Otro tema es el de la alimentación. El doctor Marañón recomendaba comer o cenar en platos de postre, esto es cantidades reducidas. Pero lo que más llamó mi atención y que ha sido causa de que escriba este relato, es que la mujer de los 117 años recibía todos los días en su casa, a diferentes y variadas amistades de ideologías, conocimientos y conceptos de la vida distintos. Esto es; había un “feeling” en la charla entre la anciana y sus visitas; tocaban temas interesantes pero muy distintos.
Este alimento espiritual ha sido la base de su longevidad.
Yo suelo decir a mis esposa con frecuencia, “!cuánto me gusta salir a la calle!”. Ella se ríe, porque contesta que salgo con ella casi todos los días; pero es así. Me gusta sencillamente ver los árboles, los edificios, las personas, las cosas: lo que alimenta mi alma y mi cerebro para poder escribir, para poder ser feliz; la esencia de la vida.
Todas estas cosas y algunas más, contribuyen a la felicidad humana, a la longevidad, a que vivamos muchos más años y mejor.