06JUL27 – MADRID.- Hay momentos en la vida en la que la música cobra su magia y parece arrastrarnos hasta la contemplación del más allá, esto es lo que vamos a experimentar más allá de la muerte. Esto se experimenta intensamente cuando escuchamos las músicas con arpa de Claude Debussy o de Maurice Ravel, y muy especialmente dejándonos arrullar por la canción de Ray Conniff titulada “Extraños en el paraíso”, una experiencia a la que invito a los lectores a ponerle música, esto es a escucharla.
Aparte de mis creencias religiosas explicadas taxativamente en los Evangelios, en las palabras los papas, de los obispos y en la tradición, siempre he sentido curiosidad por saber exactamente qué es lo que hay más allá de la muerte.
Jesús y el apóstol San Juan declararon en varias ocasiones que ni ojo vio, ni el oído escuchó jamás, las maravillas que nos tiene preparados nuestro padre celestial para semejante ocasión.
No obstante intuyo que lo que más nos acerca, lo que se parecerá a aquello que nadie ha experimentado en este valle de lágrimas, es precisamente la música. Ni la pintura, ni la escultura, ni la literatura, solo la música se acerca a aquello que anhelamos y esperamos encontrar.
Solo es preciso tener un poco más de paciencia, solo un poco, para llegarlo a certificar.