La empresa mixta pasaba a ser la dueña de lo construido por un periodo pactado de entre 25 y 50 años. Una vez finalizado este, la propiedad revertía al estado. Bajo este esquema, las compañías aportaban el capital para la inversión en activos fijos, reformas y mobiliario, asumiendo la gestión operativa del negocio. El marco legal cubano excluyó desde el primer momento el acceso extranjero a la propiedad del suelo, el cual permaneció bajo el control del Estado.
Un par de años antes hice la primera de mis visitas a la Isla por encargo del PNUD, el programa de Naciones Unidas de ayuda al desarrollo. Me entrevisté con Fidel Castro . Le explique el modelo español de los años 60 y como el turismo había contribuido a la apertura del país por las concesiones que tuvo que hacer el régimen . Castro estaba reticente ,pero la situación económica le obligaba a tomar medidas que no hubiera tomado en una situación normal.
Mientras tanto Gabriel Escarrer que ya tenía un acuerdo con Cubanacán, empresa dependiente del Ministerio de Turismo (MINTUR) para instalar allí la cadena Sol-más tarde Meliá- me pidió mi opinión, que fue favorable, tras asegurarme él que esperaba recuperar el capital invertido en dos años. El riesgo quedaba compensado por la alta rentabilidad .
El modelo se expandió rápidamente y las principales cadenas hoteleras españolas entraron en el mercado isleño. La inversión directa acumulada por estas corporaciones se situó en el entorno de los 160 millones de euros, un tercio del total invertido por empresas españolas . Durante las dos primeras décadas, el rendimiento de estas inversiones resultó extraordinario. Los beneficios obtenidos y repatriados superaron con creces el capital inicial desembolsado.
Este sistema de copropiedad y reparto proporcional de beneficios funcionó, sin competencia, hasta que GAESA, la sociedad del Ministerio de Defensa, dirigido por Raul Castro, que opera sin rendir cuentas públicas ,acumuló el capital suficiente para iniciar por su cuenta la construcción de nuevos hoteles. Para su explotación utilizó a su filial Gaviota, que firmó contratos de gestión con hoteleras españolas y canadienses que percibirían una retribución doble: un porcentaje fijo por la administración hotelera y un incentivo variable ligado a los beneficios .
Ambos esquemas —el de empresa mixta y el de gestión, convivieron durante años. Esa estabilidad estuvo favorecida por la suspensión de la aplicación del Título II de la Ley Helms-Burton por parte de las sucesivas administraciones estadounidenses.
Su activación en 2019 coincidió con un deterioro de la situación económica de Cuba, agravada por el impacto de la pandemia del COVID. A partir de ese momento, las sociedades extranjeras no pudieron repatriar sus beneficios debido a la falta de liquidez en divisas del Gobierno cubano. Las posteriores decisiones de la Administración Trump empeoraron la posición del sector al incluir expresamente a las entidades que tengan negocios con GAESA y sus filiales .
Los hoteles propiedad de la corporación militar son los que Iberostar y Meliá han dejado de operar . Por el contrario, ambas compañías , entre otras, mantienen los contratos con Mintur o con la empresa Gran Caribe, corporaciones civiles que permanecen fuera de los listados de sanciones de Washington.
El balance histórico de la experiencia cubana arroja un saldo neto positivo para las firmas españolas. De hecho, los beneficios de los años de expansión financiaron parte de la internacionalización de estas marcas.
Las entidades hoteleras tienen inmovilizados entre 80 y 100 millones de euros en el sistema bancario cubano que no pueden ser repatriados y que ya han sido dadas por perdidas en los balances de las matrices españolas. Para ellas ,Cuba ha dejado de ser una prioridad estratégica . El foco en el Caribe se ha trasladado hacia destinos como la Riviera Maya, Cancún y Punta Cana donde se enfrentan a nuevos retos como la plaga de sargazo.
Pese a esta pérdida de relevancia económica no van a abandonar la isla a la espera de tiempos mejores. Acumulan un bagaje de conocimiento operativo y de relaciones institucionales del que carecen las corporaciones norteamericanas que querrán implantarse allí. Cuando el sistema cambie, ninguna autoridad o inversor prescindirá de las cadenas hoteleras españolas , que resultan indispensables para gestionar la transición sectorial, replicando el proceso ya observado tras la caída del bloque soviético en los países de Europa del Este.
El mercado cubano ha cumplido su ciclo. Hoy constituye un activo latente que se gestiona bajo criterios de control de daños a la espera del inevitable brillante futuro turístico de Cuba, que se atisba mas cercano tras las reformas puestas en marcha por el régimen ,que incluyen el desmantelamiento de Gaesa y su sustitución por sociedades anónimas , previsión de devaluaciones del peso y la autorización de bancos privados, lo que supone un cambio completo del sistema económico.