Entre sus muros y en un ambiente a la vez palaciego y monacal, se forjó el carácter de quien culminaría la Reconquista junto con su esposo Fernando de Antequera, y alumbraría un Nuevo Mundo allende los mares.
Poco se sabe de los orígenes de la villa abulense, bien musulmana o incluso visigoda, pero de lo que no cabe duda es de su importancia estratégica, en las lindes con el viejo reino de León, como da testimonio la muralla que la circunda y cuyo perímetro casi iguala al de la capital castellana (en su interior, había espacio incluso para huertos, con el fin de soportar posibles y largos asedios), con cuatro puertas. Se conservan, además, y en buen estado varios torreones de los 80 que llegó a tener.
En la pila bautismal de la iglesia de San Nicolás de Bari, del siglo XIII pero posiblemente edificada sobre un templo anterior, la pequeña Isabel recibió el sacramento. Su impresionante torre campanario, rematada en chapitel, de 65 metros de altura, permite otear el mar de cereal propio de la comarca y que se extiende hasta el horizonte. El interior no desmerece de la fachada mudéjar. La techumbre del mismo estilo, la sillería que mereció la distinción del Premio Europa Nostra, y un retablo gótico son algunas de sus perlas.
Muy próxima se erige, cual atalaya en lo más alto del pueblo, la iglesia del Castillo, cuyo nombre hace referencia a los restos de una antigua fortaleza que ocupó ese emplazamiento, antes de la repoblación del lugar. Impresiona por la sencillez, a la vez que belleza, de su románico en ladrillo.
Y justo al lado, Madrigal de las Altas Torres hace justicia a otro de sus hijos – nacido en 1470-, el Vasco Vázquez de Quiroga y Alonso de la Cárcel, gran jurista español, oidor de la Real Audiencia de Méjico, a donde llegó en 1531, y primer obispo de Michoacán, estado donde los descendientes de los indios purépechas aún guardan memoria agradecida de quien defendió sus derechos y dignidad. Como reconocimiento, aquellos indios le pusieron por nombre “Tata”, que significa en su idioma “padre”.
Es curioso cómo la misma villa alumbró a dos personajes históricos que se significaron en la defensa de los indios, por un lado, la Reina que lo hizo desde el primer momento del Descubrimiento de América reconociéndoles como súbditos con los mismos derechos y obligaciones que los españoles peninsulares (más tarde, se plasmarían legalmente en las leyes de Burgos y de Indias), y este Tata Vasco, que hizo suya la causa de los indios, frente a los abusos puntuales de los conquistadores (no tantos como pretende la malhadada Leyenda Negra antiespañola).
Hablamos antes de las monjas agustinas que a su vida de oración, suman su guarda y custodia del lugar de nacimiento de la futura Reina Isabel I de Castilla, pero la Orden de San Agustín también se hace presente en Madrigal de las Altas Torres, extramuros, con su antiguo Convento, que pese al lamentable abandono actual, aún conserva trazas de su antiguo esplendor. Con orígenes en 1335, no fue sino en 1528 que se instalaron allí los frailes agustinos. El Arzobispo de Toledo, Gaspar de Quiroga, protector de Fray Luis de León, que falleció aquí, puso todo su empeño en erigir este monasterio, entre cuyos muros se impartió una prestigiosa cátedra universitaria. Aquí buscó refugio la Infanta Isabel, cuando huye de Ocaña tratando de evitar el matrimonio a que quería forzarla su medio hermano, el Rey Enrique IV de Castilla, que ha pasado a la Historia como el Impotente.
Otro de los edificios más emblemáticos de Madrigal de la Altas Torres y cuyo porte da idea de la importancia del lugar es el Hospital de la Purísima Concepción, mandado construir por María de Aragón, la primera esposa del Rey Juan II. Destinado a albergar a pobres y desamparados, prolongó su benéfico uso durante casi medio milenio, hasta 1943. Actualmente acoge, además de un aula de interpretación de la Naturaleza y la Oficina de Turismo, un Museo dedicado a ese gran precursor de los derechos humanos que fue Vasco de Quiroga.
El doctor Nicolás de Soto, médico de familia de la reina Isabel y de sus hijos Juana y el Príncipe Juan; así como del Rey Fernando tuvo aquí palacio propio, el de Soto de Vergara, del que sólo se ha salvado la fachada. Está labrado en piedra de granito, como si fuera un retablo, con profusión de motivos vegetales, elemento decorativo muy propio del Renacimiento español.
La visita a Madrigal de las Altas Torres no puede concluir sin degustar uno de sus afamados caldos, los únicos de Ávila con D.O., en la Bodega de los Frailes, que continúa la tradición vitivinícola de los monjes, que se remonta al siglo XV, y que merecieron el reconocimiento de insignes autores del Siglo de Oro español.
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*Jesús Caraballo (Jesús González Fernández), licenciado en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU, fue Jefe de Prensa de Ferias en IFEMA MADRID (incluida algunas tan prestigiosas como FITUR) durante los últimos 37 años, después de estrenarse en la profesión en medios como las agencias de noticias EUROPA PRESS (TV y Noticias) y OTR PRESS, y en la sección de Internacional de la revista Tiempo. A lo largo de su trayectoria profesional, ha colaborado y aún lo sigue haciendo, en numerosos medios turísticos, gastronómicos, de arte, política e internacionales como Radio Sefarad.