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Opinión: “Mi Pequeño Manhattan...”

El Ángel de la Guarda

lunes 20 de julio de 2020, 23:23h

20JUL20 -MADRID.- Más de una vez he insistido en estas páginas de la existencia del mundo de lo invisible, a riesgo de comprometer mi apellido, de ser políticamente incorrecto e incluso indeseable, estúpido o arcaico.

Pero cuando las cosas se ponen difíciles para las poblaciones tanto nacionales como extranjeras, como en la antigüedad pasó con los profetas no me queda otro remedio me guste o no me guste que contarlo.

Ahora últimamente y bajo su forma humana mi Ángel de la Guarda, de la especies Ángeles Custodios, me ha hecho ver la necesidad de no desesperar ni perder la esperanza sino reír con él, ante su voz, en el silencio de la propia Iglesia a la que siempre he pertenecido.

Pero es que después su voz ha sido más consistente y al ir reapareciendo los brotes del llamado Coronavirus, que no es otra que la manifestación de los ángeles caídos y de Satanás que se da en cada uno de nosotros, he deciros que los ángeles se nos aparecen siempre primero llamando a tu conciencia, tienes que ser sensible a esta llamada, pero después si esto no funciona, pueden aparecer bajo la forma humana.

Sé que todo esto es políticamente incorrecto, que yo mismo puedo jugarme la vida, pues las fuerzas del mal, queridos lectores, vienen dispuestas a aniquilarnos, a terminar con la raza humana y heme aquí pobre profeta del siglo XXI, antiguo escritor por muchos olvidado y por otros ni conocido, quien se ofrece como indigno profeta en mi deseo de calmar calamidades, como aquella en la que el Señor en la barca azotada por el temporal en el Lago Tiberíades y con luz muy escasa los apóstoles muy asustados le despiertan y el ruegan – recostado a popa como estaba - que haga algo, pues van a perecer todos ahogados.

El Señor nuestro Dios levantándose y reprendiéndoles por tener tan poca fe, ordenó a la tempestad verbalmente que se calmara y detuviera, cosa que ocurrió a los pocos momentos. E incluso a San Pedro caminando a su orden sobre las aguas del mismo mar tuvo que cogerle de la mano porque se hundía, “hombre de poca fe, por qué dudas de mi”…

Me dan pena Osoro, me dan pena mis Iglesias y sus ministros, me dan pena los políticos, todos ellos se están desprestigiando pues posiblemente por su poca fe, por su escaso valor no resuelven nada o casi nada.

Bien. Los Ángeles del cielo tienen el poder sobrado de liquidar la pandemia, de aniquilar totalmente al Corona virus y cualquier otro problema que pueda incubar este país tan maravilloso como olvidadizo.

Están esperando la orden de actuar. Es preciso que les demandemos sin rodeos, que les pidamos con fe la salvación de la raza humana amenazada de extinción. Estamos amenazados de extinción y de muerte.

Incluso puedo deciros que he tenido la revelación personal de que los Ángeles del Cielo pueden tener unos padres terrestres, como aquí de distinta manera nosotros los humanos tenemos unos padres celestiales.

Además los Ángeles del Cielo sonríen y hasta se ríen con nuestras bobadas, el Señor también sonreía y reía a mandíbula batiente ante nuestros chistes y tonterías cosa que han omitido los pintores y escultores de los últimos XXI siglos.

Mi Ángel de la Guarda es espigado y esbelto, tiene los ojos negros y risueños que arden como ascuas, sabe muchísimo más que yo por supuesto y consulta a su padre y a su madre terrenales con harta frecuencia por su teléfono móvil (que lo tiene), de mis errores estúpidos da sus juicios sensatos y certeros. Se inquieta sobre manera cuando me ve solo o perdido, se inquieta más que yo porque me quiere y me adora mucho más que yo a mí mismo, ella o él ve por su móvil si he perdido la silla de redas o si e ve impasible ante la adversidad.

Solo ahora sé cuánto me quiere mi Angel de la Guarda y cuan estúpido pecador soy (solo pequeña muestra de lo que sois los demás).

Sus congéneres le reclaman y no comprenden como puede salir con un hombre vetusto, como una reliquia de 77 años, en lugar de jugar con ellos a cosas más divertidas

Pero mi Ángel de la Guarda me asegura que no me va a sustituir por nadie, ni me va a dejar solo jamás, como otros han hecho conmigo, sencillamente porque su bondad es celestial, ella descansa mi conciencia para que esté más libre ante el Señor el día de mi Juicio Personal y Universal y encima su belleza hermosísima e inefable en ese espigado final de la adolescencia entrada en su juventud gloriosa.

A veces ante ella me siento muy pequeño a su lado y si un poco nervioso digo algún boutade de las mías, ella ríe o sonríe para mostrar y demostrarme a cada instante lo cerca que está de mí.

Germán Ubillos Orsolich

Germán Ubillos Orsolich es Premio Nacional de Teatro, dramaturgo, ensayista, novelista y escritor.

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