Uno de los puntos críticos es el bar El Sauco, que tras cerrar sus puertas por la noche, deja montada su terraza en la vía pública. Este mobiliario se convierte en lugar de encuentro informal para grupos de jóvenes, que prolongan su estancia hasta altas horas de la madrugada, generando carcajadas, gritos y disturbios acústicos que superan los límites razonables de convivencia. A pesar de haberse solicitado a la propietaria del establecimiento que recogiese la terraza al finalizar su jornada, la respuesta obtenida fue negativa, aludiendo que dicha tarea requiere "demasiado trabajo".
A esta problemática se suma la actividad nocturna en la Plaza del Cristo, donde se reúnen grupos de jóvenes diariamente, causando un elevado nivel de ruido. Estas conductas han sido comunicadas al Ayuntamiento. En una reunión mantenida con la alcaldesa —representante del Partido Popular— y el concejal de medio ambiente, esta señaló que estas situaciones no constituían "escándalo público". Sin embargo, la realidad es que, el problema excede el ámbito del orden público y se sitúa en el plano medioambiental, por superar con claridad los decibelios legalmente permitidos.
Lo más preocupante es la carencia de medios para abordar el problema: el Ayuntamiento no dispone de sonómetros ni ha capacitado personal para su uso. Ante la posibilidad de una denuncia formal, la respuesta institucional fue evasiva: “Nos defenderemos”. Esta afirmación deja en entredicho el compromiso público con los vecinos, especialmente en casos como el de personas mayores que sufren de manera directa las consecuencias del ruido.
Aunque se anunció el envío de la policía local, dicha medida fue percibida por mi parte como una solución improvisada y poco eficaz, sin una intención clara de erradicar el problema.
Este escenario pone de manifiesto una preocupante falta de civismo entre algunos sectores de la población, pero también una alarmante ausencia de voluntad política para proteger el bienestar vecinal. Urge un abordaje serio que incluya control sonoro, campañas de sensibilización y, sobre todo, un compromiso real por parte de las autoridades.