Y ya comienza a respirar y a ver la luz del mundo. Un acto divino como el que hizo Dios en el momento de la creación.
Veamos su arranque literario:
Los cuerpos flotaban ordenados por el canal San Carlos camino al empedrado Mapocho. Cabezas cubiertas con fundas de sarga mostraban manchas de tierra, grasa y sangre. Torsos destrozados a balazos, quizás también por la tortura, que el barro lavaba para diluir las huellas de sus maltratadores.
¿Quién es Myriam García Carromero?
Es ingeniero, como a ella le gusta decir. Es novelista y periodista digital. Trabaja por libre, y mucho, entre dos mundos, Hispanoamérica y España, las cuestiones de energías renovables. Todo esto es un carnet formal que, como socióloga, yo escribo sobre ella, pero Miri-Miri es mucho más.
Hablaré de esta novela, a mi modo, en tres claves.
PRIMERA CLAVE: SIGUIENDO A ORTEGA Y GASSET
¿Será Myriam García Carromero una orteguiana avant la lettre? ¿O bien, su inteligencia literaria la ha llevado a similares ideas que Ortega?
Su obra cumple perfectamente con los requisitos que según Ortega debe tener una novela.
Deseo reflejar este fragmento de su brillante ensayo, ya citado, sobre qué es lo esencial en una novela. Esto resulta más actual que nunca, y es utilísimo para escritores. Dice así Ortega:
Hay que invertir los términos:
La acción o trama no es la sustancia de la novela, sino, al contrario, su armazón exterior, su mero soporte mecánico. La esencia de lo novelesco (adviértase que me refiero solo a la novela moderna) no está en lo que pasa, sino precisamente en lo que no es “pasar algo”, en el puro vivir, en el ser y el estar de los personajes, sobre todo en su conjunto o ambiente. En suma, solo se necesita un mínimo de acción.
Pasa pues, la aventura, la trama, a ser solo pretexto, y como un hilo solamente que reúne las perlas en collar. No, no es el argumento lo que nos complace. No es la curiosidad por saber lo que va a pasar a fulano lo que nos deleita. Una redacción somera no nos sabe a nada. Necesitamos que el autor se detenga y nos haga dar vueltas en torno a los personajes.
La prueba de ello está en que el argumento de toda novela se cuenta con muy pocas palabras, ergo, no nos interesa en demasía.
Recuérdese ahora las novelas mayores del pasado, las que han conseguido triunfar de las enormes exigencias planteadas por el lector actual, y se advertirá que la atención nuestra va más a los personajes por sí mismos, que a sus aventuras. Son Don Quijote y Sancho los que nos divierten, no lo que les pasa.
Función y sustancia. Nuestro interés se ha transferido de la trama a las figuras, de los actos a las personas. Este desplazamiento coincide con el que se ha producido en la ciencia física y en la filosofía, donde hay tendencia a reducir la teoría de las sustancias, y sustituirla por sus funciones.
Hasta aquí, este regalo magnífico salido de la inteligencia de uno de los grandes pensadores de lengua española, José Ortega y Gasset.
Esta obra, El río delator, cumple con los requisitos que según Ortega debe tener una novela: no tener trama, o solo la suficiente para ofrecer una estructura.
En este caso, la estructura está formada por los miembros de una familia, y sus amigos, a los que seguimos.
Es interesante observar que la novela se construye por estratos que corresponden a diferentes localizaciones geográficas: Santiago de Chile, Valparaíso, Madrid y Algete.
La autora hace narrar los hechos sucedidos a distintos personajes de la familia, o cercanos, mostrando diferentes aristas y ampliando los puntos de vista.
Por ello, como cinéfila que soy, me viene a la memoria el magnífico film de Hakiro Kurosawa, llamado Rashomon, que es un caleidoscopio de personajes en un mismo escenario, enfocados de distinta manera por la mirada maestra de nuestra escritora en su novela.
SEGUNDA CLAVE: CUCA, UNA BRAVA MUJER
Al elegir la escritora a un personaje como la columna vertebral de su obra, Cuca, podríamos decir que García Carromero es netamente una “Orteguiana”.
Pongo el foco desde un doble ángulo: Cuca en el mundo y Cuca en esencia.
Cuca en el mundo
No se trata de narrar, redactar, hacer “spoiler” (palabreja que tanta fortuna ha hecho en español) sino de arquera, lanzar el dardo a la diana. Así diré que Cuca es la voz interior de la novela. El eje, el armazón interior. Es una madre terriblemente herida, por la falta de su hijo, más la sombra de una dolorosa sospecha.
El armazón exterior es todo lo que aconteció en Chile, la segunda patria de nuestra novelista, la que ha elegido de corazón, no de nacimiento, pues ella es castellana.
¿Que Chile? Es el Chile sangriento, revuelto y cruel de los años de Allende y Pinochet. Es el Chile que asesina y por la noche tira desde los puentes a las víctimas rio abajo para que la gente se aterrorice con ese paisaje de cadáveres flotando en el río cada día. De ahí el nombre de esta magnífica novela El río delator.
A lo largo de las más de doscientas cincuenta páginas de esta novela, vibra la hermosa voz literaria de nuestra autora, contra aquel terrible tiempo que asoló a Chile:
Son 50 años, la vida es eterna. La melodía de Víctor Jara resuena aún. Hace ya más de 50 largos años desde que el sismo sin marca en la escala de Richter removió las entrañas de Chile, hasta hacerle vomitar todo el odio y miedo que su subsuelo escondía.
Nuestra novelista ha ido cocinando a fuego lento, como los buenos guisos hechos con tiempo y con amor, toda la oleada de voces que le han ido llegando de unos y otros. Relatos, de su vivir cotidiano en Chile, donde las heridas están abiertas y sangran, y la gente cuenta lo que ha sufrido. Las contiendas entre hermanos tienen un olvido difícil. Aún sangran las de la incivil guerra civil española, más lejana en el tiempo.
Nuestra novelista es mucha autora. Su ambición narradora no se conforma con un solo escenario. Su pluma va de Santiago, a Valparaíso. Ella misma se convierte en un fiero rio delator de injusticias, como subraya el de su novela. Luego cruza la Mar Oceana (como se decía en tiempos de Colón) y se instala en Madrid. También conoce algo de la vida rural y campestre de sus alrededores, en un cuarto escenario que sería el pueblo de Algete.
Si el escenario chileno es rico en vivencias y sensaciones, el escenario español no se queda atrás. La novelista ha puesto toda su sabiduría y buena escritura en levantar estos edificios, ambientes históricos donde transitan sus personajes. Toda una corte que acompaña a Cuca en su ir y venir. Confrontados, diversos, opuestos, por ideologías, clase social, edad, cultura y mucho más.
Este artefacto divino que es el ser humano da mucho juego para todo y todos los gustos. Albricias.
Cuca en esencia
No hay ninguna Cuca real. Es un personaje. Es tal la importancia de esta criatura de tinta y papel que le pedí a nuestra autora me expresara en un decálogo su esencia.
Esta es su esencia:
1. Madre, tenía que ser madre. Entender algo tan brutal como la muerte, la ausencia, el extrañamiento, la violencia... solo lo puede hacer una madre despojada de ideología o ideales materiales
2. Católica. Dentro de las religiones que conozco el catolicismo es el más libre. Te deja equivocarte y que asumas las consecuencias. Pero es la más generosa perdonando.
3. Fuera de lugar. En la hiperconservadora sociedad chilena de los setenta de matronas y maridos con más amantes que dedos de los pies, a Cuca la importa un bledo lo que opinen de ella. Bebe, viste elegante pero provocadora, no le importa mostrar el cuerpo incluso al vecindario en mitad de un duelo terrible o bailar encima de una tumba. Como decía Alaska, la cantante del pop español: “a quién le importa”.
4. Intuitiva. Tiene olfato, sabe lo que ocurre, aunque no tenga suficiente información formal. Es muy inteligente para «oler» el siguiente paso de sus enemigos.
5. Crea sus propios lazos familiares fuera de la familia tradicional y conservadora. Abandona a 4 hijos para buscar al perdido. Sabe cuándo tiene que tomar decisiones que desde fuera no se entienden
6. Liderazgo. Los que la rodean confían casi a ciegas en ella. Aunque les haya hecho daño, los haya traicionado o abandonado.
7. Leal. Es contradictorio con lo anterior, pero a su manera es leal y no olvida a nadie de esa familia que ha creado.
8. Valiente. Como todos los valientes se tapa una parte del cerebro para tomar decisiones.
9. Pragmática e idealista. Utiliza todo lo que está a su alcance para alcanzar su objetivo, incluso su irresistible atractivo. Todo vale excepto traicionar su ideal: encontrar a su No Name, a su hijo. Pero va mucho más lejos; quiere descubrir y atrapar a todos los que tramaron el complot.
10. Es pura belleza contaminada de humanidad. Es un animal bello.
Veamos ahora una breve descripción en clave literaria de Cuca:
Pero a Cuca nunca le habían importado las convenciones sociales. Con un hijo muerto estaba dispuesta a entregar a la parca aquella falsa compostura de trajes de luto con las cabezas preocupadas en el «qué dirán» y la supervivencia. Cuca quería llorar, gritar, morder y hasta morir. Era su hijo mayor y lo iba a despedir como había vivido, a su manera. (p.9)
TERCERA CLAVE: FONDO Y FORMA
La voz de la narradora es una voz con fuerza, que sabe incorporar en sus diálogos llenos de vida, la voz popular chilena, la voz de un progre de los 70, estudiante de la Complutense, la voz de los aristócratas, la familia española de nuestra protagonista, etc.
La literatura, ha dado ejemplares notabilísimos respecto a esa problemática de las clases sociales y la complejidad de sus relaciones, por decirlo en términos sociológicos, como la célebre novela Principio y fin del egipcio Naguib Mahfuz. O la célebre Bella del señor de Albert Cohen, que es una joya en el análisis y crítica del poder (fue objeto de un debate sociológico, en el seminario de Pierre Bourdieu, en París, al que asistí).
Nuestra narradora, trasunto de Cuca, criatura de sus entrañas (¿ella misma?) es un ser complejo, sofisticado en las relaciones sociales, administra sus silencios, escucha, se desdobla. Nada más lejos de un personaje sencillo.
Respecto a la forma, tenemos ante nosotros a una buena escritora elegante, con buen pulso, sobria. Me recuerda, en otro orden de cosas (mutatis mutandis) a lo que el gran poeta arquitecto, Joan Margarit, exige a la escritura lírica: concisión y exactitud, en la cual no puede sobrar ni un pilar ni una viga, dicho en clave arquitectónica. Sin esos rasgos, un texto se derrumba como un edificio.
Hay una especie de música interior en la novela y canciones explicitas que aparecen en ella, la dotan de fuerza y de colorido
* * *
Termino expresando mi sincera felicitación a nuestra brillante novelista, por su trabajo hercúleo y hermoso.
He ajustado a tres claves el tesoro que es esta novela, podría decir y encomiar muchas más cosas.
¿Quién da más por menos? Procedan: corran a comprarla. Amen, que quiere decir: así sea.
*María Antonia García de León Álvarez - Profesora de Sociología (UCM) - Escritora y poeta