La “Operación Cóndor” coordinó la desaparición de oponentes políticos a las sangrientas dictaduras latinoamericanas de los ‘70
Se inicia en Buenos Aires juicio por la Operación Cóndor
Unos 13.000 disidentes políticos desaparecieron durante la dictadura en Argentina (1976-1983), según cifras oficiales. Para organismos de derechos humanos fueron 30.000.
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:21h
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| El ex agente civil de Inteligencia del Ejército, Raúl Guglielminetti, mira hacia la cámara. |
BUENOS AIRES.- Dos ex militares y tres ex agentes de inteligencia son juzgados desde el jueves en Argentina por crímenes de lesa humanidad cometidos en un centro de tortura montado en el marco de la Operación Cóndor, que coordinó la represión ilegal de las dictaduras del Cono sur en la década de 1970.
En la causa están imputados el coronel retirado Rubén Visuara, el general retirado Eduardo Cabanillas, el ex agente civil de Inteligencia del Ejército, Raúl Guglielminetti y los ex agentes del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE), Honorio Martínez Ruiz y Eduardo Ruffo. Se los juzga por delitos de privación ilegal de la libertad, imposición de tormentos y homicidio calificado, en perjuicio de 65 víctimas, cometidos en “Automotores Orletti'' entre el 11 de mayo y el 3 de noviembre de 1976.
“Automotores Orletti'' era un centro de tortura que funcionaba bajo la fachada de un taller mecánico en el barrio de Flores, en la capital argentina. Por allí pasaron uruguayos, chilenos, bolivianos y cubanos. La mayoría no sobrevivió.
Orletti y otros centros de tortura similares tenían como fin capturar a izquierdistas exiliados en Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil cuando estos países estaban bajo el yugo de sangrientas dictaduras.
El fiscal federal Federico Delgado dijo ante el tribunal Federal Número 1 que Orletti era un ``enclave del terror que no lo conducía una horda desbocada, sino algo calculado y planificado que convertía a los prisioneros en condenados a muerte, donde reinaba la cultura de la crueldad, la corrupción degradante de poder sin límites''.
Los prisioneros atados y vendados en los ojos eran arrojados sobre el suelo manchado de aceite entre coches descompuestos y maquinaria en Orletti. Los motores eran encendidos para tapar los gritos de los prisioneros sometidos a la picana eléctrica o levantados sobre poleas y luego sumergidos de cabeza en el agua, método conocido como “el submarino''.
Allí estuvo detenido Marcelo Gelman, hijo del poeta argentino Juan Gelman. Su cuerpo apareció dentro de un tambor con cemento en el río Luján. El joven fue secuestrado junto a su mujer, quien estaba embarazada de siete meses. Ella fue trasladada a Uruguay y permanece desaparecida.
Gelman pudo encontrar a su nieta Macarena en el 2000.
Sandro Soba tenía ocho años cuando fue secuestrado junto a sus padres y trasladado a Orletti. El niño fue testigo de los tormentos a los que fue sometido su padre, Adalberto Soba. Soba y su madre fueron liberados y regresaron a Uruguay. Nunca volvieron a ver al padre.
“Tenía miedo de cerrar los ojos y olvidar los detalles de lo que había visto. Sabía que algún día tendría que contarle a alguien sobre el lugar a donde nos llevaron y vi a mi padre por última vez para hacer justicia'', dijo Soba a AP antes de testificar en el juicio.
Los cinco imputados, que tienen entre 78 y 61 años, solicitaron a través de sus abogados ser eximidos de asistir al juicio. El presidente del tribunal, Jorge Gettas, les advirtió que están obligados a concurrir a la lectura de la acusación, a las indagatorias, a los alegatos finales y al veredicto.