Angulo, que irritó también a Kirchner por mantener encuentros con líderes de la oposición, fue destituido poco después por Zapatero y relevado por Rafael Estrella, un embajador político que no pertenece a la carrera diplomática.
Ni siquiera la excelente relación que Angulo mantenía con el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, salvó al embajador de ser sacrificado por Zapatero. El diplomático, muy crítico con el muro de inseguridad jurídica en el que se estrellaban muchas de las empresas españolas afincadas en Argentina, desembarcó en la embajada bonaerense en octubre de 2004. Pero no era un recién llegado: durante los cuatro años anteriores, Angulo fue el representante en Argentina del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), lo que le permitió tejer una tupida red de contactos políticos, empresariales y sociales.
Pese a que Angulo conocía bien Argentina, Néstor Kirchner nunca aceptó con agrado su nombramiento como embajador. El diplomático atendía las denuncias de las empresas españolas, supuestamente chantajeadas por altos cargos del Gobierno argentino, aunque reconocía en privado su impotencia para mediar en el conflicto a causa de la desidia del Gobierno de Zapatero. "Lo único que puedo hacer es prestar mi pañuelo a los empresarios para que vengan a llorar", confesó en 2005 al entonces director de Aerolíneas Argentinas -propiedad en aquella época de Marsans-, Jorge Molina.
Molina relató a El Confidencial cómo las empresas españolas se veían obligadas a pagar favores políticos para operar en Argentina ante la indiferencia del Gobierno de Zapatero. En concreto, Molina asegura que un asesor de Kirchner pidió a Marsans 1,5 millones de dólares en negro para la campaña electoral de Cristina Fernández de Kirchner"El embajador me dijo que lo que yo le contaba era un calco exacto de las presiones que sufrían otras empresas españolas", señaló el ex ejecutivo de Marsans.
Contactos con la oposición
Esta postura irritaba al presidente argentino, quen además protagonizó diversos choques con Angulo. Kirchner desconfiaba de las relaciones que el embajador español mantenía con figuras relevantes de la oposición como Roberto Lavagna o Eduardo Duhalde. Lavagna se hizo cargo del Ministerio de Economía con Duhalde en 2002, y continuó en el cargo con la llegada de Kirchner. Sin embargo, en 2005 fue relevado y pasó a la oposición. Duhalde, presidente interino en 2002 durante la caótica crisis argentina, también respaldó en un primer momento a Kirchner, pero no tardaron en convertirse en adversarios políticos. Ambos formaban parte de la amplia agenda de contactos de Angulo.
El diario argentino Página 12 desveló en 2006 otro episodio comprometido que enfureció al esposo de la ahora presidenta Cristina Fernández. Angulo invitó a una recepción oficial en la embajada en Buenos Aires al obispo castrense Antonio Baseotto, un controvertido personaje que se había enfrentado públicamente al Gobierno de Kirchner por despenalizar el aborto y fomentar el uso del preservativo. "Quienes escandalizan a los pequeños merecen que les cuelguen de una piedra de molino y les tiren al mar", espetó Baseotto al ministro de Salud argentino, lo que le costó la pérdida de su rango y su salario. Kirchner no perdonó a Angulo la presencia del obispo en la recepción y precipitó su exigencia para que abandonara Buenos Aires.
Este episodio se produjo en mayo de 2006, sólo un mes antes de que Kirchner viajara oficialmente España. Fue durante esa visita, según las fuentes consultadas por El Confidencial, cuando aquél exigió a Zapatero lo que el embajador argentino en Madrid, Carlos Bettini, ya había reclamado con anterioridad y de forma discreta a Moratinos: el relevo de Angulo. Cinco meses después de la reunión entre Zapatero y Kirchner en Madrid, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba el cese de Angulo como embajador en Argentina. En febrero de 2007 fue destinado a la legación diplomática española en México, donde permaneció hasta enero de este año.
Las relaciones bilaterales entre España y Argentina han estado marcadas por la cordialidad oficial de la relaciones entre Zapatero y los Kirchner, pero también por los problemas de seguridad jurídica de las empresas españolas. La expropiación de Aerolíneas Argentinas a Marsans dificultó especialmente los contactos diplomáticos, pero también la incertidumbre en torno a las inversiones de otras compañías, como Telefónica.
En 2006, Zapatero y Néstor Kirchner firmaron en Moncloa, durante la mencionada visita de éste a Madrid, un Plan de Asociación Estratégica; pero en 2009 el propio rey Don Juan Carlos tuvo que recordar a Cristina Fernández, durante un viaje oficial a España, la importancia de la contribución de las empresas españolas a la economía argentina.