12JUN26 – MADRID.- En el mundo de la espiritualidad, como en el mundo del deporte, hay que tener la capacidad de saberte rodear de personas con capacidad de ayudarte a resolver los problemas. Yo, como Graham Green, he tenido la cualidad de viajar por la vida cerca de algún sacerdote.
Simón Coleta en su libro biográfico “Mi vida con Graham Green” describe magistralmente el proceso del escritor que, se rodeaba siempre de sacerdotes y de algún obispo, así surgieron sus libros “El poder y la Gloria” o “El americano impasible”. Graham Green mereció reiteradamente el premio nobel, pero Estocolmo no se lo concedió sencillamente porque era ya demasiado famoso y conocido y además había ganado mucho dinero.
Por mi parte, mi literatura siempre aparece impregnada de una cierta espiritualidad, singularmente después de mi conversión que experimenté en la basílica húmeda y fría del Monasterio del Escorial en semana santa, sentado en un banco de madera a mis cuarenta y tantos años, cuando creí visualizar el paraíso cuajado de ángeles y la Santísima Trinidad.
En la primera parte de mi vida (las obras “La Tienda”, “El Reinado de los lobos”, etc) no tiene nada que ver con la segunda.
Pero a lo que vamos, he conocido un joven sacerdote de origen venezolano de enorme simpatía y dominio como era de suponer del castellano, Eduardo Pereira Rodríguez. Es hombre apuesto, simpático y de enorme empatía, le he abierto mi corazón y le he confesado mis deficiencias que siempre tanto me han preocupado.
Él me ha obsequiado con el libro del famoso teólogo francés Yves Congar, que me ha dedicado, y que yo deseaba con vehemencia, pues por el Espíritu Santo siento desde siempre un amor muy especial, no es un amor intelectual, es un amor emocional y sensitivo. Sé que Él me ha salvado de múltiples peligros físicos y morales, ha velado mi sueño y mi vida, y me ha concedido un sinfín inimaginable de beneficios de los que me siento indigno. Sé que me acompaña hasta el último viaje “del cual no has de tornar hasta la resurrección final, y espero y deseo “del fichaje” del joven sacerdote Eduardo Pereira la ayuda que necesito para seguir viviendo en la fe y en el amor de Dios.