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Memorias: Así fue y así lo voy a contar

Yo, El Azafato (V)

Por Quino Moreno

lunes 27 de octubre de 2014, 13:33h
Yo, El Azafato (V)
El Hotel Menfis de Madrid, donde hice mis prácticas para 'azafato' de Iberia...
El Hotel Menfis de Madrid, donde hice mis prácticas para "azafato" de Iberia...

De como cambio todo el sentido de mi vida anterior

En Cádiz, amén de reencontrarme con mi familia me adapté rápidamente a la vida que había abandonado cuando me fui casi siendo un niño; los mismos amigos, los cuales todavía tengo, las mismas costumbres, la misma rutina nada que ver con mi vida en Mallorca me fui acostumbrando al ritmo cotidiano sin prisas, yo diría que me empecé a encontrar como alguien que no conocía, como si mi paso por lo vivido fuera de mi familia no hubiera existido, incluso retome la relación sentimental que deje cuando marché, en una palabra, se paró el tiempo, mis amigos, mi trabajo (que era lo único que no me gustaba) mi casa, mis padres e incluso, la misma relación sentimental que tuve desde el colegio desde que tenía catorce años y ella doce, nada que ver con mi vida amorosa de Mallorca; había veces que me sentía sucio por dentro de todo lo que había hecho y así fue que, me convertí en otra persona. Dejé de cartearme con la inglesita y llevé una relación con mi primera novia como si nada hubiera pasado. Creo recordar que cuando recibía carta de Merino, desde Finlandia y me relataba lo bien que se lo estaba pasando con las finlandesas, -y me insistía que me fuera con él-, pensaba cuan diferente me sentía ahora e incluso, empecé a sentir una especie de lástima por mi amigo que estaba lejos de la familia, en un país extraño -ahora me doy cuenta de lo equivocado de mi pensamiento-, en resumen, que me convertí en un individuo que con seguridad hoy mismo, no me gustaría nada…

Lo único bueno de aquella época era la relación familiar; me acuerdo que compartía habitación con mi sobrino Pacurri, persona a la cual tengo en gran estima primero, porque me acuerdo de él, siempre estudiando en aquella mesa de cocina que teníamos en la habitación y así de esa forma más tarde, sacó la carrera de medicina y hoy mismo, es un traumatólogo con un alto prestigio. También en un momento de mi vida, no me falló así que le tengo un cariño especial aunque no nos vemos mucho.

De modo me convertí en una buenísima persona, que iba del trabajo a casa, salía con mi novia en plan formal, como mandaban los cánones y nunca se me ocurrió contarle mis andazas y cuan diferente era, la relación que con ella tenía a las que había mantenido que con las demás féminas que habían pasado por mi vida, ya que en aquellos momentos, pensaba que habían sido pecaminosas.

La cosa fue que esa relación con Emi, que así, se llamaba, llegó a tal extremo, que en una ciudad como Cádiz, tuve que pedirle a sus padres una relación seria y, para decirlo en una palabra, nos convertimos en novios formales con todo lo que ello significaba en los años sesenta (escalofríos me dan ahora de sólo acordarme de aquello) pero la verdad es que, en aquel entonces, debí estar enamorado hasta tal punto que incluso, estuvimos casados un tiempo pero, para conocer los detalles de este episodio, vais a tener que esperar a próximos capítulos.

Dije antes que el trabajo en el hotel no me gustaba mucho así que empecé a pensar que con veinte y dos añitos, podría hacer otras cosas y no quedarme de recepcionista de un hotel de provincia de por vida. Mi hermano Antonio estaba en Madrid así que comencé a darle vueltas al asunto y llegué a la conclusión que lo que necesitaba de verdad era con seguir o encontrar algo relacionado contemas de turismo y aviación, algo que me sacara de la monotonía diaria.

Lo único que me ataba era la relación con mi novia y además, ella hizo Magisterio y eso me dió ese resorte de que tenía que ser algo más (ahora lo llamaría machismo trasnochado) y después de mucho pensarlo y hablando con mis padres, tomé la decisión de irme a Madrid con mi hermano.

Con un dinero ganado y ahorrado con mi trabajo del hotel y ayudas de mis padres, me saqué el carnet de conducir y una vez lo tuve en el bolsillo, me las enfilé rumbo a Madrid no sin antes, prometer amor eterno a Emi.

Lo primero que hice en Madrid fue buscar una academia donde impartieran clases de ingles y en pocas semanas, encontré una en la calle San Bernardo. No me pagaban mucho pero hice un intercambio y me apunté a periodismo que por aquella época, era como estudiar perito-mercantil, banca, oposiciones, etc., allí me encontré con Tanis que impartía clases de periodismo de empresa, trabajaba en Iberia y fue él, quién me alentó para que entrara en Iberia. Así con este objetivo por delante, todos mis sentidos fueron dedicados a terminar los dos años de academia, y entrar en la compañía aérea. Con un poco de enchufe, entré en el departamento de comunicación cuasi de botones, y al mismo tiempo, colaboraba en la revista gremial IberiAvion. Al cabo de unos meses, Tanis me dijoun día: “Sabiendo inglés, ¿Por qué no intentas entrar de azafato? Ganarías una “pasta” y esa, fue la primera ocasión en que escuché esa palabra. Y enseguida, siguió contándome lo que era un azafato. Siempre me acordaré de sus palabras. “Es como una azafata pero en tío”. Aunque luego resultó que a los hombres se nos llamaba auxiliares de vuelo y hoy mismo, se conocen como tripulantes de cabina de pasajeros.

Una vez que me enteré de los requisitos para ser Auxiliar de Vuelo (azafato) y sobretodo cuanto se ganaba, todos mis sentidos -otra vez- fueron dirigidos a la meta de empezar a volar.

Los requisitos para entrar de Auxiliar de Vuelo, no eran muy fáciles sobre todo, porque la mayoría era referidas a hostelería y si provenías del sector, ya tenías muchas ventajas y más todavía, si provenías de buenos hoteles. Entonces, no tuve más remedio que llamar a el coronel Rullan, para ver si él tenía alguna relación con algún hotel de Madrid que fuera de prestigio, contándole que mi propósito era conseguir entrar en Iberia. A los pocos días, me recomendó en el Hotel Menfis, de la Gran Vía de Madrid.

No me dejaron en Iberia pedir una excedencia porque no había cumplido ni siquiera los seis meses así que una vez más, me tiré al charco e hice lo mismo que en el hotel de San Fernando: pedí la cuenta, (en aquella época no existía el finiquito),no sin un cabreo supino de mi hermano Antonio que me dijo que estaba loco por dejar el trabajo en Iberia para apuntarme a una aventura.

El Director del Hotel Menfis, me recibió en su despacho y me dio carta libre para recorrer todas las dependencias, pero le dije que mis prioridades era la gastronomía y similares, así que de esta forma, me dieron mi uniforme de camarero y cocina y empecé con las prácticas. Desde entonces, respeto esa profesión y admiro la docencia de ella; en las Escuelas de Hostelería de este país, y a las cotas que ha llegado en el mundo gastronómico.

En un hotel, todo está calculado; desde el repaso diario de los cubiertos y vajillas hasta las flores frescas diarias tienen importancia; cuando pernoctamos en un hotel, no nos damos cuenta de lo que se cuece entre bambalinas; pò poner un ejemplo: no sabéis lo complejo que puede llegar a ser montar un buffet de desayuno; todo está puesto en su orden: desde los embutidos hasta la fruta, pasando por la panadería y pastelería. En el Hotel Menfis, comencé a amar esta profesión la cual pienso como la más sacrificada haciendo siempre, lo que el cliente demanda y si eres un buen profesional, nunca pierdes la sonrisa, olvidándote de tus propios problemas y haciendo tuyos los de los demás por eso, lo que más me jode en esta vida, es cuando veo a alguien chasquear los palillos o silbar para llamar a un camarero.

Sabía que para lograr mi objetivo, me quedaba una tarea ardua, pues el examen escrito, de cultura, idioma, se componía de 300 preguntas relacionadas con la hostelería, amen del práctico, nada que ver con el que les hacían a las azafatas en aquella época de los sesenta, que era principalmente, de belleza, saber estar, ser de una buena familia, -mejor si era de las altas esferas-, idiomas y cultura general.

Cuando terminaba mis prácticas que fue poco tiempo, ya que empecé a dar servicios de sala y cocina en menos de un mes, y como siempre tenía turno de mañana, me iba a la Blibioteca Nacional y allí, por recomendación del Maitre Hotel y Chef, comencé a estudiar una de las asignaturas que se me antojaba de las más difíciles: la cocina y en un libro de más de mil y pico paginas, aprendía con dibujitos, como se hacía, desde la salsa bearnesa, hasta los componentes de la sopa Solferino y el cóctel Portoflip y os digo esto por que luego, me cayeron en el examen. Decía antes lo de los dibujitos, porque a cada plato le ponía la base y si era una Vichysoisse, dibujaba un puerro y memorizaba con el dibujo, la base del plato y así la respuesta era más fácil -sopa fría a base de puerro y diluida en nata…) esto me lo explicó una bibliotecaria que estaba más buena que un pan, pero yo en aquella época, era totalmente fiel a mi novia de provincia.

Ocho meses tardó la convocatoria para el examen en Iberia y ocho meses que estuve en el hotel. No tenia sueldo porque estaba de prestado, pero los jefes me apuntaban a las bodas y banquetes y de esta forma ganaba un dinero extra haciendo de extra y valga la redundancia.

Fue un periodo de mi vida un poco extraño; me parecía idiota de mi, que todo lo bueno de la vida ya lo había vivido y ahora, por haberlo hecho, me tocaba purgar todos mis devaneos anteriores con la obligación de ser consecuente con una conducta, que ahora a la distancia, se me antoja absurda tomando en cuenta los años que entonces, tenía.

Con mis 22 años, a punto de iniciar el 'asalto' como azafato de Iberia...
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Con mis 22 años, a punto de iniciar el "asalto" como azafato de Iberia...
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