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Opinión: “Recuerde el alma dormida...”

Puigdemont, capitán de la discordia

¡Oh, Capitán, mi Capitán! Nuestro azaroso viaje ha terminado… (Walt Whitman -1829-1892)

miércoles 08 de noviembre de 2017, 02:08h
Puigdemont, capitán de la discordia

Por María José López de Arenosa

08NOV167 – MADRID.- Carles Puigdemont podría competir en valentía con el capitán del crucero Costa Concordia, Francesco Schettino. En enero de 2012 el barco más grande de Italia chocó contra las rocas de la isla de Giglio cuando su capitán quiso tener un detalle con un empleado originario de la isla y saludar a un colega jubilado que vivía allí.

Además de tardar más de una hora en dar la señal de alarma, el capitán Schettino abandonó el barco cuando todavía no había terminado la evacuación en uno de los actos de cobardía más viles y grotescos de lo que va de siglo. 32 pasajeros fallecieron.

Nuestro capitán Flequillo no tenía capacidad personal ni operativa para llevar su trasatlántico independentista a ninguna parte. La travesía ya se había llevado por delante la convivencia y más de 2000 empresas de la región más próspera de España. Después de sembrar la discordia ignorando todas las advertencias y cartas de navegación, en una maniobra temeraria, encalló el buque de la independencia contra la realidad del Estado de Derecho. Haciendo gala de un espíritu heroico sin parangón, el capitán Puigdemont abandonó el barco dejando a sus seguidores sumidos en el desconcierto y a sus compañeros de gobierno solos ante la juez Lamela quien, a raíz de la fuga del expresidente y otros cuatro consejeros, ordenó cárcel sin fianza para los demás, menos Santi Vila, el espabilao que, como las ratas, saltó del barco justo a tiempo.

Walt Whitman, en su elegía a Abraham Lincoln tras su asesinato, escribió uno de los poemas más emotivos y declamados de la poesía americana: ¡Oh, Capitán, mi Capitán! Al contrario que en el poema de Whitman, Puigdemont deja como legado una nave desgajada mientras él, sin un rasguño, abandona a su pueblo y se va a Bruselas a comer mejillones.

Como los agasajados por el capitán del Costa Concordia, los miembros de la CUP se van (por ahora) de rositas porque la responsabilidad de gobierno no era suya. El capitán podía haber pensado en los pasajeros --en todos los catalanes-- la razón suprema por la que él estaba al mando, y no en complacer a un grupo de radicales. Carles Puigdemont pudo haber convocado elecciones. También pudo dimitir si la presión vía Twitter (manda narices el poder que esta sociedad desquiciada concede a unos activistas anónimos) le resultaba inasumible y dejar a Junqueras al mando. Prefirió la huida hacia adelante para contentar a sus socios de gobierno.

Dudo que Junqueras y los demás enchironados se sorprendieran con la fuga del capitán de la discordia catalana. Si Arturo el Astuto lo escogió como sucesor sería porque el muchacho ya apuntaba maneras como pupilo aventajado. Su trayectoria, desde su investidura hasta el pasado 10 de octubre, con el coitus interruptus de la independencia no declarada pero sí suspendida, debía ser un aviso a navegantes ingenuos; una demostración de hasta dónde podía llegar su cobardía y su espíritu tramposo y trilero.

Desde Bruselas, el abogado de Puigdemont, un tal Paul Bekaert, dice que no se fía un pelo de la Justicia española. Pues nada, hombre, fíese usted de los pelos del heroico capitán Flequillo y verá cómo le va. Yo, que tengo unos conocimientos jurídicos tan escasos como los que tiene usted sobre España, le invito a fijarse en la suerte de quienes confiaron en el expresidente de la Generalidad. Adelante. Confíe en su cliente, señor Bakaert. Antes que usted ya lo hicieron otros malandrines y ahora están en la cárcel. Trabajar al servicio de un traidor está en sintonía con su trayectoria de defensor de etarras. Confiar y unir su destino al de un cobarde de esa catadura moral, le brindará la retribución que su infamia merece después de haber atacado la credibilidad de España y sus instituciones para quedarse con las monedas de Judas. Por mi parte, le deseo a usted el mismo repudio eterno que tuvo el Iscariote.

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    Últimos comentarios de los lectores (3)

    2451 | Alina - 09/11/2017 @ 12:50:16 (GMT+1)
    Excelente artículo y excelente metáfora extendida. Análisis profundo de un discurso caduco. Si la situación no provocara tanta ira, sería el mejor ejemplo de una farsa medieval.
    2450 | Emilio - 08/11/2017 @ 20:34:17 (GMT+1)
    Excelente artículo. Solo decir que la roca del accidente ha sido demasiado pequeña . Tan pequeña como la voluntad de los que la han colocado ahí. Semejante transatlántico merecía una roca everéstica.
    2449 | Juan Carlos - 08/11/2017 @ 19:56:48 (GMT+1)
    La única herencia buena que nos deja el "capitán flequillo" es poder ver la cantidad de buenos catalanes que salieron a la calle con su bandera española y catalana. Esos catalanes que nos gritan que no les olvidemos ni les dejemos solos frente a la gentuza separatista y violenta. El resto de su herencia es para renunciar y que se la quede Montoro.

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