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Cuento: “Historias Urbanas” (XV)

La Madre de Camila...

Por J.I.V.

miércoles 12 de abril de 2017, 01:48h

La madre de Camila está todavía enfadada conmigo. Una prima de su hija le fue con el cuento de que estábamos liadas y claro la madre (quizás por ser algo antigua la pobre señora), se puso hecha una furia porque no pudo terminar de aceptar que su Camila, soltera de toda la vida y sin nada de lo cual reprocharse, le saliera con que era bollera y encima conmigo.

La verdad es que al principio la madre de Camila me tenía mucha simpatía y siempre que iba a su casa me atendía bien y parecía que yo le gustaba, pero luego de oír nuestra historia de boca de la chismosa de una de sus sobrinas montó su propia película y la señora se sintió horrorizada de saber a Camila, enrollada con otra mujer y claro, me echó toda la culpa a mí porque según ella, yo la pervertí.

La verdad es que la primera sorprendida de que pudiera enrollarme con esta mujer fui yo misma. A mí siempre me gustaron los hombres o al menos eso creía y de hecho, todavía me gustan pero lo que pasa es que mientras más pienso en lo que fue mi relación con Camila menos importancia les doy a los tíos. Tuve a lo largo de mi vida varias relaciones con hombres y todas de un modo u otro fueron agradables; unas más y otras menos pero dentro de un orden creía que lo mío serían siempre relaciones heterosexuales o normales como dice la madre de Camila.

Camila no fue mi única experiencia pero sí la más rica, intensa y profunda. Con ningún hombre tuve las sensaciones que ésta mujer me hizo conocer y el disfrute y goce del amor físico que tuve con Camila creo que jamás me los podría haber dado hombre alguno y eso que Camila, hasta la primera vez que nos acostamos nunca a sus 40 años, había tenido ningún escarceo ni con hombres ni mujeres.

Conocí de manera casual a Camila y pese a no ser una mujer atractiva hubo algo en su personalidad que me interesó; quizás fuera su ingenuidad e ignorancia respecto de todo lo relativo al sexo, los hombres, las relaciones interpersonales, no lo se, pero a mi lado la veía en total desventaja y eso le dio un morboso atractivo a mi idea de seducirla.

Yo había tenido mi primera experiencia de este tipo algunos años antes con una amiga que comenzó –por decirlo de alguna manera-, a asediarme y a proponerme que nos acostáramos y un día no recuerdo bien porque motivo terminé aceptándolo y la verdad, no me disgustó quizá porque en aquella primera ocasión yo fui el objeto de deseo y fue ella quien me convenció y finalmente me llevó al hecho aunque después en posteriores oportunidades, yo tomara la iniciativa abandonando un poco el papel de objetivo a conquistar por ésta amiga que tenía mucho más recorrido que yo.

Con ésta amiga tuve también otras experiencias más fuertes ya que en más de alguna ocasión hicimos un trío con un amigo suyo y el cual era también una buena pieza ya que a este hombre le gustaban las experiencias duras y en una de las parties que tuvimos después de haber bebido mucho whisky y habernos encocado bien, a este hombre se le antojó que lo penetrara con un enorme consolador que había traído, (de esos que vienen adheridos a un tanga, para poder acomodarlos mejor). Era la primera vez que participaba en una acción así y la verdad que fue para mí una situación muy excitante al extremo que mientras le daba lo suyo al hombre éste y mi amiga miraba, tuve un orgasmo estremecedor y que me sorprendió mucho.

La primera vez que nos acostamos con Camila fue diferente ya que no tuvo el componente lascivo y morboso de la primera vez con aquella otra amiga que -creo yo-, estaba un poco pirada y a la vuelta de todo y que gustaba de experiencias extrañas. Era el cumpleaños de Camila y después de cenar nos quedamos conversando y de pronto, me entraron unas enormes ganas de acariciarla y besarla y así se lo dije y tuve que usar todas mis argumentaciones para convencerla que se quitara la ropa. A partir de ahí todo fue una placentera y casi mística experiencia. Camila no sabía nada de nada y era virgen en el estricto sentido del término ya que hasta ese momento, nunca había recibido nada en su interior.

El amor que hice con Camila jamás lo había experimentado antes y era completamente diferente al que pude sentir nunca con un hombre por muy experimentado que éste fuese ya que ninguno, tocó nunca con tanta suavidad y acierto mis fibras más sensibles y luego, lo cierto es que entre dos mujeres hay de verdad auténticas expresiones de amor ya que el estricto goce del sexo es una consecuencia y no un objetivo que es justamente, lo que diferencia el sexo entre un hombre y una mujer y aquí, no tiene nada que ver lo mucho que puedas querer o no a uno u otra.

Ningún hombre me hizo sentir jamás las sensaciones que Camila me permitió conocer al punto que el solo roce aunque fuera casual de sus manos, me erizaba todos los vellos del cuerpo. Lo malo de todo esto, es que Camila se enamoró perdidamente de mí. Al día siguiente de su cumpleaños me envió una carta que creo es la más hermosa que una mujer haya podido recibir jamás. La descripción que hizo de todas las sensaciones que sintió mientras recorría su cuerpo con mi lengua fue una cascada de las palabras más intensas que he leído pero ni siquiera ese apasionado amor que decía sentir por mi, me hizo cambiar las reglas que yo misma me autoimpuse el día aquel en que perdí para siempre al gran amor de mi vida que aunque -hasta ese momento- creía que era lo mejor que había conocido, lo cierto es que ahora a la lejanía me doy cuenta que con todo lo que me hacía, no llegaba ni a la mitad de lo que consiguió hacerme sentir la creatividad que desplegaba en la cama de manera instintiva y natural, Camila. Ningún hombre me besó jamás con la intensidad y entrega con que Camila apretaba mi boca hasta en ocasiones, hacerme daño.

Lo malo es que su amor -que en este aspecto terminó pareciéndose al de los hombres que conocí- se tornó igual de egoísta y posesivo y eso, es lo malo del amor, ya sea de un hombre o una mujer. Es también lo único en que ambos podrán parecerse alguna vez: el egoísmo y deseo de posesión exclusiva.

Fue una lástima que Camila no lo entendiera. Podría haber sido estupendo y largo en el tiempo pero no fue así y todavía hoy su madre, (que ahora vive con ella en esta misma Residencia), sigue convencida que aún continuamos viéndonos, aunque de esta historia, hayan pasado ya, casi treinta y siete años.

También es cierto por otra parte que conociendo lo antiguas y carcas que son todas estas viejas que me rodean aquí en la Residencia Para la Tercera Edad “La Rosita”, no es extraño que me miren entonces como a un bicho raro y yo la verdad, es que -a estas alturas del partido- no me atrevo a contarles (ni me quedan ganas tampoco) como fue en realidad toda mi historia con Camila. Ellas no lo entenderían ya que en estos temas, seguro que son iguales a su madre…

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