18SEP26 – MADRID.- Ella me ha mirado pero sé que soy demasiado mayor para ella o quizá que ella es demasiado hermosa. Para no perderla del todo se me ocurre presentarla a otro hombre conocido bastante más joven que yo, y tan hermoso como ella. Le propongo hacer un viaje los tres, ella, ese hombre, y yo; y otro cuarto hombre que apenas conozco, algo más mayor que el primero, pero más adusto y menos arreglado.
Ella sonríe y me propone hacer ese viaje, yo la digo a ella que elija, y ella propone viajar a lugares hermosos pero quizá lejanos y desconocidos para mí. Lo haremos en un coche los cuatro; los tres, ella y yo.
El paisaje o decorado es de estilo renacentista y de grandes piedras doradas, quizá las del Monasterio del Escorial a la caída de la tarde. El suelo es árido, pero allá al fondo se divisa abundante yerba verde.
Todo se está preparando, yo noto una suave emoción, sé que he llegado a mi límite, a un límite para poder disfrutar aún de una forma contemplativa de la vida.
La chica es la música, es pera ser escuchada pero no para ser tocada, porque la música alcanza el corazón humano como una flecha envenenada. Sé que la vida no da más de sí, solo me queda contemplarla tanto como aún pueda.
Porque la música no solo es como ella, quizá la música sea ella. Y ella es como un sueño para mí. Porque la música es eso; la música es intangible, inaprensible, etérea, hermosa y divina, es así como la chica.
Porque la música es así.
Porque la música es como un sueño.