Pero claro, al llegar a esta edad de los 83 abriles las “perspectivas de vida son realmente escasas”, y eso me está moviendo a seguir la siguiente estratagema:
Primero tenía pesadillas desagradables, y ahora, recientemente, mis sueños son hermosos e inefables.
Muchas veces escribo nada más despertarme aquello que he soñado. Creo que el gran Graham Green hacía algo parecido, según cuenta su compañera Simone Coleta. Pero esa afición me está empujando a dormir cada vez más horas del día, pero no de noche.
Primero, como he cambiado el horario y no tengo ni jefe ni empresa terrenal, duermo mucho más de día que de noche, pero lo que duermo de día se va transformando en sueños hermosísimos.
Temo, quizá antes de morir, pasarme el día entero durmiendo, que es sin duda una forma extraña de vivir, pero que está dominando y transformando mi forma de existencia.
Así, en lugar de vivir dormiría, y ya no me enteraría del momento de mi muerte. Quizá llegado ese momento dejaría de soñar y empezaría a soñar es otro sueño del que habla la Biblia y el Cristianismo.