Así es, entre las numerosas propiedades beneficiosas del fruto de la vid – siempre que se consuma moderadamente, claro está- se encuentra su capacidad como reconstituyente, fundamental para los cansados viajeros que aún veían lejano e incierto su destino en Santiago de Compostela, en el confín entonces conocido de Europa.
Una de las escalas obligadas en esa peregrinación a Santiago de Compostela, ayer y hoy, es Irache, en tierras vinícolas navarras, famosa desde hace siglos por la proverbial hospitalidad del Monasterio benedictino de Santa María de Irache, cuya generosidad ha sido heredada por la Bodega homónima. Ésta se ha hecho desde hace tiempo bien popular por ofrecer a los peregrinos vino gratis, que mana a través de una fuente, única en el mundo.
Hace siglos, los monjes ofrecían a los peregrinos cansados y enfermos un vaso de vino revitalizador y que curaba todos los males. Fue San Veremundo, abad del monasterio, quien en 1056 impulso este bonito gesto. Ese vaso ha transmutado, merced a Bodegas Irache, en una fuente – instalada a finales de los años 90-, de la que manan 100 litros diarios de vino joven, para calmar la sed del peregrino y hacerle más llevadero su caminar. En realidad, son dos caños, de los que manan respectivamente agua y vino, siendo ésta obviamente la más demandada. La leyenda grabada en piedra invita a “echar un trago y brindar por la felicidad”.
El Monasterio de Irache, el conjunto monumental más grande del antiguo reino de Navarra, fue fundado en el siglo X, y ya en el siglo XI, los monjes benedictinos elaboraban vinos, cuya calidad era bien apreciada incluso por la familia real navarra. Ese legado ha sido retomado por las Bodegas Irache, fundadas en 1891, y situadas en Ayegui, al pie de Montejurra y a apenas 2 kms de la localidad de Estella. Su Museo del Vino recoge esa rica tradición. Una leyenda grabada en piedra invita a “echar un trago y brindar por la felicidad”.
Bodegas Irache en realidad nació como Vinícola Montejurra, pero su vecindad con el famoso cenobio hizo que, finalmente, prevaleciera el nombre con el que se ha mantenido hasta hoy, convirtiéndose en todo un referente no sólo en el solar patrio, sino también a nivel internacional.
Además y desde 2008, es la primera bodega navarra en conseguir la calificación D.O.P. Vino de Pago, distintivo que reconoce a aquellos vinos procedentes de viñedos singulares. El Vino de Pago Prado de Irache posee, así, la máxima distinción de calidad en España.
Para conseguir esa distinción, hay que cumplir algunos rigurosos requisitos, como el viñedo y la bodega se encuentren en la misma finca; que el vino esté elaborado exclusivamente con uvas de sus viñedos; que éstos tengan unas condiciones diferentes que los distingan de otros, y que previamente hayan pertenecido a otra Denominación de Origen durante al menos diez años.
Un reconocimiento justificado por las 101 hectáreas de viñedos que Bodegas Irache posee en Tierra Estella y que le imprimen el carácter que tienen sus vinos, fruto de las variedades seleccionadas que expresan la riqueza de su tierra, como son el tempranillo; la garnacha; el Cabernet Sauvignon; el Merlot; la Viura, y el Chardonnay.
Unos caldos que se benefician de una ubicación privilegiada, así como del contraste térmico entre el día y la noche, que favorece una maduración lenta y equilibrada. Además, los suelos calizos donde crecen los viñedos son ricos en minerales, que aportan a los vinos de Bodegas Irache una estructura y complejidad únicos. Por último, el clima frío y húmedo que llega de la Sierra de Urbasa y el Atlántico proporciona las mejores condiciones para los vinos de crianza.
Finalmente, los vinos alcanzan su justa madurez en el entorno apropiado, para lo cual, los responsables de la empresa han sabido combinar la tradición arquitectónica y la vanguardia, con su Nave de Crianza – “La Catedral del Vino”, inspirada en el Monasterio de Irache, con sus columnas y arcos de medio punto y capacidad para acoger 10.000 barricas, que garantiza el mejor envejecimiento, y los depósitos de hormigón y acero inoxidable, que facilitan la fermentación adecuada, gracias a la supervisión con la tecnología más avanzada. Asimismo, dispone de un botellero capaz de acoger hasta 3 millones de botellas, donde los vinos logran su fermentación definitiva.