda característica de la pareja deberá referirse a “Las pretensiones de vida”, o lo que es lo mismo lo que pretendamos hacer con nuestras vidas.- Un ejemplo, si uno desea enriquecerse o amasar dinero y el otro no; o si a uno le encanta viajar y al otro no. Las pretensiones de vida deberán ser idénticas o muy parecidas.
En las cosas accesorias, por ejemplo los horarios de dormir o las bebidas que beber, se puede diferir bastante y no pasará nada.
Quizá me explico - queridos lectores - algo rudimentariamente. Pero esto es lo que hay, como diría el “homo sapiens” o “los neandertales”.