Se han ido mujeres ejemplares. Se han ido hombres justos. Cada uno en lo suyo ha dejado imborrables estelas en esta vida, como esas estelas en el mar que los proyectaron hacia las alturas.
Algunos con actividades más públicas que otros, pero todos con un común denominador: cumplir con su deber para poder ayudar. El “dar”, sin tener la obligación de hacerlo, es dar dos veces.
Varios de ellos con una vida ya resuelta, con un futuro establemente asegurado; sin embargo abandonaron su comodidad, para dar más comodidad a otros.
Funcionarios de la Fuerza Aérea, poniendo su trabajo a disposición de quienes lo necesitaban, para favorecer el éxito de un proyecto solidario.
Representantes del mundo de la cultura, llevando sus enseñanzas a una lejana isla, en un país que no sobresale precisamente por ser muy culto.
Emprendedores a cargo de un espontáneo y solidario proyecto personal, que se activó tempranamente para ir en ayuda de los damnificados de la apartada isla. Proyecto inductor de la posterior reacción de otras instituciones entrampadas en como comenzar.
Informantes que quisieron ser testigos del resurgir de una comunidad, para proyectarlo al mundo.
Creo que este accidente no puede dejarnos igual a como actuábamos entes de él. No podemos ser tan ciegos para no darnos cuenta que este es un “mensaje-llamado” a valorarnos más como personas y como país.
Cuando impera la práctica de la descalificación, la violencia y la mentira. Cuando la adulteración de documentos es una variable de gestión. Cuando una muerte queda como una posibilidad estadísticamente esperada. Cuando una declaración realizada en la mañana, se rotula en la tarde como “desafortunadamente precipitada”. En fin, cuando estamos asistiendo a un escenario así; es cuando surge la pregunta: ¿Hasta dónde vamos a llegar?
Por todo lo ocurrido, llego a creer que nuestra sociedad necesitaba de un remezón (concepto que se, los familiares afectados no me comprenderán). Pero me asusta que una vez más de esto nada aprendamos.
Después del terremoto, todos unidos... por unos cuantos meses. Después del accidente minero, todos unidos... por unos cuantos días. Y después de esta nueva tragedia... ¿Qué?... ¿Por cuánto?
Gracias les debemos a estos 21 CHILENOS, caídos por la Patria; que si bien no murieron en un campo de batalla, si lo hicieron en el rigor de una lucha... la lucha por la solidaridad.
Y por ser tres, públicamente más conocidos, en ellos personifico mis sentimientos finales:
FELIPE CUBILLOS, has iniciado la más importante de tus regatas: “La vuelta al mundo infinita”.
ROBERTO BRUCE, realizaste el más importante de tus reportajes: “Morir haciendo noticia”.
FELIPE CAMIROAGA, has comenzado el más importante de tus programas: “La eternidad”.