Pueblos de España

Arévalo, la villa que vio la infancia de la Infanta Isabel

CRONISTA DE INDIAS

Por Jesús Caraballo*

Sábado 24 de octubre de 2026

24OCT26 – MADRID.- La futura Reina Isabel la Católica vio la luz en la cercana villa abulense de Madrigal de las Altas Torres, pero pasó buena parte de su infancia y adolescencia en la capital de La Moraña, Arévalo, a la que estuvo siempre estrechamente ligada. Llegó a la misma con tan solo tres años, tras la muerte de su padre el Rey Juan II de Castilla, instalándose con su madre Isabel de Portugal, y su hermano Alfonso. Allí permanecería hasta que fue llamada a la Corte por su medio hermano Enrique IV.



La población adquirió gran relevancia durante los reinados de los Trastámara, quienes la distinguieron con varias concesiones, mandaron construir las Casas Reales, y determinaron concederla en dote a infantas y reinas viudas. Prueba de la relevancia económica y demográfica que llegó a adquirir es que tuvo el privilegio de poder celebrar varias ferias francas, sus mercados, la existencia de un Estudio de Gramática, sus once parroquias y varios monasterios, como el de San Francisco, al que estaba especialmente unida la Infanta Isabel.

Recibió en la localidad abulense una esmerada educación, no para ser reina, pues no era ese su destino pues otros se la adelantaban en la línea sucesoria, pero sí para ser esposa de rey. En ella destacaron los ayos elegidos por su padre, su abuela Isabel de Barcelos, y los frailes franciscanos, que plantarían en ella la semilla de su gran fe; así como su carácter austero y sencillo, que la llevó a relacionarse con la población con toda naturalidad. Ahí se forjó también su estrecha amistad con Beatriz de Bobadilla, hija del alcaide.

En Arévalo, se despertó su devoción por la patrona del lugar, la Virgen de las Angustias, que la acompañaría toda su vida, hasta elegirla también como patrona de Granada, donde habría de ser enterrada. Precisamente de camino a la bella capital andaluza, la comitiva fúnebre con los restos mortales de la gran reina, hizo escala en la villa abulense, que quiso rendirle un último homenaje a su más fiel vecina.

Otros personajes ilustres que pisaron estas tierras fueron San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús; Fray Juan Gil, trinitario, quien rescató a Miguel de Cervantes de su cautiverio en Argel; el Zagal de Arévalo, quien escribió la Tafcira, uno de los últimos libros de la mística islámica, o Abraham Gómez Silveiro, judío converso y destacado poeta satírico (estos dos últimos, representantes de las comunidades moriscas y sefardíes que convivieron durante largo tiempo en Arévalo con los cristianos).

Nada queda del Palacio Real, que da nombre a la bella plaza homónima, y que originalmente fue construido con clara estructura mudéjar, estilo predominante en la villa, que además, cuenta con un museo dedicado a los numerosos monumentos mudéjares de la provincia.

Entre los monumentos religiosos de Arévalo, destacan la Iglesia de Santo Domingo de Silos, actual parroquia, que se inició en estilo románico – mudéjar, del que se conserva la cabecera, terminándose en su interior en barroco. Conserva reliquias de San Vitorino, patrón de la localidad, y una imagen del siglo XVI de la Virgen de las Angustias.

En la cercana Plaza del Arrabal, se encuentra el Arco del Alcocer, cuya entrada preside una estatua de la Reina Isabel I de Castilla. Se trata de la única puerta de la muralla que se ha conservado hasta hoy. Dicho arco da acceso al casco viejo de la ciudad, empezando por la ya citada Plaza del Real, donde se ubicaba el antiguo Palacio Real, y que actualmente es el Ayuntamiento, antiguo palacio mudéjar; la Casa de los Sexmos (hubo dos en la localidad), y la Casa del Concejo, que alberga la Casa de Cultura y el Centro de Interpretación de la Naturaleza.

Otra iglesia importante es la de San Martín, junto a la Plaza de la Villa, y que destaca por sus dos torres mudéjares, símbolo de la presencia de los musulmanes en la villa. La plaza, con sus soportales y casas con entramados de madera y ladrillo, es un claro ejemplo de la arquitectura popular castellana. En dicha plaza, se encuentran el Museo del Mudéjar, ya citado, y la Casa de los Sexmos, que hoy acoge el Museo de Historia de Arévalo Conviene recordar que, precisamente aquí, se ratificó el Tratado de Tordesillas, por el que España y Portugal, las grandes potencias marítimas de la época, se repartían el mundo que entonces empezaba a ampliar sus horizontes.

Al otro extremo de la Plaza, se alza orgullosa la Iglesia de Santa María la Mayor del Castillo, también de estilo mudéjar. Y muy cerca, bien conservado, podemos admirar el Castillo – mudéjar, cómo no-, hoy propiedad del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y que ofrece al visitante una exposición permanente sobre la Agricultura.

De vuelta a la Plaza del Arrabal, bordeando las antiguas murallas de las que aún se conserva algún resto, podemos apreciar el Puente de Medina, y hacer escala en las iglesias de San Miguel, con su magnífico retablo del siglo XVI, y la de San Juan Bautista o de los Reyes, que conserva una hermosa escultura en mármol, de estilo románico borgoñón, de San Zacarías.

La visita a esta hermosa villa castellana, no puede concluir, para reponer fuerzas, sin dar buena cuenta de su afamado tostón, que en los figones arevalenses adquiere categoría de Arte.

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*Jesús Caraballo (Jesús González Fernández), licenciado en Periodismo por la Universidad San Pablo CEU, fue Jefe de Prensa de Ferias en IFEMA MADRID (incluida algunas tan prestigiosas como FITUR) durante los últimos 37 años, después de estrenarse en la profesión en medios como las agencias de noticias EUROPA PRESS (TV y Noticias) y OTR PRESS, y en la sección de Internacional de la revista Tiempo. A lo largo de su trayectoria profesional, ha colaborado y aún lo sigue haciendo, en numerosos medios turísticos, gastronómicos, de arte, política e internacionales como Radio Sefarad.