Opinión

Tonterías

Opinión:  

Soy consciente de que voy a escribir tonterías, pero voy a hacerlo.

Concha Pelayo (*) | Martes 06 de octubre de 2026

060CT26 – ZAMORA.- Hace unos días asistí a la conferencia de una amiga que iba a hablar sobre un músico desconocido, al menos para mí, Eugenio... no recuerdo su apellido. Ella es profesora de música y sabe mucho de música y de todo lo relacionado con la misma. Sin embargo, durante su disertación, la Historia fue mucho más protagonista que la propia música.



En el estrado, junto a ella, había dos conocidos míos. Curiosamente, dos conocidos, antes amigos, que me han traicionado. Con los que ya no me hablo ni saludo por la calle.

De momento, al verlos, me sentí irritada y me dije: «Si lo sé, no vengo». Pero inmediatamente reaccioné y me dije de nuevo: «En realidad, yo he venido a escuchar a mi amiga, no a verlos a ellos». Y, automáticamente, adopté esa postura que dicen que tenemos los viandantes con los mendigos: no los vemos, son invisibles.

Pues eso hice yo. Me dediqué a mirar y a saludar a mis conocidos y a ellos, a ignorarlos. Incluso cuando disertaba mi amiga, sentada entre los dos, solo la miraba a ella. A ellos no les di la oportunidad de que su mirada se cruzara con la mía.

Durante la larga hora que duró la intervención de mi amiga, aunque estaba muy atenta a lo que decía, también hacía mis propias reflexiones. Y me decía: «Ahí tengo dos enemigos. Total, dos enemigos por metro cuadrado».

 

Y comencé a repasar mentalmente la lista de enemigos que me he labrado en los últimos tiempos. Me quedé escandalizada. Un noventa por ciento de mis amistades y conocidos me han traicionado de alguna manera.

A algunos, porque los he puesto en contacto unos con otros y después me han dejado tirada como a una colilla. Otros me han hecho putadas que sería imposible narrar aquí.

Pensaba, cómo no, en nuestra casa, la que se nos quemó, y en que los bomberos no hicieron nada por enfriar el fuego antes de que se iniciara.

Tres horas de reloj estuve allí, acordonada la casa, los bomberos en el jardín y el pueblo entero de espectador, hasta que cayó el tejado y todo desapareció ante mis propios ojos.

Odié a los bomberos, al alcalde, a la gente del pueblo que había visto humo y olido a humo días atrás sin que nos avisara. Odié a todo el mundo.

Recordé también la reciente muerte de un ser querido y el comportamiento de algunos familiares que no supieron estar a la altura de las circunstancias y que han provocado que se quiebre la relación.

Se va estrechando el círculo de la gente que nos quiere y eso duele.

Recordé a mi pobre padre, que realizó un trabajo fotográfico inmenso para la empresa donde trabajaba y cuyo nombre nunca figuró en sitio alguno. He tenido que luchar durante varios años, enfrentándome a unos y a otros, para reivindicar ese derecho.

Los resultados: nuevas enemistades, nuevos enemigos.

Yo no sé si el mundo está en mi contra o yo estoy en contra del mundo.

Me cuesta mucho aceptar normas y preceptos. Me cuesta mucho aplaudir a quienes confunden al hombre con las ratas.